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Derechos Humanos

Militares australianos participaron en el asesinato de 39 afganos: reporte

Foto: EFE

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Christopher Knaus/The Guardian

Según un informe relevante, miembros de las fuerzas especiales australianas estuvieron presuntamente involucrados en el asesinato de 39 civiles afganos, en algunos casos ejecutaron a prisioneros para “endurecer” a los más jóvenes, e inventaron historias y plantaron armas en los cadáveres para cubrirse.

Durante más de cuatro años, el juez Paul Brereton, mayor general y miembro de la Orden de Australia, ha investigado las denuncias de que un pequeño grupo del Servicio Aéreo Especial, y regimientos de comandos, asesinaron y brutalizaron a civiles afganos. En algunos casos presuntamente los degollaron, también celebraban sus acciones, llevaban cuentas, y fotografiaban los cadáveres con teléfonos y armas plantadas para justificar sus acciones.

Los descubrimientos del reporte de Brereton, que fue publicado el martes, son confrontantes y perturbadores.

Brereton describe las acciones de las fuerzas especiales como “una desgracia y una traición profunda” por parte de la Fuerza de Defensa Australiana.

El reporte encontró que: 

  • Las fuerzas especiales fueron responsables de docenas de asesinatos ilegales, la mayoría involucra prisioneros, y fueron ocultados deliberadamente.
  • Treinta y nueve afganos fueron ilegalmente asesinados en 23 incidentes, a manos de las fuerzas especiales o bajo instrucciones de las fuerzas especiales.
  • Ninguna de las muertes ocurrió en combate, y todas sucedieron en circunstancias que, si son aceptadas por el juzgado, constituyen el crimen de guerra de asesinato.
  • Todas las víctimas eran excombatientes o no combatientes.
  • Se ha identificado un total de 25 perpetradores, ya sea como principales responsables o accesorios. Algunos todavía están en servicio con las FDA.

No combatientes o excombatientes

Según el reporte, en todos los casos “es claro o debió haberlo sido que la víctima era un no combatiente”. La amplia mayoría de las víctimas había sido capturada y estaba bajo control, lo que les otorga protección bajo leyes internacionales.

Patricia Gossman, jefa de investigadores en Afganistán para Human Rights Watch, exhortó a las naciones cuyas fuerzas armadas participaron en una coalición liderada por Estados Unidos en Afganistán, incluyendo a Estados Unidos y Reino Unido, a seguir el ejemplo de Australia e investigar la conducta de sus propios soldados. “Fue parte de una cultura enfermiza que esencialmente trata a los afganos que viven en estas áreas disputadas como si fueran criminales peligrosos, incluso a los niños, o como si no fueran humanos”, dijo.

Algunos de los incidentes descritos en el reporte son perturbadores. La evidencia sugiere que soldados jóvenes recibieron instrucciones de sus superiores para ejecutar a los prisioneros a sangre fría, como parte de un proceso de “endurecimiento” que les otorga su primera ejecución.

“Típicamente, el comandante de patrulla tomaría a la persona bajo control y el novato … recibiría instrucciones de matar a la persona bajo custodia”, según el informe. “Colocarían ‘evidencia’ junto al cuerpo e inventarían una ‘coartada’ para los reportes de operaciones y evitar escrutinio”.

Una promesa de castigo

El director de las FDA, el general Angus Campbell, prometió procesar los “vergonzosos “, “profundamente perturbadores” y “terribles” descubrimientos del reporte de Brereton sobre la conducta de las fuerzas especiales de Australia.

Campbell dijo que aceptó las 143 recomendaciones, incluyendo referir a los individuos a la oficina del investigador especial para considerar potenciales casos criminales, porque su deber es “arreglar las cosas”.

También pronosticó cambios en la estructura organizacional del ejército, y una revisión de honores y premios. En el entretiempo, la condecoración de unidad meritoria otorgada al Grupo de Operaciones Especiales en Afganistán entre 2007 y 2013 será revocada.

“Al pueblo de Afganistán, de parte de las Fuerzas de Defensa Australianas, les pido disculpas sinceras y sin reservas por todos los daños de los soldados australianos”, dijo Campbell durante una conferencia de prensa en Canberra el martes.

“Y al pueblo de Australia, lamento profundamente todos los daños causados por los miembros de las Fuerzas de Defensa Australiana”, dijo, y añadió que la mayoría de las fuerzas especiales “elige no seguir el camino ilegítimo”.

El reporte Brereton absolvió al comando superior de haber tenido conocimiento de que se estaban cometiendo crímenes de guerra.

En lugar de eso, dice que los actos criminales fueron cometidos y encubiertos por comandantes de patrulla, usualmente sargentos y cadetes de bajo rango, e involucran solo a “un pequeño número de comandantes de patrulla y sus protegidos”.

“Aunque hubiera sido mucho más fácil reportar que el mal liderazgo tiene la culpa de los eventos que señala el informe, hacerlo sería una gran distorsión”, afirma el reporte.

El informe encontró que los soldados veían a los comandantes de patrulla como “semidioses”, lo que les impedía alzar la voz sobre sus acciones.

“Son adorados e implacables”, explicó un soldado anónimo.

El reporte Brereton muestra un panorama de las fallas en la supervisión, los problemas de la “cultura de guerreros”, y el uso de un pequeño equipo de elementos de el SAE en despliegues repetidos en un largo periodo de tiempo.

El SAE estaba fuera de todo cuestionamiento, particularmente de los hechos por personas ajenas, y la cultura de confidencialidad en cada patrulla ocultó sus acciones de los demás. Un estudio a parte, que llevó a cabo el inspector general de las Fuerzas de la Defensa Australiana (IGADF) describe una especie de “ceguera organizacional” hacia las acciones de las fuerzas especiales.

De algún modo, los sacrificios colectivos de las fuerzas especiales “justificaron ciertos excesos”, dice el estudio, y ocasionaron que otras faltas de conducta menores, como beber en exceso dentro de la base, fueran toleradas.

Los reclamos de los residentes locales y de grupos de derechos humanos fueron descartados como “propaganda de los talibanes” o como intentos de obtener compensaciones, dice el informe.

“Es claro que había señales de lo que estaba sucediendo, pero nada cambió”, escribió David Wetham, asistente del IGADF.

El primer ministro, Scott Morrison, llamó a su contraparte de Afganistán, el Presidente Ashraf Ghani, para disculparse antes de la presentación del reporte el martes.

Por medio de Twitter, la oficina de Ghani dijo que Morrison “expresó su profundo dolor por la conducta de algunos soldados australianos en Afganistán, y le aseguró al Presidente de la República Islámica de Afganistán que habrá justicia”.

La ministra de asuntos exteriores, Marise Payne, escribió por separado a Ghani para disculparse y le aseguró que el gobierno australiano está examinando los resultados de la investigación y que “subsecuentemente harán declaraciones públicas”.

El anterior primer ministro Kevin Rudd, que ocupó el puesto por al menos dos años del periodo relevante, publicó una declaración diciendo estar “sumamente indignado” y exigió que los perpetradores “paguen ante la justicia”.

El gobernador general de Australia David Hurley, jefe de la defensa durante el periodo relevante, ofreció sus condolencias a los familiares de las víctimas en Afganistán, y describió las acusaciones como “atrocidades imperdonables” cometidas por “un pequeño número de individuos y ocultadas de las cadenas de mando inmediatas”.

“Como jefe de la defensa entre julio de 2011 y junio de 2014, estoy sumamente decepcionado de que los procesos de investigación de las FDA que comisioné sobre las muertes de civiles no hayan revelado la existencia de las presuntas ofensas, muchas de las cuales fueron disfrazadas de muertes en combate dentro de los reportes de operaciones”, dijo.

Brereton lleva desde 20016 investigando las estremecedoras acusaciones contra las tropas de élite australianas, cuando le asignaron que examinara docenas de incidentes en Afganistán entre 2005 y 2016.

Su trabajo involucró la revisión de 20,000 documentos y 25,000 imágenes. Su equipo entrevistó a 423 testigos.

“Comenzamos esta investigación con la esperanza de llegar a la conclusión de que los rumores de crímenes de guerra no tenían sustento. Ninguno de nosotros esperaba llegar a la conclusión que llegamos”, dijo. “Nos hizo sentir disminuidos”.

A la socióloga militar Samantha Crompvoets le asignaron estudiar la cultura de las fuerzas especiales y comenzó a escuchar acusaciones terribles de crímenes de guerra, gracias a su trabajo comenzó la investigación.

Un soldado le dijo: “Ellos tenían sed de sangre. Eran unos psicópatas. Absolutamente psicópatas. Y nosotros los criamos”.

Ella escuchó sobre un supuesto incidente en el que el SAE detuvo a dos niños de 14 años, y decidieron que podrían ser simpatizantes talibanes. Les cortaron la garganta.

“El resto de la tropa tuvo que ‘limpiar el desastre’ y encontrar ayuda para deshacerse de los cuerpos”, reportó Crompvoets. “Al final, embolsaron los cadáveres y los tiraron a un río”.

Crompvoets dijo a The Guardian que esperaba que las conclusiones del reporte Brereton obligaran a repensar la cultura de las fuerzas especiales.

“No tienen otra opción más que aprender de esto y asegurarse de que las razones por las que ocurrió en primer lugar no vuelvan a suceder”, dijo.

Mucha de la evidencia ya era de conocimiento público, gracias a los reportajes de los medios de comunicación. ABC difundió un video de un miembro del SAE parado junto a un civil desarmado, y le pregunta a su supervisor ‘¿quieres que liquide a este cabrón?’, antes de ejecutar al hombre que intentaba esconderse en un campo de trigo.

Un marine estadounidense que trabajó en con las tropas australianas aseguró que mataron a un civil porque ya no había espacio para él en el helicóptero.

En un presunto accidente separado, la patrulla del SAE usó como “blanco de práctica” a un hombre afgano que huía de ellos, después de que aventó su celular y puso las manos en alto. Braden Chapman, un oficial de inteligencia de señales que acompañaba a la patrulla, le dijo a ABC que lo mataron a sangre fría.

“Subió las manos así”, dijo Chapman a principios de año. “Y se quedó quieto. Conforme nos acercábamos a él, un soldado le disparó, le dio dos veces en el pecho, y cuando estaba junto a él le disparó en la cabeza. Y después simplemente siguió adelante.

“Yo estaba unos cinco o diez metros atrás de él en ese momento. Y sólo pude pensar, ‘¿OK?’, se me quedó grabada la imagen del hombre con las manos en alto, y después casi como un simple blanco para el soldado”.

Filtraciones de investigaciones internas previas sugieren que las fuerzas especiales antes de 2015 operaban con arrogancia y elitismo, controlados sólo a través de una debilitada cultura de comando.

Un informe de 2016 sobre la cultura de las fuerzas especiales encontró que los soldados se motivaban con la “sed de sangre” durante la tortura y ejecución de prisioneros afganos, de acuerdo con Sydney Morning Herald, y The Age.

La Defensa sólo ha publicado una versión editada de los descubrimientos de Brereton, con algunas secciones oscurecidas y sin nombres o identidades.

No obstante, el gobierno se comprometió a proceder con las investigaciones criminales. Están por designar a una oficina de investigaciones especiales, con personal de la Policía Federal de Australia y las fuerzas policiales de los estados y territorios, que producirá informes de evidencias y referirá a los culpables al director de enjuiciamientos públicos de la Mancomunidad.

Brereton recomendó referir 36 asuntos, que implican a 19 individuos, a la Policía Federal para su investigación criminal.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Andrés González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

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