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Salud

¿Cómo afectará el aislamiento la inmunidad a largo plazo?

Los sistemas sanos de inmunidad funcionan mejor cuando se exponen a los microbios. ¿Qué pasará con nuestra resistencia a los gérmenes a causa del confinamiento?

Jugar sucio: a medida que los humanos evolucionaron, nuestro sistema inmunológico aprendió a lidiar con los microbios que nos rodean en el mundo natural. Ilustración: Lehel Kovács / The Observer

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Cada vez que besas a otra persona íntimamente durante 10 segundos, más de 80 millones de bacterias se transmiten de una boca a otra. Si estás en una fiesta y remojas tu totopo tres veces en la salsa, cerca de 10,000 bacterias se transferirán de tus labios al dip. Diles hola a tus compañeros de trabajo mientras te sientas en tu escritorio y también te saludarán 10 millones de bacterias de su superficie.

Las cifras son impactantes pero muchos científicos piensan que la exposición a estos microbios ayuda a mantener en buen funcionamiento nuestro sistema inmune que es una cadena de células y moléculas que nos protege de las enfermedades. En 1989, el epidemiólogo David Strachan propuso por primera vez la “hipótesis de la higiene” que es la idea de que ser demasiado limpio provoca defectos en el sistema inmune y da lugar a enfermedades inflamatorias como el asma y las alergias. Hay gente que debate esta teoría de Strachan y que la higiene salva una gran cantidad de vidas, la información que se ha recopilado durante años apoya la idea que la exposición a los microbios ayuda a desarrollar el sistema inmune.

Pero esperen un minuto. Durante una buena parte del año pasado muchos de nosotros no hemos besado a extraños, ni hemos remojado totopos en las fiestas, ni nos hemos sentado a trabajar en oficinas llenas de gente. De hecho, nos hemos quedado encerrados en casa solos, lavando nuestras manos cada vez que vamos a la tienda y nos aferramos a nuestros recuerdos ya lejanos de los restaurantes y el gimnasio. ¿Qué pasa con nuestro sistema inmune en confinamiento? ¿Qué va a pasar cuando el país vuelva a salir?

Graham Rook, un microbiólogo de University College London, propuso una alternativa a la hipótesis de la higiene en 2003. La hipótesis de “la higiene de los viejos amigos” de Rook propone que como seres humanos evolucionados, nuestros sistemas inmunes aprendieron a vivir con los microbios que nos rodean en el mundo natural. Rook argumenta que necesitamos exponernos a estos “viejos amigos” microbios para que nuestros sistemas inmunes se desarrollen adecuadamente. La hipótesis de Strachan sobre la higiene se enfoca en infecciones mientras que la de Rook se centra en microorganismos menos dañinos.

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“Nuestro sistema inmune es un sistema que aprende, al igual que el cerebro”, dice Rook, y explica que el sistema tiene dos ramas. Nacemos con un sistema inmune “innato” grabado en nuestros genes, pero este se “afina” con  nuestro sistema inmune “que se adapta” y que recoge información de los microbios que nos rodean para determinar cuáles son seguros y cuáles son peligrosos. Sin la información adecuada, el sistema inmune empieza a atacar cosas que no debiera, provocando alergias, asma y enfermedades autoinmunes, cuando el sistema inmune ataca los tejidos de nuestro cuerpo.

Así es que primero las buenas noticias. Cuando eres adulto, ya te topaste con muchos tipos de microbios. Tu microbiota, los billones de microbios que viven en ti y dentro de ti, es “bastante estable y está muy establecida”, dice Rook.  Es poco probable que un año de aislamiento dañe los mecanismos regulatorios del sistema inmune. Pero en lo que respecta a los niños, Rook y otros científicos están preocupados por los efectos de las medidas del confinamiento. “Un niño que se encuentra en el piso 24 de un edificio no se topa con la microbiota adecuada”, dice Rook, y explica que la gente que se queda en interiores lejos del mundo natural y de otras personas limita los microbios con los que puede toparse, y lo mismo sucede con una dieta no variada, que teme será un problema para un niño que no come en el escuela. “Es preocupante”.

Byram W. Bridle es un inmunólogo de la Universidad de Guelph en Canadá. Al principio de los confinamientos, Bridle no estaba tan preocupado por el desarrollo inmune de los niños porque estos se quedan en casa durante algunas semanas cuando están enfermos o durante las vacaciones de verano. “Pero el problema ahora es que ha pasado más de un año y la cuenta sigue”, dice Bridele. “Estamos hablando de un buen tramo de desarrollo en el sistema inmune por lo que no es difícil imaginar que no haya un efecto negativo en los niños”.

Protección de mascotas: los niños que crecen con perros tienen un menor riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes. Ilustración: Lehel Kovács / The Observer

Al igual que Rook, Bridle está preocupado por un aumento en las alteraciones de los sistemas inmunológicos provocados por la exposición limitada de los niños a la  naturaleza. Incluso antes de la pandemia, los científicos explicaban que “los que crecen en centros urbanos de gran tamaño tienden a tener una mayor incidencia de alergias, asma y enfermedades autoinmunes”. Bridle explica que aunque el sistema inmune madura por completo hasta la adolescencia, Desde su nacimiento hasta los seis años es un periodo crítico para su desarrollo.

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Diversos estudios han planteado que pueden surgir problemas cuando los niños se exponen muy poco a los microbios. Se ha demostrado que los niños que nacen por cesárea se exponen a menos microbios de su madre que los otros, y estadísticamente tienen una mayor incidencia de alergias, asma y enfermedades inflamatorias. Un estudio de 2014 de la Universidad de Pensilvania y la Escuela Bloomberg de Salud Pública encontró que los niños que reciben tratamientos frecuentes de antibióticos a edades muy tempranas tienen más riesgo de padecer obesidad y los investigadores tienen la teoría de que la medicina mata muchas bacterias buenas en los intestinos de los niños. Rook dice que al igual que las alergias y las enfermedades autoinmunes, una mala regulación inmune puede provocar inflamación crónica que da lugar a diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares. “Se trata de una lista muy impresionante”.

Tomemos un respiro para apretar el botón de “no te apaniques” en nuestro cerebro. Aunque la exposición de los niños a los microbios se encuentre limitada por el confinamiento, todavía falta saber cuánto.

Al entrar y salir del confinamiento en Reino Unido, muchos de nosotros no hemos estado totalmente aislados durante un año completo. Muchos niños han pasado más tiempo al aire libre que de costumbre. Un análisis del Journal of Forestry Research encuentra que las restricciones del lockdown están relacionadas con mayores visitas a los parques. También se dio un aumento de compras de cachorros durante el último año y hay estudios que indican que los niños que crecen con perros tienen menos probabilidades de desarrollar enfermedades autoinmunes. Además está el hecho de que la exposición microbiana no es todo: la respuesta inmune también depende de nuestros genes.

Sheen Cruickshank, profesora de inmunología de la Universidad de Manchester, es más optimista que Rook y Bridle. “A pesar de todas las intenciones, ¿qué tan súper limpios son los niños? Dice. Cruickshank explica que la investigación sobre nuestro sistema inmune nunca se detiene. Ambos podrían tener razón y ambos podrían estar equivocados”, dice de la hipótesis de la higiene y de la hipótesis de los viejos amigos. “Es algo que estamos investigando a fondo”.

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Bridle enfatiza que aunque sus preocupaciones se basan en “principios científicos sólidos”, siguen siendo, por supuesto, especulativos: “No lo sabremos a ciencia cierta hasta que veamos cómo funciona”. Podrían pasar unos años antes de saber si los niños del confinamiento tienen índices más altos de problemas inmunológicos. “Para que el asma se presente realmente se necesitan cinco años”, dice Brett Finlay, coautor de Let Them Eat Dirt: How Microbes Can Make Your Child Healthier. “La información todavía no está allí, es demasiado temprano, pero le estamos pidiendo a la gente que se fije”, dice. “Hemos cambiado enormemente el mundo en el que vivimos, y cada vez que cambiamos el mundo, cambiamos los microbios”.

Los desórdenes inmunológicos son una cosa, pero ¿las infecciones virales? Muchos de nosotros, adultos y niños, apenas hemos estornudado en un año. ¿Esto no significa que nuestros sistemas inmunes van a estar mal preparados para enfrentarse a los virus cuando el mundo se vuelva a abrir? En lo que se refiere al resfriado común, dice Cruickshank, no tenemos de qué preocuparnos. “En realidad no construimos una resistencia a largo plazo, explica, y “ahora vamos a tener una ventaja cuando salgamos del confinamiento, porque va a ser durante las temporadas más cálidas que son cuando la gente pasa más tiempo al aire libre, los resfriados funcionan mejor en espacios pequeños y cerrados”.

Entre octubre y noviembre de 2020 en Hong Kong, las escuelas reabrieron  después de un cierre de tres meses y se reportaron muchos casos de resfriado común. Ron Eccles, fundador del Common Cold Centre de la Universidad de Cardiff, dice que esos brotes son de esperarse cuando los niños vuelvan a estar juntos después de estar separados tanto tiempo. Afortunadamente, dice, “No hay nada que indique que por el hecho de no haber tenido un resfriado durante una temporada, el siguiente vaya a ser peor”. En lo que respecta a la influenza , Bridle tiene algunas preocupaciones. En enero de 2021, la información del Royal College of General Practitioners reveló que los índices de influenza llegaron al punto más bajo en 130 años y los investigadores consideran que las restricciones de viaje, el distanciamiento social y el lavado de manos ayudó a detener los contagios. Esto puede sonar a buenas noticias, pero Bridle considera que hay que estar preparados para la próxima temporada.

“Tratamos con el virus de la influenza de forma anual porque su mutación es muy rápida”, explica. “Cada año, nos enfrentamos a variantes fundamentalmente diferentes”. Esto quiere decir que las vacunas contra la influenza tienen que cambiar constantemente. Cada año los científicos realizan la vacuna con base en la predominancia de las vacunas que se propagaron un año antes. “En potencia estaremos trabajando con vacunas que se basaron en variantes que circularon  dos años antes en lugar de uno”. Bridle considera que nuestra respuesta inmune estará atrasada también un año.

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Nuestros sistemas inmunes y las vacunas que usemos se van a estar enfrentando  a un virus que pudo acumular dos veces las mutaciones que normalmente enfrentamos”. Existe también el contraargumento de que con tan pocos virus de influenza circulando, la mutación fue menor y que usar la fórmula anterior puede ser una estrategia aceptable.

Sin embargo, Bridle dice  que es muy preocupante para “ambos lados del espectro”, los ancianos y los muy jóvenes. Rook también se preocupa porque la exposición microbiana limitada también puede afectar a los ancianos. Aunque tampoco existen grandes evidencias de que tener una microbiota menos diversa signifique que haya más susceptibilidad a los virus. El tipo de aislamiento que propició el confinamiento que afecta la exposición microbiana podría tener un efecto en cadena en términos de infecciones bacterianas que de otra forma no hubieran sido un gran problema.  Un artículo de 2012 en Nature indica que la microbiota de los intestinos de la gente que se encuentra bajo cuidados prolongados era menos diversa que los de la comunidad normal y que “La pérdida de microbiótica asociada con la comunidad estaba relacionada con un aumento en fragilidad”.

Los adultos de mediana edad y los más jóvenes no se encuentran totalmente fuera del problema ya que aunque no hay riesgo mayor de complicaciones de influenza, hay evidencias de que la soledad y el estrés pueden debilitar el sistema inmune.

Así es que ¿qué vamos a hacer? Rook dice que los niños tienen que seguir saliendo a los ambientes naturales y “correr por el parque con la mayor frecuencia posible”. Finlay aconseja “pensar desde un punto de vista de exposición microbiana”, es decir, salir, abrazar un perro, comer fruta, nueces, legumbres, “todo lo que tu madre te dice que comas” ya que la nutrición es básica para tener un sistema inmune sano. Chruickshank dice que el sistema inmune puede movilizarse con ejercicio moderado. Y resulta crucial que no te engañes y te deshagas de tu desinfectante: la falta de higiene no lleva a un mejor desarrollo inmunológico y es importante mantener la limpieza para dejar fuera otros patógenos dañinos.

Finalmente, Rook subraya que es de suma importancia estar al corriente con el esquema de vacunación de los niños. “No sólo es que las vacunas evitan las infecciones para las que fueron diseñadas, también ayudan a entrenar el sistema inmune en formas no específicas”, dijo.

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Existen muchas preguntas. “Nuestro sistema inmune innato y adaptativo se desarrolla independientemente de nuestra exposición a los microbios. La pregunta es si se desarrollarán de forma adecuada, dice Bridel. A él personalmente le preocupa. “El aislamiento excesivo puede causar daños irreparables a algunos de nuestros niños. Como científico resulta frustrante cuando consideramos esto en el contexto de que los niños tienen muy pocas probabilidades de riesgo por el Sars-Cov-2”.

Los datos todavía no se encuentran allí. Es demasiado pronto para conocer los efectos del confinamiento. Finlay espera que los científicos utilicen esta oportunidad para aprender más sobre la exposición microbiana. “Creo que este es uno de los experimentos más grandes que podamos hacer con la humanidad, tenemos a todo el planeta”, dice. “Hagamos uso de esta oportunidad y estudiemos a los microbios durante un tiempo y sigamos estas cosas. Veamos lo que nos pasa porque lo que ahora sucede es realmente un experimento”.

The Guardian
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