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Los fines y los medios

Aldo Flores Quiroga

El Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sustentable concluye esta semana. ¿El objetivo? Revisar el progreso y futuro de la Agenda 2030.

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Foto: Ken Toshima/Pixabay

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Esta semana concluye el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sustentable auspiciado por el Consejo Económico y Social de las Organización de las Naciones Unidas (ONU). El evento se lleva a cabo anualmente con el propósito de revisar el progreso y futuro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada por los Estados miembros de la ONU en 2015. 

Son días llenos de reportes, presentaciones, discursos, mesas de discusión, eventos paralelos dedicados a reiterar buenos deseos que hemos escuchado a lo largo de décadas y a evaluar el impacto de la pandemia sobre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Entre ellos figuran erradicar la pobreza, acabar con el hambre, extender la cobertura de educación de calidad, alcanzar la igualdad de género, defender los derechos humanos.

Por supuesto, la energía y el medio ambiente forman parte de la lista de objetivos:

  • Objetivo 7: Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos.
  • Objetivo 12: Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.
  • Objetivo 13: Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

No hay duda del valor de un documento que recoge aquellos grandes conceptos alrededor de los cuales los 193 Estados miembros de la ONU están de acuerdo. Sin embargo, cuando tantos países tienen que reconocerse en el mismo texto o por lo menos evaluarlo como inocuo, termina siendo inevitable que el menor denominador común se convierta en la norma que guía su redacción. 

Lee también: No se cumplirán los objetivos de la Agenda 2030, advierte la ONU

Está por verse si el espacio de tiempo dedicado en este foro a reiterar grandes objetivos por todos conocidos y compartidos es limitado y si la mayor parte de las presentaciones, a juzgar por el programa, en efecto se concentra en elucidar cómo alcanzarlos. Porque todos queremos energía limpia y bajo demanda, y estaríamos encantados de que no se desperdiciara nada cuando la consumimos, pero no todos estamos dispuestos o podemos pagar el costo de obtenerla con estas características.

Lo que requieren quienes toman las decisiones es soluciones concretas a problemas específicos. Si desaparezco este subsidio y como resultado aumenta el precio de los combustibles, ¿cómo compenso a la población que más depende de él, especialmente si no cuento con recursos de otras fuentes ni un padrón confiable de familias para llevar a cabo transferencias directas?; ¿cuál es el momento correcto para imponer un impuesto al carbono? ¿debo introducirlo de golpe o de manera gradual, o es mejor dejar al mercado de emisiones fijar el precio del carbono?; ¿cómo establezco acuerdos políticos entre gobiernos sucesivos de manera que esa política rinda los frutos que solo puede dar –si todo sale bien– en mínimo 10 años? Las preguntas en realidad son muchas, las respuestas son incompletas, la presión política es alta y el tiempo es escaso. 

Hay organizaciones internacionales que estudian estos temas y apoyan a los gobiernos a lidiar con este tipo de desafíos, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). También está el registro de miles de publicaciones académicas que tratan de extraer lecciones de la experiencia. Lo cierto es que no hay un manual listo para usarse en todos los tiempos y lugares. Cada país posee realidades específicas que requieren de la aplicación diferenciada de los principios de política. 

Se vale reiterar, repetir, recordar cada año los objetivos que perseguimos. También que nos detengamos a evaluar qué tan cerca o lejos estamos de conseguirlos. En eso, la ONU ha jugado un papel sumamente importante. Pero sí es cada vez más urgente que logre encauzar los esfuerzos internacionales para que los gobernantes cuenten con las herramientas que les permitan poner en marcha un nuevo sistema energético sin perder el pellejo en el intento. Como dicen, el diablo está en los detalles; el éxito es 20% la idea y 80% su ejecución.  

Muchos fines y pocos medios son la receta para terminar la década sin cumplir con los objetivos del desarrollo sostenible.

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