Clientela electoral o ciudadano libre
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

Clientela electoral o ciudadano libre

Las democracias desarrolladas se diferencian de las mediocres no por el tipo de leyes o instituciones que tienen ni por el tipo de partidos o el número de estos, sino para la calidad de sus ciudadanos. Según Francis Fukuyama en su libro Political Order and Policital Decay, las democracias dejan de ser precarios mercados de votos que se venden al mejor postor y se convierten en complejos sistemas políticos de redes, grupos e intereses diversos, cuando los ciudadanos entienden el poder que tienen en sus manos: dar y quitar el poder. En estas democracias, el ciudadano se sabe poseedor de derechos inalienables, se organiza para hacer eficaz su ejercicio, exige límites y cuentas claras a quien ejerce el poder y solo le otorga su voto a quien lo convenció de ser el defensor de sus intereses.

En esas democracias se paga cara la deslealtad a un electorado exigente y vigilante. En esos países, los ciudadanos se organizan para relacionarse con el poder de manera más equitativa. En esas naciones, la sociedad civil organizada es densa y diversa, autónoma y activa, y así es como se defiende de los intentos de captura o abuso por parte del poder público.

Los ciudadanos comunes defienden a su democracia porque son parte activa de esta. Es decir, la política diaria, la política ciudadana, se ejerce a través de organizaciones que cuidan los derechos de las minorías, de los estudiantes, de los empresarios, de los trabajadores, de distintas comunidades, de los animales o cuidan el medio ambiente. Los ciudadanos libres pertenecen de manera activa a grupos bien establecidos, que reciben aportaciones voluntarias en dinero y en especie, y los destinan a la defensa o promoción de algún fin específico. Estas organizaciones de ciudadanos son administradas por ellos mismos y así son ellos quienes definen las reglas, los objetivos, el discurso, la estrategia, el tamaño, la forma de administrar los recursos, la membresía y las alianzas que pueden formar.

Aclaro, no por tener un origen y un fin ciudadano son siempre buenas para la democracia. Los mismos derechos constitucionales que les dan origen, como son la libertad de asociación, de organización, de expresión y de publicación, hacen posible que existan también grupos abiertamente antidemocráticos, antiderechos, racistas o extremistas. La ventaja es que estos, a pesar de su naturaleza antidemocrática, son abiertos, públicos y conocidos, y así son vigilados y contenidos por la propia ciudadanía.

Este denso y complejo sistema hace muy difícil que un solo grupo político pueda capturar, manipular o comprar con recursos públicos a la mayoría del electorado de manera permanente o sistemática. El origen diverso y la multiplicidad de intereses, tamaños, formas de organización, membresías, recursos, influencia y estructura de estas organizaciones hacen casi imposible el peligro de empujarlas a todas hacia una sola opción política. Y es justo eso a lo que se refiere Fukuyama como el paso hacia una democracia desarrollada: cuando la sociedad civil organizada se convierte en el freno de los intentos de concentración y abuso del poder. Venga de donde venga.

Puesto de otra manera, sabes que estás en una democracia desarrollada cuando el poder público debe enfrentar resistencias fuertes y bien organizadas, en distintos frentes, de todos tamaños y formas de influencia, en los diversos temas de gobierno.

Justo por eso, los populistas autoritarios como, el señor López, aborrecen a la sociedad civil organizada. Nada peor para un populista autoritario que un ciudadano que no se deja comprar fácilmente con dádivas, programas sociales electoreros o discursos grandilocuentes. Los populistas autoritarios viven de la ignorancia y de la necesidad de un electorado que depende de la buena voluntad de su presidente. La clientela electoral no tiene derecho a organizarse fuera del partido en el poder, no puede pedir cuentas, no puede criticar y menos ver por sus propios intereses. La clientela electoral no está compuesta por individuos libres con derechos, sino por miembros de un sistema cerrado de entrega de beneficios, a cambio de votos. Así de sencillo.

Así, hay dos preguntas que debemos contestarnos todos los mexicanos. La primera: ¿quiero vivir en una democracia desarrollada o no? La segunda: ¿soy simple clientela electoral o pretendo ser un ciudadano libre? La respuesta a las dos preguntas es individual, lo mismo que la responsabilidad que trae consigo lo que hagas o dejes de hacer después de contestarlas.