500 años de una historia de muchas historias…
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
500 años de una historia de muchas historias…
Una maqueta del Templo Mayor en Ciudad de México protagoniza la conmemoración de los 500 años de la Conquista. Foto: Daniel Hernández / La Lista

Tuu mahatje ́en ti mií ni, tuu mahatje ́en kui tsu tjaani xu bajani énndee…

Donde transites, donde camines, siempre habla tu lengua materna.

13 de agosto de 1521 – 13 de agosto de 2021.

La historia se sigue contando desde una óptica: la del Estado y su versión. Sin embargo, esas otras voces, las de los pueblos originarios, poco a poco han tomado fuerza y nos cuentan lo que a través de la tradición oral les fue narrado: el valor de la tierra, el cuidado a los animales, el maíz y lo que les represento la Conquista de México.

Esa tradición que en el caso de la región Cañada de Oaxaca dicen que no les llegó directamente en su momento, pero sí les alcanzó el eco y la herencia de la pauperización y el olvido. Así lo comparte Filogonio Naxin, artista plástico mazateco que se refugio en el dibujo desde sus primeros años de escuela. Él cuenta que en su natal Mazatlán Villa de Flores, Oaxaca, estudió la primaria, pero dado que las clases eran en castellano y él no lo hablaba del todo, los días se le iban dibujando, luego agarraba camino al monte para limpiar la milpa y cortar café, a veces sembraba semillas de maíz, después cuidó un rebaño de chivos y seguía dibujando. Fue en la secundaria cuando se volvió bilingüe y sus apuntes los anotaba en español y mazateco, se interesó en el juego de ajedrez y nomás de ver se convirtió en un as, de ahí le llamaron “Naxin”, que en mazateco significa caballo.

Más adelante estudió pintura en la Casa de Cultura de Teotitlán, duró poco y, en sus ratos libres, siguió dibujando y pintando. Concluyó la preparatoria y con 18 años se trasladó a la Ciudad de México donde fue taquero, vendedor, vigilante. De vuelta a Oaxaca ingresó a la licenciatura de Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Autónoma Benito Juárez, ahí se empapó de la historia del arte, de la sociología, de la antropología y de su propia historia, al menos la que contaban los libros. Los meses se le fueron entre la escuela en la mañana, las tareas y su trabajo en una carnicería en las noches, fue muy hábil para hacerse de sus materiales, ya que se elaboraba sus propios cuadernos de dibujo.

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Filogonio tenía tanto que contar a través de trazos que regresaba a su comunidad a impartir talleres para las niñas y niños, así fue que se le ocurrió hacer un recopilación de leyendas ilustradas, las propuso al Instituto Nacional de Lenguas Indígenas y se publicó Minu xi kuatsura chichjána, Kui anima xi bantiy ayajura, traducido a español significa “Qué cosa dice mi tata. Seres que se transforman”.

Esa convivencia con los niños le permitió explicarse muchas cosas y desde entonces ha procurado compartir esa visión en su obra. Con el paso del tiempo, conforme ha leído más de las expresiones y cultura de los pueblos originarios, Filogonio en un ejercicio de memoria tuvo claro que eso que se cuenta no es exactamente lo que sus ancestros han contado, que la marginación y le olvido de tantas y tantas comunidades fue también la salvación de su propia historia y que, aunque los investigadores y estudiosos digan lo que digan, a su pueblo no lo conquistaron los españoles, vaya, ni siquiera llegaron. Si bien el brazo de la Iglesia católica los alcanzó, supieron sincretizar su lengua y mantener sus conocimientos tradicionales.

En la actualidad, sus trazos se mueven entre el surrealismo de su herencia. Es un viaje trazado en óleo, en papel amate y destellos de plata y oro, imágenes que surgen sin bocetos. Toda una exploración que vibra por sí sola como el monotipo de la ciudad construida sobre huesos y vestigios, los muchos dioses, la resistencia cultural.

Filogonio Naxin es una de las voces de los no vencidos, es el llamado en su propia lengua que se alza a partir de ese imponente pasado y en cada obra nos hace sentir esa fuerza y determinación que anhelamos se escuche recio y nos toque a todas, todos, todes.