Brasil se queda sin su tercer ministro de salud por aumento de muertes por Covid
Eduardo Pazuello en Brasilia, Brasil, el 10 de marzo. Cuando Jair Bolsonaro nombró al general del ejército su ministro de salud interino el año pasado, casi 15.000 brasileños habían muerto de Covid-19. Ahora el peaje ha aumentado a casi 280.000. Fotografía: Evaristo Sa / AFP / Getty Images

El ministro de salud de Brasil, Eduardo Pazuello, está listo para que lo despidan después de un periodo terrible de 10 meses durante el cual más de 260 mil brasileños murieron por el brote de coronavirus que su gobierno manejó de manera catastrófica.

Cuando el presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro, nombró a un general del ejército ministro interino de salud el 16 de mayo del año pasado, casi 15 mil brasileños ya habían muerto por Covid-19. Diez meses después, la cifra de muertos alcanza casi 280 mil muertes, y el país más grande de América del Sur está viviendo el capítulo más mortal de la epidemia.

Pazuello, cuyo mal desempeño le valió el sobrenombre de Pesadello, pesadilla, es el tercer ministro de salud en lo que va de la crisis. Sus dos predecesores salieron por desacuerdos por la postura del presidente hacia el Covid-19. Desde el principio, Bolsonaro no tomó en serio la enfermedad, y tanto él y Pazuello se enfermaron. Dijo que era una “pequeña gripa” y bombardeó cualquier esfuerzo para tratar de contener el virus mediante el distanciamiento social, los confinamientos y la vacunación masiva.

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Pazuello, un hombre de 58 años sin experiencia en salud, dejó claro que la persona responsable del ministerio de salud era Bolsonaro y no él. “Es simple: uno da las órdenes y el otro obedece”, dijo de su relación con el presidente en octubre pasado cuando Bolsonaro no le permitió comprar 46 millones de vacunas de origen chino, Corona Vac.

Aún así, es Pazuello quien se enfrenta al riesgo de recibir sanciones por su respuesta a la emergencia de salud. A principios de año lo sometieron a una investigación por su responsabilidad al no prevenir el colapso del servicio de salud en la ciudad amazónica de Manaus, en donde los hospitales se quedaron sin oxígeno para los pacientes.

Pocos creen que la salida de Pazuello dará pie a un cambio dramático en la actuación del gobierno frente a lo que se considera la peor crisis de salud de la historia de Brasil. Ludmila Hajjar, una respetada cardióloga que supuestamente recibió oferta de trabajo por parte de Bolsonaro, aseguró que rechazó el ofrecimiento porque cree en la ciencia.

“El panorama se ve muy oscuro. Si nada cambia, Brasil llegará a las 500 o 600 mil muertes”, advirtió Hajjar en una entrevista televisiva después de rechazar el ofrecimiento de Bolsonaro. Durante una reunión el día anterior, Bolsonaro supuestamente le dijo a Hajjar: “No me vas a fregar cerrando el noreste para que pierda las elecciones, ¿o sí?”

Hasta el lunes en la noche se creía que Bolsonaro nombraría a otro cardiólogo llamado Marcelo Queiroga.

Bolsonaro dijo a sus seguidores fuera de la residencia presidencial el martes: “Por como veo las cosas, él tiene todo lo que se necesita para realizar un buen trabajo, y darle continuidad a todo lo que ha hecho Pazuello hasta ahora”.

Aseguró que el nuevo ministro adoptaría una postura “agresiva” en contra de la pandemia.

El columnista político Ricardo Melo escribió en Folha de Sao Paulo, el lunes: “Claramente, el Doctor Pesadilla… es un bueno para nada, más que para llenar cementerios… pero la única forma de evitar más muertes por Covid… es quitando del poder a Bolsonaro”.

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El exministro de salud, José Gomes Temporao dijo: “El problema no es el ministro de salud. El gran problema ahora es el mismo presidente”.

“La verdad es que el presidente es el ministro de salud… él es el que decidió luchar en contra de la ciencia y de los lineamientos de la OMS… Así es que para que algo cambie, el presidente tendría que cambiar su opinión sobre la enfermedad, la ciencia, o la falsa dicotomía entre la economía y la salud pública”, agregó Temporao.

Temporao dijo que cree que la presión política era ahora lo único que podría presionar a Bolsonaro a cambiar de tácticas, especialmente la presión que supone el regreso del expresidente Luis Inácio Lula da Silva. Lula regresó a la escena política la semana pasada cuando sus derechos políticos fueron restablecidos por un juez de la suprema corte y aprovechó su discurso de regreso para recriminar a Bolsonaro por su respuesta “estúpida” e inepta frente a la tragedia.

“Lula demostró que el emperador no tenía ropa”, dijo Temporao.