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‘Sin señas particulares’: horror y corazones rotos en las fronteras de México

En su primer trabajo como directora Fernanda Valadez presenta una historia de verdadera maldad en una historia sobre el terror que viven los migrantes que van hacia EU.

La búsqueda de una madre… Mercedes Hernández en Identificar características

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Existe un dolor insoportable en esta película de migrantes con el que debuta como directora de largometrajes la mexicana Fernanda Valadez. Se trata también de una visión de maldad verdadera. Por momentos parece una historia de terror socialrealista popular.

Mercedes Hernández interpreta a Magdalena, una mujer de mediana edad de Guanajuato cuyo hijo adolescente Jesús dejó la casa tres años antes con un amigo para abordar un camión con destino a la frontera, en donde se iba a arriesgar a cruzar como ilegal hacia EU. Encontraron el cuerpo del amigo de Jesús en territorio mexicano, en un lugar espantoso e indescriptible en donde por rutina guardan los cuerpos de los adolescentes que huyen y los colocan en cajas contenedoras mientras alguien los identifica. No existen pruebas de que Jesús esté muerto.

Magdalena inicia una travesía para buscar a su hijo en las tierras fronterizas en donde las bandas se suben a los camiones para atacar a los pasajeros vulnerables a los que pueden robar, violar, o secuestrar para traficar con ellos.

En su camino, Magdalena se topa con un adolescente llamado Miguel, David Illescas, quien realiza el viaje en dirección opuesta. Lo acaban de deportar de EU y está tratando de encontrar a su madre. Obviamente ambos viajan juntos, y durante un rato la película parece invitarnos a augurar un final agridulce y figurativo. Un final en el que Magdalena “encuentra” en Miguel a alguien muy parecido a su hijo. Él, por su parte, también la ve de la misma forma y se confortan el uno al otro.

Lee también: Este documental exhibe la vida en el campo, la migración y la educación desde los ojos de un niño

Sin señas particulares trata de eso, pero el final es más oscuro, más dramático y sensacional, con un toque de terror espiritual: un poco inconscientemente y un poco sin tapujos, Valadez invoca la imagen de Satanás. Esta película es un grito de furia o un grito de auxilio por la gente de México que se encuentra abandonada por la ley, y vive en medio de corrupción y las fuerzas de mercado creadas por su vecino del norte.

The Guardian
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