¿Qué le enseña la política mexicana a nuestros niños?
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

¿Qué le enseña la política mexicana a nuestros niños?
Foto: Pixabay

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a una niña o a un niño decir que quería ser político de grande? ¿Qué escuchan nuestros niños acerca de la política y los políticos? No sé a ti, pero a mí me parece dramático imaginar lo que deben estar aprendiendo de lo que escuchan todos los días, acerca del mundo de la política, que marca el rumbo del país. Primero imagino su angustia. Nos escuchan decir que los políticos son los que ejercen eso que llamamos “el poder”, que son la autoridad que hace las reglas y las aplica, y que definen el presente y el futuro de México. Y, al mismo tiempo, nos escuchan decir que todos son una basura, que son incapaces y mal preparados, que son corruptos y soberbios, “Todos son lo mismo” decimos frente a ellos, sin matiz ni explicación. Así, lo primero que imagino es la angustia que les debe provocar a nuestros niños escuchar que el poder en nuestro país lo ejercen sólo personas incapaces y corruptas, y que ellos son los que hacen las reglas y las aplican. Que angustia. 

Segundo, imagino la terrible confusión que deben sentir al escuchar que quienes hacen las reglas, son los primeros en romperlas. “Todos son unos corruptos que hacen lo que quieren” decimos sin cuidado alguno, en una reunión familiar, en la que relatamos el último escándalo de corrupción en el que están involucrados los corruptos de la semana. Y solemos rematar con un contundente “Y, como siempre, nada les pasará”. Lo que yo imagino que un niño entiende es que, al parecer, en este país, pertenecer a esa clase llamada “los políticos” te da el poder de hacer las reglas, romperlas, utilizar el poder en tu beneficio, y salirte con la tuya. Que confusión. 

Tercero, me imagino lo ilógico que debe ser para ellos vivir y crecer en el mundo de la meritocracia, que es la escuela, en el que estudiar y hacer lo correcto implica buenas notas y reconocimiento, y en la política, según escuchan de los adultos, lo que menos importa es la preparación y el buen comportamiento, para avanzar y llagar al más alto cargo. Escuchan de nosotros, del noticiero del radio en el camión de la escuela y ven en las redes sociales que el más mentiroso, el más vivo, el más hábil y popular es el que obtiene el cargo, y el que lo mantiene. Poco importa lo que estudió, cuánto estudió o cuánto se tardó en acabar, lo que escuchan es que es más importante ser vivo y cínico. Lo que importa es convencer a los tuyos, aunque sea con mentiras, y que los tuyos sean más que los otros, para ganar. Sólo eso importa. Que ilógico.

Cuarto, me imagino lo impactante que debe ser para ellos escuchar a los políticos, y a nosotros, hablar de esa arena como si se tratara de un Coliseo de Gladiadores. La división, el sectarismo y la grandilocuencia se han vuelto el idioma común de quienes viven la política y de quienes la comentamos, frente a ellos. Los adjetivos vuelan libremente de un lado a otro para referirnos a aquellas personas de las que discrepamos, como si se tratara de enemigos que hay que desterrar. Les dibujamos un país dividido en grupos irreconciliables, que carecen de puentes y espacios comunes, y que son incapaces de ningún tipo de diálogo, como si vivieran en lugares distintos. Que impactante. 

Y, quinto, con todo esto, me imagino lo desmotivante que debe ser para ellos escuchar sobre el mundo de la política. ¿Qué niña o niño, en su sano juicio, quisiera dedicarse a eso, después de todo lo que escuchan? Lo peor de todo, es que muchos acabarán ahí de adultos, con todas estas lecciones que escucharon una y otra vez, en los lugares más familiares y de las personas que más influencia tienen sobre ellos. Y esas lecciones serán puestas en práctica, así como hoy lo hacen nuestros políticos, que alguna vez escucharon en sus casas todo esto.

¿Qué propongo? ¿No hablar de política con nuestros niños? Todo lo contrario, hacerlo más, hacerlo bien, hacerlo informados y con seriedad, con matices y sin generalizaciones absurdas. Hablar de la política como un instrumento que puede ser utilizado para el bien común. Si queremos que este país tenga futuro tenemos que ver a los niños como esponjas que absorben de nosotros no sólo todo lo que decimos, sino lo que hacemos y dejamos de hacer. Yo creo que México sí tiene remedio, pero la solución somos todos, no “ellos o nosotros”.