El triunfo de Gabriel Boric: De la protesta estudiantil a la presidencia de Chile


Es chileno, tiene 40 años, es cientista político de la Universidad de Chile y asesor parlamentario. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Fue jefe de Gabinete del Ministro del Interior el 2014, y del 2015 al 2018, jefe de la Avanzada Presidencial de la Presidenta Michelle Bachelet. Es agnóstico y socialista. Twitter: @FelipeBarnachea

El triunfo de Gabriel Boric: De la protesta estudiantil a la presidencia de Chile

19 de diciembre, 2021. El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, saluda a sus partidarios después de pronunciar su discurso tras haber ganado. Foto: Martin Bernetti / AFP

El domingo 19 de diciembre del 2021 será recordado como un día histórico. El joven diputado de 35 años, Gabriel Boric, del Frente Amplio, ganó el balotaje al representante de la extrema derecha, José Antonio Kast. Este hecho representa una ruptura con cierto patrón histórico, que mostró que aquellas sociedades que habían experimentado revueltas sociales con algunas similitudes y alcance comportaban un tipo de movimiento pendular, moviéndose desde la convulsión social hacia un eje restaurador del orden.

Así ocurrió en Francia en 1968 y en España en el 2011. Ni Daniel Cohn-Bendit ni Pablo Iglesias lograron ser presidentes de sus respectivos países. El orden se impuso como ladrillo al poco tiempo, de la mano de De Gaulle y de Rajoy respectivamente.

Chile tuvo su propio estallido social que comenzó el 18 de octubre de 2019, y que es el antecedente que opera como causa directa del proceso constituyente en marcha, y, de cierto modo, como causa indirecta del resultado presidencial.

Aunque la crisis comenzó con el movimiento estudiantil de 2011, de la cual Boric fue protagonista en tanto presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, fue el estallido social de 2019 que coronó un ciclo en una explosión social sin precedentes, y que puso en evidencia los abusos del sistema sobre las grandes mayorías nacionales, y una desigualdad estructural naturalizada –hasta esa fecha– por la sociedad.

Sin estallido social, Gabriel Boric no sería presidente, al menos aún. Porque ese hecho modificó de forma radical la mentalidad de los ciudadanos y ciudadanas, que perdieron el miedo de elegir personas nuevas para los cargos, sin “experiencia”, jóvenes o no necesariamente dirigentes encorbatados y tradicionales.

El Frente Amplio, que nació al alero de ese propio movimiento estudiantil de 2011, fue capaz de alimentar –estallido social de por medio–, 10 años después, ese deseo larvado de cambio en un tipo de elector que ya había dejado de ser tolerante con la coalición que derrotó a la dictadura y que gobernó por 20 años de forma consecutiva, y que sumó un gobierno adicional de la presidenta Michelle Bachelet, después de Sebastián Piñera.

Parte de ese alimento fue la retórica frenteamplista de que la llamada “centro izquierda” en el gobierno se había “vendido” al sistema neoliberal, y que no habían sido capaces de hacer siquiera una reforma que hiciera tambalear las bases del modelo económico.

Post estallido social, la consigna “no fueron 30 pesos, fueron 30 años” –que hacía alusión al alza de 30 pesos del pasaje del transporte público y mecha del estallido– terminó convirtiendo a los protagonistas de la Concertación y la Nueva Mayoría, la centro izquierda, en seres abyectos y despreciables, incluso mucho más que los propios actores de la dictadura militar.

El rédito de esa crítica está a la vista. Uno de los suyos, con el apoyo de los otrora despreciables, es el nuevo líder de la nación. En buena hora porque la alternativa de la extrema derecha no resistió ningún test democrático mínimo, mostró desidia con los avances civilizatorios del país, y nulo compromiso con los derechos humanos.

Gabriel Boric es distinto a todos sus compañeros y quizá precisamente por eso es el presidente. Tiene vocación de diálogo, y no es, en caso alguno, un “extremista de izquierda” como algunos los han retratado, porque su personalidad, así como su programa de gobierno, son más parecidos al modelo de la socialdemocracia europea que al guerrillero de boina latinoamericano que se le achaca. 

El nuevo presidente asume el 11 de marzo de 2022, con alta expectativa y muchos problemas. Protestar es muy distinto a gobernar, porque como dice el poeta William Butler Yeats: “después de los sueños, vienen las responsabilidades”.