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El amante del Círculo Polar

Alan Ulises Niniz

Si estás pensando en adoptar un perro, aquí tienes este testimonio de alguien que enriqueció su entendimiento del cariño gracias al tanto que recibió de su pequeño amigo al que hoy solo mira en una fotografía.

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El nombre de Otto fue en honor al personaje de Los amantes del Círculo Polar. Foto: Cortesía

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Fue imposible ignorar la imagen: un hombre se abalanza sobre su perro, no quería herirlo, al contrario, quería protegerlo del ataque de otros dos canes. Sucedió en San Petersburgo en Rusia,  lejos, muy lejos de aquí, pero el cariño se entiende exactamente igual en todos lados.

Esos segundos de video me conmovieron profundamente. En mi caso no había entendido cómo es que la vida cambia cuando tienes un compañero como ese que protegió aquel hombre, lo entendí cuando tuve uno. Fue hace casi 20 años cuando Otto llegó a nuestra vida, nuestra porque en ese entonces vivía con mis papás. Un doctor amigo de mi hermana le regaló uno de los cachorros que había tenido su perrita. Entre las complicaciones de un matrimonio y un bebé recién llegado, ese pequeño terminó en mis manos.

Lo llevaron al consultorio en el que entonces trabajaba, apenas lo recibí me fui a casa. Caminar unas cuantas calles se convirtió en un paseo que aún tengo en la memoria. Corrimos, me siguió a la mayor velocidad que pudo, tenía un par de meses y sus orejitas brincaban con cada paso que daba. Le puse Otto por el personaje de Los amantes del Círculo Polar. Esa primera noche, recuerdo, durmió a los pies de mi cama. Pasaron varios años, terminé la universidad y me fui de casa de mis padres. Otto se quedó con ellos, se convirtió en su mejor compañía. Cuando iba de visita brincaba al reconocerme. Otto vivió 13 años. 

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La última vez que lo vi fue en la Navidad de 2016, llegó con mis papás a pasar la Navidad conmigo, en mi departamento. Lo llevamos a caminar sobre Reforma, aguantó todo el trayecto, con trabajo trepó mi cama y se quedó ahí mientras nosotros cenábamos. Un mes después, el noticiario iniciaba la emisión del día. Apenas un par de minutos al aire, yo tenía que estar atento en cabina, recibí un mensaje de mi madre: Otto acababa de morir.

Salí del foro y fui al baño. Le llamé por teléfono, me dijo que mi padre aún estaba en el veterinario, que tenía apenas unos minutos que se había ido. Me quedé ahí un momento, no aguanté las ganas de llorar, pero regresé casi de inmediato, la vida continúa. Más tarde supe que Otto llevaba varias semanas enfermo, que incluso cuando lo vi en mi casa llevaba ya la advertencia de que su salud estaba delicada.

Tenía mil padecimientos por su edad. Era cruce de un Schnauzer y un French Poodle. Como permiso infantil me gusta pensar que quiso venir a despedirse. Con su muerte recordé cómo hasta antes de él, e incluso con él, no había sido el más responsable ni el más afectuoso. En alguna parte existía esa falsa superioridad que me hacía pasar por alto las horas de alimento y los cuidados. Otto me hizo entender lo importante que es la responsabilidad y cuidar del afecto.

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En los últimos meses hemos visto muchas historias, en México y en otras partes del mundo: perros que persiguen ambulancias, que se quedan horas, días y hasta semanas a las puertas de un hospital esperando por sus compañeros humanos. Perritos que se echan en los panteones o junto a quienes no pueden ofrecerles un techo, pero sí un abrazo que para ellos significa todo. Aplaudo a quienes se atreven a tomar una responsabilidad así en sus manos, que les cambian la calle por un hogar.

Después de Otto, mi padre adoptó dos pequeños perritos. Yo, por cuestiones inmobiliarias, no puedo tener ninguno conmigo. Y tanta falta que me hizo durante mis meses de encierro. Hoy no sé si aún teniendo la oportunidad lo tendría. Tantas horas de trabajo, tantas horas fuera de casa, por supuesto que se aliviarían sabiendo que alguien me espera con esa emoción que no pide explicaciones, pero también considero un acto muy egoísta hacerlo solo por eso, porque sé que no cuento con el tiempo qué necesita.

Escribo esto porque hoy habrá una pasarela de perros que buscan un hogar, será de forma virtual porque la pandemia se ríe al habernos condenado a la vida digital. Será en las redes de Enablers México. Habrá opciones para la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. No es la única opción, también está el Refugio San Gregorio en el Ajusco y el Metro tiene su Centro de Transferencia Canino. Además, internet está plagado de anuncios de personas que ofrecen cachorros en adopción o que ayudan a otros a colocarlos en casas que, sin duda, ya no serán las mismas después de su llegada.

Si lo estás pensando, aquí tienes este testimonio de alguien que enriqueció su entendimiento del cariño gracias al tanto que recibió de su pequeño amigo al que hoy solo mira en una fotografía.

*Alan Ulises Niniz es jefe de información en Imagen Noticias con Yuriria Sierra en Imagen Televisión. Ha colaborado en Nexos, Proyecto 40 y Dónde Ir. 

IG y TW: @alanulisesniniz

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