Principios caducos
Futuros alternos

Es escritor, periodista, locutor y productor en Aire Libre 105.3 FM y gestor cultural. Ha escrito para medios como Vogue, RollingStone, Esquire, Código, El Universal, entre otros, y colaborado en Imagen Radio, Ibero 909, Reactor y Bullterrier FM.  Twitter: @mangelangeles

Principios caducos
Los celulares imponen cada año nuevas aplicaciones y funciones para que cambiemos rápido de modelo.

A veces hay que reiniciarlo. A veces basta con eliminar algunas imágenes y vuelve a funcionar. A veces hay que eliminar imágenes y luego reiniciarlo. A veces tarda en surtir efecto pero hay otros métodos para tomar una foto aunque haya un mensaje intermitente que indica que la memoria está llena. El hack es de quien lo trabaja, pienso, mientras mi iPhone SE en tono Space Gray de hace más de tres años sigue funcionando.

De acuerdo al contrato con la compañía telefónica, hace al menos dos años tendría que haberlo cambiado por uno nuevo. Una opción que siempre se promete más moderna -vaya subjetividad-, mejor diseñada -vaya pretensión- y hasta más adaptada a nuestras necesidades -vaya manera de imitar a los políticos- aunque nada de ello sea razón suficiente como para dejar de usar un producto que hoy, sigue funcionando casi al 100%. Justo como mi teléfono hace.

Eso que no funciona es atribuible a un concepto que seguramente hemos escuchado antes y que perpetuamos con nuestros actos de consumo tecnológico aunque no lo sepamos: la llamada obsolescencia programada. Esa función de nuestros gadgets, electrónicos, aparatos eléctricos, la ropa de las marcas que pertenecen a la llamada fast-fashion y demás productos, para cumplir con una vida útil determinada y a partir de entonces, comenzar a hacer de la falla una cotidianidad. Predecir la caída, vaya.

La obsolescencia programada tiene un efecto directo en el medio ambiente al tratarse de productos de compleja re uso debido a la enorme cantidad de componentes diferentes que involucran.

Me cuesta a veces, mandar un mensaje de Whatsapp. O una foto. No tengo los “features” más avanzados como para editar algunas cosas que quiero en el teléfono y sin embargo, no sólo he logrado maximizar el uso de este teléfono ahorrándome dinero pero sobre todo, ahorrándonos un aparato más flotando en el ya de por sí contaminado universo.

Solemos saber -en teoría- adónde van estos residuos. Sabemos que producimos una cierta cantidad de basura que no es biodegradable, entre ella, la que proviene de este tipo de aparatos. Hemos aprendido a no quejarnos cuando se toma una medida que nos obliga a llevar una bolsa de tela a la tienda y también, ya somos conscientes de las llamadas huellas de carbono y la infame isla de plástico en el Pacífico. Y sin embargo, no hemos terminado de entender que tenemos en las manos -literalmente- la posibilidad de reducir en mucho una línea de producción de contaminantes que depende directamente de nosotros.

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En tiempos en los que hemos tenido que reflexionar más que nunca en los últimos años sobre la pertinencia de nuestros consumos y hemos reconfigurado nuestra relación con los objetos que consumimos -no sólo poniéndolos en su justa dimensión, sino entendiendo que tienen un fondo mucho más profundo que el que solíamos darles- bien nos vendría entender que el primer eslabón para romper con tal círculo consumista, podría implicar de nuestra parte, apenas un esfuerzo más por entender el aparato que utilizamos.

Un hack, que nos beneficia a todas las personas.  

Miguel Ángel Ángeles es escritor, periodista, locutor y productor en Aire Libre 105.3 FM y gestor cultural. Ha escrito para medios como Vogue, RollingStone, Esquire, Código,  El Universal entre otros, y colaborado en Imagen Radio, Ibero 909, Reactor y Bullterrier FM. Sigue usando un iPhone SE porque aún es capaz de encontrar la manera, pero en el fondo, extraña todavía su Motorola starTAC o su primera Blackberry.

Mail: [email protected] / Twitter: @mangelangeles / IG: @miguelangelangeles