‘Necesario’ borrar a Díaz Ordaz de las calles de la CDMX, pero no de la historia 
Foto Arte: Majito Vázquez/La-Lista

Ana Ignacia, mejor conocida como “Nacha” Rodríguez, no puede ni mencionar al expresidente que ordenó la represión estudiantil del 2 de octubre de 1968. Para ella, como sobreviviente de la matanza, Gustavo Díaz Ordaz significa dolor y rabia, y el programa capitalino que pretende desaparecer su rastro de las calles y avenidas le sabe a victoria.

“Yo no puedo decir su nombre fácilmente porque me lacera (…) Yo asocio a los dos (Díaz Ordaz y Luis Echeverría), con los asesinos más grandes que pudo haber tenido mi país. Nosotros fuimos víctimas. El 2 de octubre yo estaba presente, fuimos testigos de todo lo que pasó”, dice en entrevista la mujer, que está próxima a cumplir 80 años de vida. 

En 1968, “Nacha” Rodríguez era estudiante de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El 2 de octubre de ese año, en medio de la represión estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, fue encarcelada injustamente y fichada como “alborotadora”. 

Tras dos años en prisión, se volvió activista y miembro del Comité 68, impulsando –además de la exigencia de justicia por todas las víctimas del 2 de octubre– que los nombres de Díaz Ordaz y de Luis Echeverría (secretario de Gobernación cuando ocurrió la matanza de Tlatelolco) fueran borrados de todos los espacios públicos del país. 

“Simplemente nos pudieron haber detenido o enjuiciado, pero ¿por qué matar? Toda la vida nos lo hemos preguntado, porque no nada más murieron estudiantes, había ancianos y niños, también hubo muertos en El Halconazo. Ninguno de los dos pagó”, acusa Ignacia.

De acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México, en la actualidad hay al menos 28 calles que se llaman Díaz Ordaz y Antonio López de Santa Anna, otro expresidente señalado como un “traidor” a México por el resultado de la guerra con Estados Unidos (1846-1848). 

En un acto de “reivindicación de memoria colectiva”, el jefe de Gobierno, Martí Batres, anunció en marzo pasado la iniciativa “Ciudad de Heroínas”, con la que se planea borrar los nombres de Díaz Ordaz y de Santa Anna para que, en su lugar sean colocadas mujeres destacadas fueron sido invisibilizadas por quienes escribieron la historia del país. 

“Estaremos honrando la memoria de las heroínas y renombrando calles y avenidas que hoy llevan los nombres de hombres que no representan principios de libertad y derechos de nuestra Ciudad”, explica la descripción de la iniciativa, que en junio pasado fue sometida a consulta pública con el objetivo de que la población escogiera a las mujeres que sustituirán los nombres de Díaz Ordaz y de Santa Anna.

Entre las más votadas están la cantante Rita Guerrero, la activista feminista Benita Galeana, la sufragista Elvia Carrillo Puerto, la pintora Remedios Varo y, por supuesto, Adela Salazar, otra sobreviviente y líder del movimiento estudiantil de 1968. 

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“Nacha” Rodríguez lamenta que el renombramiento de algunos espacios públicos ligados a la represión estudiantil y la Guerra Sucia ocurra muchos años después del fallecimiento de los luchadores sociales; no obstante, celebra que haya disposición a hacerlo.

En entrevista, recuerda a Roberta “Tita” Avendaño, su amiga, compañera y líder del movimiento del 68, por la que fue nombrada una estación del Trolebús Avenida Aztecas y una placa en la Facultad de Derecho de la UNAM, aunque a 24 años de su muerte. Y anticipa que sería increíble presenciar la nueva nomenclatura de la Ciudad.  

“Si este gobierno va a propiciar un cambio en esos nombres (Díaz Ordaz) sería fenomenal para mí verlo en vida, porque ya mis compañeras no están (…) Que renombren esas calles es una maravilla”, expresa Ignacia. 

Sin embargo, a diferencia de “Nacha”, las y los vecinos de las calles Díaz Ordaz y Santa Anna no perciben este plan como una victoria o la resolución de una deuda, en primer lugar porque desconocen la iniciativa de gobierno y en segundo lugar porque temen que todo resulte en un viacrucis burocrático. 

¿Indiferencia?

Para Francisco Sánchez, vecino desde hace 25 años de la calle Gustavo Díaz Ordaz, en la alcaldía Venustiano Carranza, el renombramiento no tiene sentido, y no impedirá que la gente siga usando el nombre original del sitio. Al ser entrevistado por La-Lista aseguró que las acciones de los ex presidentes ya quedaron atrás y los ajustes actuales no lograrán modificar el rumbo de la historia.

“Es la historia, es el nombre de un presidente, no le veo el caso. Si hizo algo mal o algo bien, ya está y no afecta”, comenta. 

En tanto que Ana Cecilia, que ha vivido sus 44 años de edad en la calle General Santa Anna, en Martín Carrera, (alcaldía Gustavo A. Madero) cree que este programa podría traer problemas en sus documentos oficiales o recibos y no se siente entusiasmada. “Para mí está mal, porque desde la infancia sabemos cómo se llaman las calles, y de momento cambiarle todo como que no vale”, lamenta.

Lázaro Jiménez, quien tiene su taller mecánico en la calle Gustavo Díaz Ordaz, en las inmediaciones del Metro Pantitlán, aplaude que se voltee a ver a las mujeres para la nueva nomenclatura, pero considera que renombrar las calles no servirá para resignificar a las víctimas, porque ya pasó más de medio siglo desde la matanza.

“De ninguna manera (sirve). Cuántos años han pasado ya y no se hace nada, no cambia nada de todas maneras. Si van a poner a mujeres o a hombres es lo mismo, pero qué bueno que se fijen en las mujeres”, señala.

Finalmente, a Esther Guzmán, quien ha vivido durante 53 años en la Privada Gustavo Díaz Ordaz, colonia Santa Bárbara, (alcaldía Azcapotzalco) le preocupa que los nuevos nombres impliquen mucho papeleo, pero valora que con la iniciativa sería bueno incluir a personas valiosas de la sociedad.

“Tendríamos que hacer trámites para los servicios con la nueva dirección, con el nuevo nombre de la calle, ese sería el problema. Pero me imagino que si la cambian pues que sea por una persona que haya hecho cosas buenas para la comunidad”, exclama.

Ignacia Rodríguez considera que los vecinos podrían desconocer “las atrocidades” cometidas en el pasado por los ex presidentes y entendería que su postura fuera de indiferencia, pero apunta que si a ella le hubiera tocado vivir en una calle o avenida como lasque están a punto de transformarse habría manifestado su molestia. 

“Es tremendo. Yo me imagino que la gente que vive en esas colonias no hace nada porque les pongan un nombre que no sea de un homicida, un asesino, un genocida –porque a mí me duele y me molestaría mucho vivir en una colonia así– pero yo creo que la gente no sabe qué hicieron ni de qué son responsables”, dice.

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Calle Díaz Ordaz en la alcaldía Venustiano Carranza. Foto: Melissa Galván/La-Lista

“No se puede negar la historia”

La mayoría de las calles y avenidas con los nombres de Díaz Ordaz y de Santa Anna, en la Ciudad de México, se ubican en colonias y barrios de menores ingresos, desde Agrícola Pantitlán, en Iztacalco, hasta Santa Bárbara, en Azcapotzalco. Es decir, en el centro de la ciudad o en las zonas de mayores ingresos no figuran estas nomenclaturas, y hay una razón. 

Ariel Rodríguez Kuri, historiador e investigador de El Colegio de México (Colmex), explica que estos asentamientos se remontan a los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en cuyo régimen una forma de reconocer los “favores” del gobierno para con la población era nombrar a los presidentes y expresidentes en sus calles, sin importar lo que hicieron durante sus administraciones.  

​”No es tan arbitrario que a veces una colonia o una calle se llame como se llama, aunque el nombre no nos guste, porque tiene sus razones, y tenía que ver con cómo funcionaba el sistema político. En la tradición del modelo político del PRI –que ya no existe, pero que era muy poderoso– hay una relación muy estrecha con los ‘paracaidistas’, es decir, los colonos de zonas más o menos irregulares, y es muy probable que un barrio o una calle, incluso una colonia, decida llamarse Díaz Ordaz o Miguel Alemán o Ávila Camacho por los favores recibidos por esa administración”, expone.

Un ejemplo de esto es la calle Díaz Ordaz en la colonia Santa Bárbara. Esther Guzmán refiere que su suegra fue la cuarta persona en llegar a vivir ahí cuando solo eran terrenos, por lo que ella y otros vecinos tuvieron que pedirle al gobierno regularizar los lotes y dotarlos de servicios, lo que se logró precisamente en el sexenio de Díaz Ordaz (1964-1970).

Rodríguez Kuri observa que la iniciativa del gobierno capitalino tiene “buenas intenciones”, pero recomienda implementarla con cautela para no ocasionar problemas en detrimento de los vecinos de estas calles.

Además, puntualiza que el gobierno debe tener mucho cuidado en no convertir este renombramiento –que considera necesario para las víctimas– en una censura de la propia historia. 

“Por querer ser muy bueno en el presente hay peligro de que acabemos haciendo un vacío en nuestra capacidad de recordar (…) Me parece importante que si se cambian los nombres de las calles Díaz Ordaz, se señale muy claramente en una esquina, con una estela de piedra: ‘esta calle se llamó de tal forma y con el criterio de incorporar a las mujeres a la memoria pública ahora se llama de esta forma’. Hay que decir las razones de por qué hacemos lo que hacemos. No ocultar el cambio, sino dejar una huella en piedra, porque no se puede negar la historia”, expone Rodríguez Kuri.

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La Privada Díaz Ordaz, en la colonia Santa Bárbara de Azcapotzalco, se regularizó entre la década de 1960 y la de 1970. Foto: Melissa Galván/La-Lista

Se prevé que el plan para renombrar las calles –que estará a cargo de las secretarías de Cultura, de Desarrollo Urbano y Vivienda, de las Mujeres, y de Educación– inicie en las próximas semanas y se aplique en una primera etapa a 10 calles y avenidas. Para ello, el gobierno se comprometió a platicar con los vecinos y apoyarlos en la transición de sus documentos. 

La Secretaría de Desarrollo Urbano informó a La-Lista que la Comisión de Nomenclatura es la que avanzará con el proceso de información a los vecinos y que “en las próximas semanas, seguramente en conferencia de prensa, se darán a conocer los detalles de cuándo iniciarán formalmente los cambios”. 

En tanto, Ignacia Rodríguez manda un mensaje a los gobiernos federal y local: “reconozcan en vida a otras luchadoras y luchadores sociales, porque cuando ya la gente murió no se me hace justo. Por ahora, es necesario que las que vivimos podamos ver estos cambios. Vivan las mujeres luchadoras del 68 y de todos los movimientos de México”.

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