Cientos de cadáveres de adultos mayores están abandonados en fosas comunes

Didier Omán Zúñiga ha sido testigo de una violencia tan sutil como cruel contra las personas adultas mayores: el olvido. Fue en una residencia del gobierno de Campeche, en sus primeros años como gerontólogo, donde observó cómo las familias son capaces de hacer a un lado a quienes ya superan los 60 años de edad.

Hay un patrón parecido en estos casos, explica Didier: las familias llevan a estas personas a una residencia, llenan un formulario, algunos dan un primer pago y después desaparecen. Si hay una emergencia, los trabajadores del lugar marcan al número telefónico que el responsable dejó, pero hay ocasiones en que nadie contesta o incluso el número no existe.

“Trabajé dos años en la Dirección de Atención Integral del Adulto Mayor de Campeche y me tocaron 20 personas fallecidas, de esos casos en unos ocho o diez no localizamos a los familiares. Llamamos por teléfono y fuimos a los domicilios, pero por más esfuerzos que hacíamos nos topábamos con una pared inquebrantable en la que el familiar desaparecía”, indica Didier de 31 años.

Tras no localizar a los familiares del adulto mayor fallecido, el cuerpo debía ser reportado al Ministerio Público (MP) y su destino final era una fosa común, señala Didier, quien ahora es el coordinador académico del Instituto Universitario Gerontológico de Yucatán (Inugey).

El fenómeno no es exclusivo de Campeche. El experto dice que “en Mérida hay muchas estancias no tan reguladas donde pasa este mismo proceso: hijos e hijas envían un cheque y desaparecen de la vida de sus padres o madres. Es bastante alarmante cómo nos vamos desajenando de la vida de un ser humano y lo relegamos a un recuerdo”.

Restos de adultos mayores en fosas comunes

Este miércoles 15 de junio se conmemora el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Especialistas en derechos humanos y gerontología consideran que el olvido de las personas adultas mayores puede ser considerado un tipo de violencia y maltrato.

En este olvido se encuentran cientos de cadáveres enviados a las fosas comunes de los servicios médicos forenses (Semefos) de distintos estados. Aunque estos cuerpos han sido identificados, las autoridades los conservan porque nadie los ha reclamado.

Documentos obtenidos por La-Lista, a través de solicitudes de información, muestran que hay 572 cadáveres de personas de la tercera edad enviados a fosas comunes de Chihuahua, Nuevo León, Yucatán, Puebla, Michoacán y Baja California Sur. El resto de entidades federativas no entregó información sobre cadáveres identificados que no han sido reclamados.

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Algunos de estos cuerpos llevan más de una década en las fosas comunes porque nadie los reclamó. Según los documentos, las causas de muerte de los adultos mayores son variadas: algunos fallecen por causa natural, cirrosis, infartos, ahogamiento por alimentos, fallas orgánicas múltiples, fallas en el cerebro, Covid-19, entre otras.

Con el objetivo de conocer por qué hay tantos cadáveres de personas de la tercera edad identificados y no reclamados se solicitó entrevista con las fiscalías de Yucatán y Nuevo León, dos de las entidades que tienen un mayor porcentaje de estos cuerpos, pero al cierre de esta edición no se atendió la solicitud.

Los especialistas entrevistados consideraron que estos cadáveres en fosas comunes, de personas que van de los 60 hasta los 111 años en un caso particular de Yucatán, podría estar ligada al abandono de los adultos en sus últimos años de vida.

Roberto Carlos Jiménez, enfermero general que ha trabajado en estancias públicas y privadas para adultos mayores en Nuevo León, relata que en su paso por un espacio administrado por el DIF estatal fue testigo de cómo una persona de la tercera edad falleció sin que ningún familiar lo reclamara.

“El paciente murió como a las diez de la mañana y como hasta las cinco de la tarde llegó el MP, levantó el reporte de cómo falleció y se lo llevó”, recuerda Roberto. “A esta persona la llevaron un lunes, llegó en una condición muy precaria porque tenía diabetes y el jueves falleció. Tratamos de localizar por Facebook, WhatsApp y llamada y no dimos con la familia con los datos que teníamos”.

Actualmente Roberto trabaja en la estancia privada Mis Abuelos, en la ciudad de Monterrey. Ahí ha detectado que el trato a las personas mayores es mejor por parte de los familiares, quienes mantienen el contacto con sus seres queridos y los ven con frecuencia.

El problema del olvido, según la experiencia del enfermero general, está principalmente en los espacios administrados por el gobierno: “Sí se ve demasiada diferencia en las estancias geriátricas públicas. Ahí van, dejan a los adultos mayores un rato y tal cual es el abandono, los familiares dicen ‘ahorita vuelvo’ y ya no vienen. Era muy común que pasara eso, de diez personas que llevaban ya no regresaban por cinco o siete”.

Tercera edad sufre de olvido y discriminación

En los seis estados de los que se obtuvo información, los cadáveres de los adultos mayores son los más frecuentes en fosas comunes. Si se toma como referencia las etapas del ciclo de la vida del Consejo Nacional de la Población (Conapo), que divide en seis fases el desarrollo de una persona, se observa que los cuerpos de las personas de la tercera edad son los menos reclamados respecto a gente más joven.

En Michoacán, por ejemplo, el 54% de los cadáveres identificados que han sido enviados a fosas comunes porque no fueron reclamados son de adultos mayores (36 de 66 cuerpos). En Nuevo León, 49% (235 de 473); en Yucatán, 47% (113 de 240); en Chihuahua, 32% (132 de 405); en Baja California Sur, 32% (14 de 43); y en Puebla, 25% (42 de 165).

En estos seis estados también coincide que los adultos maduros, que tienen entre 45 y 59 años según la división de Conapo, son el segundo rango de edad que tiene más cadáveres abandonados en fosas comunes, también identificados y sin reclamar.

Los especialistas opinaron que detrás del olvido de las personas adultas mayores hay un problema de discriminación. Graciela Casas, coordinadora del Centro de Investigación y Estudios de Trabajo Social en Gerontología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que la sociedad actual valora de manera excesiva la juventud y hace menos a la vejez, etapa de la vida en la que se da por hecho que la gente ya no es útil.

“Si nuestras personas mayores no están en nuestro radar como una parte de nuestra sociedad y no se diga como un familiar, estamos cayendo en una forma sutil de maltrato, de abandono y de negligencia”, indica Casas.

Rango de edad Etapas del ciclo de la vida según el ConapoCantidad de cadáveres
0 a 5 años Primera infancia 99
6 a 14 años Formación escolar básica 0
15 a 24 años Juventud 28
25 a 44 años Adultos jóvenes 254
45 a 59 años Adultos maduros 334
60 y más años Adultos mayores 572
Desconocido Desconocido 105
Fuente: solicitudes de información a Semefos estatales. Nota: Esta tabla contiene información de los servicios médicos forenses de Chihuahua, Nuevo León, Yucatán, Puebla, Michoacán y Baja California Sur.

La discriminación a la vejez se puede dar hasta de manera inconsciente. La investigadora de la UNAM menciona algunas acciones que la población tiene normalizadas, por ejemplo, cuando alguien agradece porque le dicen que se ve más joven o simplemente al utilizar productos para aparentar menor edad.

“Esto es nada más un ejemplo de que la juventud o ser más joven es más valioso que ser viejo, entonces, en automático estamos cayendo en una discriminación social”, comenta la especialista. “Hay una contradicción muy fuerte en la sociedad, la aspiración universal de la humanidad es envejecer, si no envejeces es porque mueres antes, pero no aceptamos y rechazamos la vejez”.

El olvido de las personas adultas mayores persiste en México a pesar de que este sector de la población va en aumento. Según el Censo 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, actualmente hay 15 millones 142 mil 976 personas mayores de 60 años en México, aunque el Consejo Nacional de Población (Conapo) estima que para 2030 ya sean más de 20 millones

Sobre los cientos de cadáveres de adultos mayores que están en fosas comunes, Casas indicó que “cada vez serán más personas” de la tercera edad las que vivan solas y se corre el riesgo de que mueran en la misma condición.

Hasta septiembre del 2019, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que 1.7 millones de personas mayores de 60 años vivían solas; de estas 60% son mujeres y 40% son hombres.

“El último dato que tengo para la Ciudad de México es que durante la pandemia se encontraron 6 mil personas mayores que vivían solas y para la capital es un dato alarmante porque empezamos con este problema de la soledad”, señala la experta de la UNAM. “Vivir solo no es lo mismo que la soledad. La soledad es no tener redes de apoyo, no tener con quién socializar y esto se presenta cada vez más”.

Problema mundial y cultural

El problema del olvido de las personas de la tercera edad no es propio de México. En 2018 el periódico El País publicó un reportaje sobre cómo decenas de ancianos son abandonados por sus familiares en la sala de urgencias del Hospital General de La Palma. 

También The New York Times documentó en 2017 que en la ciudad de Tokiwadaira, Japón, las personas mayores de 60 años mueren en solitario y la gente solo se da cuenta hasta que percibe el aroma del cuerpo en descomposición.

“Este es un problema recurrente en muchos lugares. Aprovechándose de que las personas por su edad en ocasiones no tienen la mismas capacidades físicas e intelectuales incluso cometen en ocasiones hasta delitos en su perjuicio”, dice en entrevista Miguel Sabido, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Yucatán.

El ombudsman considera que será clave para las autoridades investigar los motivos por los que cientos de cadáveres de personas adultas mayores están en fosas comunes sin ser reclamados por sus familias. “Sí es preocupante que personas mayores que fallecen estén en esas condiciones, que no sean reclamados por sus familias”, menciona

Rosa Kornfeld-Matte, experta en derechos humanos de las personas de la tercera edad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), también puso la lupa sobre este tema durante la pandemia de Covid-19. En 2020 alertó que en la emergencia sanitaria este sector de la población se estaba enfrentando al olvido de su círculo cercano.

“Son alarmantes los reportes de personas mayores abandonadas en asilos o de cadáveres sin reclamo en las mismas instituciones. Se trata de algo inaceptable”, dijo Kornfeld-Matte.

Mientras que Óscar de los Reyes Heredia, director asociado del Departamento de Derecho del Tecnológico de Monterrey, relacionó el abandono de las y los mayores de 60 años a un cambio cultural en México.

“Ha cambiado el patrón de atención de los adultos mayores al interior de las familias mexicanas. Este es un problema porque la suerte de abandono en la que suelen encontrase estas personas exige una respuesta por parte del Estado para subsanar ese abandono y suministrar las condiciones necesarias para su desarrollo”, señala Reyes Heredia.

El especialista del Tecnológico de Monterrey destaca que como marco legal para proteger los derechos humanos de este sector se ha creado el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores y en la Ciudades y hay una legislación parecida en la Ciudad de México, sin embargo, desde su punto de vista esto no ha sido suficiente para garantizar la protección de esta población.