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Enernauta

100 dólares por barril

Aldo Flores Quiroga

El consumo del petróleo se está recuperando en comparación con 2020 y el precio del barril podría llegar a los 100 dólares.

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Foto: Pixabay

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El precio internacional del petróleo se ha recuperado desde su desplome en abril del año pasado y ya hay quienes empiezan a hablar de que pueda alcanzar este año los 100 dólares por barril. La última vez que alcanzó ese nivel fue en julio de 2014, después de oscilar entre los 80 y 100 dólares por casi cuatro años.

Las bases que invitan a algunos analistas a imaginar que el precio aumentará descansan, del lado de la demanda, en la materialización de escenarios diversos sobre la recuperación del consumo a medida que la economía mundial sale de la pandemia. Del lado de la oferta, parten de conjeturas sobre la disciplina de los países participantes en el acuerdo OPEP-No OPEP (OPEP+) y de la respuesta de los productores de petróleo no convencional de Estados Unidos.

Vale la pena recordar que la caída en el precio de 2014 se debió a la confluencia de cuando menos cuatro factores:

  • Una revisión sorpresiva a la baja de las expectativas de consumo energético mundial.
  • La falta de un acuerdo dentro la OPEP para recortar producción.
  • La carencia de un acuerdo con el mismo fin entre Arabia Saudita, Venezuela y dos prominentes no miembros de la OPEP (Rusia y México).
  • Un aumento en la oferta estadounidense.

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Lo que hoy es distinto es que el consumo se está recuperando, que hay un acuerdo OPEP+ en funciones y que está por verse si regresa la producción de petróleo no convencional con la misma fuerza que antes.

En Estados Unidos, los magros resultados financieros de las empresas a pesar del auge que lograron en la producción no convencional de 2014-2019, sumados a la tendencia naciente de importantes empresas petroleras internacionales de deshacerse de activos en este sector para cumplir con las metas de cero emisiones de carbono –que implica una menor inversión en hidrocarburos–, parecerían indicar una respuesta atemperada de la oferta. Por lo pronto, los ojos de los analistas están puestos en el comportamiento de los productores del oeste de Texas.

Todo esto se refleja en la disminución de los inventarios de crudo, que colindan con la parte baja del promedio de los últimos cinco años. Es decir, hay fundamentos para suponer un soporte al precio alrededor de donde ahora se ubica.

¿Qué tipo de reacción podemos esperar de los países consumidores y productores a una nueva escalada de precio? La obvia y muy conocida es que los primeros presionen a los segundos –los dueños de las grandes empresas petroleras nacionales– para que eleven su producción, pero todavía no escuchamos pronunciamientos en este sentido.

La historia reciente aporta una pista para saber cuándo esperarlo: si el aumento del precio se acelera. Rara vez se encienden las alarmas cuando el precio del crudo registra cambios moderados en poco tiempo, digamos 5% en un mes. Eso es casi rutinario en el sector. Pero cuando los cambios superan 15-20% en días, es mucho más probable que los políticos sientan la presión en las calles para demostrar que están haciendo algo con el fin de contener el alza de precios.

Así sucedió con los shocks petroleros (1973, 1979), la Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991) y la crisis financiera global (2008). Durante esos acontecimientos los precios subieron más del 20% en menos de un mes – o en tan solo un día, en el caso de las guerras en Medio Oriente. Los líderes de la OCDE atacaron públicamente a la OPEP, crearon su propio bloque de consumidores (la Agencia Internacional de Energía) y/o llamaron al diálogo entre países consumidores y productores para estabilizar y bajar el precio del crudo.

Los consumidores además encontraron propicia la ocasión para criticar -sin fundamentos sólidos- a los “especuladores” y “aparacadores” que desde su óptica impulsaban el precio al alza. Esta fue una queja típica en 2008, que China comenzó a expresar desde mayo de este año en respuesta al alza en el precio de los metales.

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El contraste ocurre cuando los precios se mueven en magnitudes similares, pero a la baja. Cuando el excedente de oferta sobre la demanda ha sido alto (1986, 2014, 2020), los consumidores simplemente dan la bienvenida a los menores precios y brillan por su ausencia en el diálogo para estabilizar el mercado de crudo. Los productores se las tienen que arreglar entre ellos para encontrar un modo de disciplinar sus niveles de producción.

Se requirió una guerra de precios en 1986 y 2014 para encontrar un nuevo acuerdo entre productores. En 2020 fue tan excepcional el desplome de la demanda y la caída en el precio, que resultó menos difícil convocar a los productores a buscar una manera de moderarse.

Hace una década escuché al famoso ministro de energía de Catar durante una charla entre las delegaciones de México, a la que yo pertenecía, y de su país. Abdullah bin Hamad Al-Attiyah había sido el líder de la transformación del sector de gas natural de Catar, hidrocarburo que ha brindado a sus habitantes el ingreso per cápita más alto del mundo. En un punto del diálogo, enfocado en el estado del mercado petrolero después de la crisis financiera, reflexionó: “llevo más de treinta años en esta industria y cada vez que creo que la entiendo, ocurre una nueva sorpresa.”

No es para menos. Con tantos cambios en tan poco tiempo, con tantas narrativas compitiendo por el espacio cognitivo de los líderes, es difícil asegurar hacia dónde va el mercado. Hace un año se caía el cielo para quienes viven de los ingresos petroleros; hoy se dice que el cielo es el límite. Lo mejor que tenemos es adivinanzas o corazonadas informadas de especialistas, las señales de los mercados donde se comercian títulos de compra y venta de hidrocarburos y, eso sí, muchos reportes de prensa.

¿Subirá el precio el barril de crudo a 100 dólares? Definitivamente quién sabe.

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