Resucitar en vida
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Resucitar en vida
Foto: Pixabay

“Debemos abrazar el dolor y quemarlo como gasolina para nuestro viaje”.

Kenji Miyazawa

Desde el 24 de diciembre de 2020, día en que murió mi papá, y el 8 de enero de 2021, cuando falleció mi mamá –ambos por complicaciones derivadas del Covid 19– comenzó a tejerse una red de querencias, solidaridad, renovación de amistades, nacimiento de nuevos afectos en el día a día. Ha sido como crear una familia extendida que, en un verdadero acto de amor, nos han acogido a mis hermanas, hija, sobrinos. También nos ha aproximado a las otras y otros desde sus propias pérdidas, serie de historias sumamente dolorosas a causa de una pandemia que no termina de irse.

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Tiempo de andar sin rumbo, con un dolor expansivo que sin decir agua va nos acalambra el alma… es sentir las ausencias y tomarle el pulso a la muerte, una sensación para la que –creo– nadie estamos preparados.

No sé a ti, pero conforme transcurrieron los meses la tristeza se volvió enojo, el enojo se convirtió en miedo, el miedo nos llenó de dudas, las dudas comenzaron a transformarse en certezas, las certezas en preguntas y esas preguntas en lecciones de vida. Ha sido un viaje por los infiernos de Dante de los que afortunadamente se vislumbra la esperanza, gracias, en gran medida a nuestro legado.

Hace poco leí sobre la leyenda del Quinto Sol, del resucitar a la vida, una vez que los nuestros se van, reflexiones propias a golpe de vivencias, charlas, terapias y neurosis que han hecho que poco a poco el duelo florezca y nos blinde contra los momentos de poca claridad y angustia. Si acaso en este momento que me lees atraviesas un dolor igual, permíteme decirte que pasará y dejará de oprimir el pecho, te lo prometo.

Este fin de semana nos ofrece la oportunidad de reencontrarnos a través de la tradición de departir con una ofrenda multicolor, entre el agua, la luz de las velas, la flor de cempasúchil, el papel picado y eso que tanto disfrutaban comer y beber, es el anhelo de que suceda el milagro, de cruzar el portal entre los vivos y muertos.

Desahoguemos el alma y brindemos por ellos y ellas, por ustedes y, si me permiten, por Irma y Felipe.