Pragmatismo ideológico
De Realidades y Percepciones

Columnista. Empresario. Chilango. Amante de las letras. Colaborador en Punto y Contrapunto. Futbolista, trovador, arquitecto o actor de Broadway en mi siguiente vida.

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Pragmatismo ideológico
Morena: Foto: Facebook / PartidoMorenaMx

A tres años de haber llegado al poder, Morena ha demostrado ser un movimiento que sobrevive gracias al manejo del gran titiritero. Una oleada que parece destruir todo lo que está en su camino, hasta a ellos mismos.

Por su parte, el presidente ha logrado mantener vivo un bono de paciencia gracias a la privatización de la percepción de la realidad, a la lealtad ciega por parte de las Fuerzas Armadas y a la compraventa de intereses particulares en el Congreso.

Por otro lado, el obradorismo, a pesar de aglutinar causas justas, es todavía una idea tambaleante que depende de la cohesión que garantiza Andrés Manuel López Obrador. Una lluvia de ideas desconectadas. Un estandarte que se quema por los malos resultados de sus propias decisiones. Un río de esperanzas que desemboca en acantilados y cascadas con finales devastadores.

Morena y el obradorismo son movimiento que pretende ser de “regeneración nacional” que no solo se conforma por activistas, intelectuales de izquierda, luchadores sociales o grupos de las clases socioeconómicas más vulnerables, sino también es la suma de resentimientos y oportunismos del momento.

La comunicación social, fundamental en la aprobación del presidente, ha dejado una estela de afirmaciones falsas que crecen y dividen. Son lenguas de fuego que han profundizado la polarización social sentenciándonos a un territorio de grietas y revanchas. Un grupo de estrategas que han obtenido del discurso incendiario el beneficio electoral que tanto presumen.

Con las encuestas favoreciendo a Morena, el pragmatismo ideológico de los posibles sucesores a ocupar la silla presidencial, orilla a los destapados a bailar al son que dicte el gran titiritero. Había que mantener a los aspirantes bajo control.

Si Claudia Sheinbaum, con tal de llenar el ojo al presidente, tiene que sentarse junto a un presunto violador en la toma de posesión de la gobernadora de Guerrero, así lo hará. 

Si Marcelo Ebrard tiene que aguantar los desplantes en contra de Estados Unidos, externar apoyos a regímenes antidemocráticos o violentar los derechos humanos en la frontera, así lo hará. 

Si Ricardo Monreal, con tal de mantener la vela encendida, tiene que cabildear a favor de la reforma eléctrica que va en contra del medio ambiente, la libre competencia, el crecimiento económico, la inversión privada y el beneficio final de los consumidores, así lo hará.

Porque bien saben los candidatos que para ganar la carrera presidencial tienen que hacer sacrificios, aunque se trate de ir en contra de sus propias convicciones. 

¿Qué tanto les puede interesar defender los hechos de fondo si solamente les interesa la estrellita del presidente?

No obstante, veremos batallas, juegos sucios por debajo de las alcantarillas de la política interna de Morena. Murmullos de pasillo. Notas periodísticas que serán filtradas de forma accidental. Acusaciones veladas y abrazos forzados. 

Los “delfines” no se podrán permitir dar aletazos en falso frente a Palacio Nacional. Saben que no heredan el carisma social de López Obrador. Y tienen claro que deben cubrir dos frentes de forma permanente: librar de la mejor forma posible su gestión y endulzarle el oído al presidente.

El camino apenas empieza y a pesar de que los dados están cargados a favor de Claudia Sheinbaum, en política un hecho que parece consumando, puede terminar siendo aire.

Lo que queda claro es que quien tome el país en el 2024 tendrá que ser experto en reconstruir desde los escombros. Heredará vacíos. Promesas y palabras. Símbolos y dardos envenenados. Territorios violentos y desiguales. 

Un México sin puentes, lleno de páginas blancas con la tinta mojada y las ideas corridas.