72 kilos: Tengo la esperanza de que podemos mejorar como personas
Óscar Alonso es el ilustrador de 72 Kilos, espacio con 13 años que hoy da mensajes de esperanza a la gente. Foto: Instagram / 72 kilos

Los amigos de Óscar Alonso lo desafiaron hace más de 13 años a pasar de 92 a 72 kilos. Todo comenzó con el reto, pero con eso ganó todo lo que vive en este momento, incluyendo el tiempo para estar con sus dos hijos.

El nombre del ilustrador son los menos quienes lo conocen, pero al decir 72 kilos lo ubican 1.9 millones de personas quienes a diario encuentran en sus trazos, dibujos y mundos las palabras de aliento que necesitan, el mensaje para la persona amada o para quien está inmerso en un duelo o un gran problema.

Todo inició como un pasatiempo al que le dedicaba una o dos horas al día y todo lo que ocurría eran problemas minúsculos, pero con el nacimiento de su primer hijo y con la pandemia de Covid-19, comprendió primero la importancia del tiempo, pero también que tenía otras posibilidades, más con un proyecto como el que tenía.

Su amor por los deportes lo llevó a que las primeras ilustraciones fueran sobre correr y andar en bicicleta. Incluso él contó en entrevista para La-Lista que los Juegos Olímpicos siempre le emocionan porque son dos semanas de emoción y en las que las personas están superándose no por ganar, sino para ser mejores.

“Me encantaría ser olímpico alguna vez porque es la sublimación del deporte y del ser humano por ser algo mejor“, ahondó Óscar Alonso, quien en un momento determinado decidió cambiar ese tipo de dibujos por unos que hablaran más de sentimientos y lo que pasan las personas.

Su ilusión porque su trabajo lo pudiera ver mucha gente se hizo realidad y lo que aprendió en la publicidad hoy sirve para vivir el trabajo de sus sueños, alimentado no solo por sus experiencias, sino por lo que vive con sus hijos y las historias y visiones de sus seguidores.

Óscar Alonso, ilustrador de 72 kilos
Óscar Alonso, ilustrador de 72 kilos. Foto: Cortesía Penguin Random House

La-Lista (L-L): Una frase de José Martí dice que hay tres cosas que todo ser humano debe hacer en su vida: Plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. ¿En tu caso cómo ves la vida después de tener dos hijos y varios libros?

¡Y haber plantado unos árboles! Me siento muy realizado sobre todo por los niños, nos cambiaron la vida y creo que no acaba aquí la cosa. Hay que seguir educándoles bien, hay que seguir haciendo buen trabajo para seguir haciendo más libros y cuidarse en todo momento para poder vivir más tiempo. Me gusta esa frase y me siento muy realizado por ello.

L-L: ¿Cuántos años lleva exactamente 72 kilos?

OA: El proyecto comenzó en 2008 como una apuesta con unos amigos. Ellos decían que no era capaz de bajar de 92 a 72 kilos y yo les dije que sí era capaz y empecé a dibujar una viñeta diaria y a subirla a un blog que abrí y que se llamó 72 kilos, que era el objetivo final.

Ahí comencé el 1 de enero de 2008, por lo tanto llevaría más de 13 años y medio. Al principio era una temática personal y luego le metí más cosas de correr o andar en bici; posteriormente fui interviniendo o hablando más de lo que me estaba pasando en mi vida con mi novia, vivir lejos de ella, de mi familia, de las personas que vas conociendo; una temática más humana y menos chistosa o divertida, más introspectiva.

L-L: ¿Hubo algo que motivara el cambio de estilo entre las de los runners a estas con las que cualquier persona se puede identificar?

Quizá lo que más me motivaba era ir viendo lo que aparecía en mis cuadernos, que era un poco una especie de diario sin que yo lo quisiera; páginas que contaban lo que me estaba pasando. Lo rescataba y decía esto suena bien o creo que puede ayudar a la gente o estoy contando a lo que me pasa a mí sin dar muchos detalles.

A veces contar tu vida personal no tiene tanto misterio y quizá se queda como algo aburrido, pero si lo pongo en un formato impersonal donde no salga mi cara, mis gafas o si soy alto o bajo y que sea un persona que pudiera ser cualquiera de nosotros, eso lo hacía más universal, más entendible o compartible por la gente. Quizá esa es la motivación, encontrar algo que se pudiera replicar y que sintiera cualquier otra persona del mundo.

L-L: ¿Qué ha sido lo más difícil de mantener durante tantos años a 72 kilos?

OA: Lo he hecho siempre desde el punto de hobby hasta hace unos meses. Ahora que es mi trabajo y le dedico el 100 por ciento de mi tiempo a esto, los problemas vienen un poco más: si esto va a ser sostenible o si dentro de dos años o dos meses se apagan las redes sociales y ya deja de interesar a la gente o cualquier otro inconveniente que no tenga que ver conmigo. Son problemas potenciales, pero no he encontrado nada más allá de enfrentarme a una hoja en blanco.

L-L: Desde hace siete ocho meses te dedicas a esto.

OA: Sí, lo llevaba pensando desde el principio, siempre quise dedicarme a la creación fuera en la rama profesional que fuera. Cuando veía que estas viñetas iban creciendo y llegando a tanta gente, siempre me propuse a que quizá algún día pudiera dedicarme solo a esto.

Es complicado porque no depende de ti, las viñetas deben ser buenas, que la gente las comparta y que haya marcas o empresas que quieran usar tus ilustraciones para contar algo al mundo. Se han dado ciertos pasos o fenómenos que me han permitido trabajar de forma única. Estoy viviendo los meses más maravillosos por estarme dedicando a mi trabajo soñado.

L-L: ¿Qué te llevo a tomar esta decisión en medio de la pandemia de Covid-19?

OA: Fueron varios factores. Hace dos años nació nuestro segundo hijo y en España tenemos la suerte que el permiso por paternidad se amplió de dos semanas a dos meses, y ahora creo son tres.

En ese tiempo de la primavera del 2019 me encontré con que no tenía que ir a trabajar a la agencia de publicidad y sólo tenía que estar cuidando de mi mujer, de mi hijo mayor que iba al colegio y de mi hijo recién nacido. El resto del tiempo lo podía dedicar a dibujar.

Durante esos dos meses vi que podía dedicarle tiempo a ese proyecto muy bonito. Luego llegó la pandemia en 2020 y por un lado me quité la media hora que tenía para ir a trabajar y la otra media de regreso, gané una hora mientras trabajé en casa.

La pandemia me dio contenido muy bueno que nos estaba dando porque estábamos en casa pensando qué iba a pasar y qué no, pero sobre todo el tiempo y la seguridad. Durante ese año me di cuenta que tenía que potenciar más mis viñetas o este proyecto personal e ir dejando de lado el trabajar para otras personas, que eran clientes muy buenos, pero que no eran tan ilusionantes como mi proyecto. Eso me llevó a cargarme de valentía para dar ese salto. Mi mujer era la primera que veía cómo me ilusionaba todo este proyecto y me ayudó a saltar. Estamos contentos de cómo está yendo y seguir moviendo las alas para volar todo lo que podamos.

L-L: ¿Para ti lo más importante es la relación con tus hijos?

OA: Desde que fui padre hace casi cinco años, de repente como que se abrió otra puerta, otra dimensión y ves la vida desde otro lado. Por la otra cara de la moneda miro hacia mi padre y lo veo hacerse mayor. Eres como una bisagra o una puerta y estás viendo lo que viene y lo que ya ha venido.

Es una relación muy buena y se crean muchos vínculos. Ahora como padre yo tengo la capacidad de enseñar cosas que igual luego mis hijos no las aprenden o lo harán de forma diferente, pero tengo la capacidad de crear una familia y unos recuerdos que son muy interesantes.

L-L: Retomando el tema de la pandemia, ¿te afectó anímicamente y a tu trabajo?

Anímicamente por la incapacidad que teníamos de estar con la gente, a pesar de estar en nuestra misma ciudad; encima todos los amigos y familiares de nuestros amigos que estaban repartidos por el mundo y no podíamos verles más que a través de una pantalla, que gracias a Dios por lo menos se pudo en una pantalla. Todo eso me dio mucho contenido para las ilustraciones, que por un lado tomaron esa humanidad que la gente valoró mucho porque estaban sintiendo esas mismas cosas de una u otra manera.

La relación con mi antiguo trabajo también se vio alterada porque yo empezaba a descubrir que este proyecto personal estaba ganando frente a lo otro que era más de lo mismo. Fue una especie de iluminación que llegó gracias a la pandemia.

L-L: Empezaste a darte cuenta de Las cosas que importan, como es el nombre de uno de tus libros.

OA: Ahí fue cuando hablando con mi editor empezamos a hablar de cosas que yo tenía escritas, porque además de dibujar a mí me gusta escribir relatos cortitos. Le compartí algunos y le dije “Mira, yo tengo cosas escritas durante los meses de la pandemia y me gustaría hacer dibujos sobre ello”; me dijo “Sí, hagamos un libro de esto”.

Estuvimos pensando títulos y Las cosas que importan eran lo que importaba en ese momento, que más allá de las cosas físicas, de los coches, las casas, lo que importaba era estar cerca de la gente, que de repente nos estábamos perdiendo por una cosa invisible como lo es un virus. Creo que tenía todo el sentido compartir ese material que llegó hasta la quinta edición.

L-L: En un inicio 72 kilos te hizo perder 20 kilos, ¿pero qué te hizo ganar en estos más de 13 años?

OA: Uff… todo. Me ha hecho ganar primero confianza en mí mismo, en un método de trabajo que no dependía de otra gente. Creerme capaz de hacer cosas que en un principio no tenía tan claro que podían pasar, y eso es algo importantísimo; un método de trabajo que luego apliqué a cosas como aprender un idioma o nuevos deportes. Eso es lo más importante, lo que yo concibo para mí como persona. Poder viajar, conocer lugares y luego el conocer a gente; ellos me cuentan en cada viñeta que publico sus visiones y sus historias, eso hace más grande el proyecto porque muchas están basadas en comentarios y cosas que me mandan y que vienen a su vez de experiencias mías. Eso es súper enriquecedor, lo llevo en mi mochila de ganancias de 72 kilos, y luego una visión del mundo que es heredada un poco del análisis del día a día, más allá de las noticias que sean buenas o malas, de tener la capacidad de extraer algo bueno y tener la esperanza que podemos mejorar como especie, planeta, familia y persona. Eso es lo que aprendí con el proyecto.