La historia del hombre que limpia los canales de Xochimilco con sus manos
Omar Menchaca recolecta plástico de los canales de Xochimilco en la Ciudad de México el 25 de enero de 2022. Menchaca, de 66 años, jubilado, rema en los canales prehispánicos de Xochimilco, para protegerlos con sus propias manos contra la contaminación. El humedal de Xochimilco, zona turística, es una reserva natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Foto: Claudio Cruz/ AFP

Omar Menchaca es un visitante habitual de Xochimilco. Recorre los canales, uno de los últimos vestigios del México prehispánico, con la misión clara de protegerlos limpiándolos con sus propias manos la basura que dejan los turistas. Él deja sus remos para recoger con sus manos basura, residuos, botellas y empaques que flotan en la superficie del agua en medio de flores acuáticas.

Entre el silencio, el aire frío y los claroscuros del alba, Menchaca viaja en su kayak monoplaza, mientras las garzas y pelícanos alzan el vuelo entre la bruma matinal, suspendidos sobre las aguas. Hacia el sur de la Ciudad de México, los 5,000 metros de altura del volcán Popocatéptl, ubicado entre la capital mexicana y Puebla, coronan la escena.

“El periférico está a solo 600 metros”, sonríe Menchaca de 66 años de edad, un jubilado delgado, quien dejó su auto en el estacionamiento del embarcadero después de salir antes del amanecer de su casa en Coyoacán, en la CDMX.

“Venía a este lugar porque aquí hacía mis entrenamientos para mis competencias”, recuerda este veterano campeón de atletismo. “Con el tiempo empezó a notar desgraciadamente que los canales estaban cubiertos de basura”.

Los canales de Xochimilco se han ido secando con el paso de los siglos, los mismos que en 1987 fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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Omar Menchaca recoge plástico de su kayak después de limpiar los canales de Xochimilco en la Ciudad de México el 25 de enero de 2022. Menchaca, de 66 años, jubilado, rema en los canales prehispánicos de Xochimilco, para protegerlos con sus propias manos contra la contaminación. El humedal de Xochimilco, zona turística, es una reserva natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Foto: Claudio Cruz/ AFP

Amenaza urbana

Xochimilco también es célebre por sus trajineras, una especie de góndolas de colores vivos, que cada fin de semana llevan a bordo parejas, familias o grupos de amigos beben cerveza y comen tacos al son de los emblemáticos mariachis.

Xochimilco es visitado aproximadamente por 6,000 personas los fines de semana. Desgraciadamente no tienen el cuidado de proteger la zona”, lamenta Menchaca que con el remo en la mano, maldice cuando se cruza con botes motorizados.

“Los canales son bajos, medio metro de profundidad. Una embarcación de motor que llega a transportar hasta 40 personas trae ruido, contaminación de aceite y gasolina en los humedales, disminuyendo la oxigenación”, explica.

Al mediodía, Menchaca regresa al embarcadero a través de un vasto canal con una vista impresionante del Ajusco, un cerro que se eleva unos 3,900 metros dentro de los límites de la capital federal.

Su canoa llega desbordada de residuos y basura. “Los del embarcadero deben de recoger toda la basura y no Don Omar”, dice el agricultor Noé Coquis Salcedo, de 69 años.

“Si no hacemos algo…”

En tierra firme, Menchaca vierte los desechos que ha recolectado en un basurero contiguo al lado del estacionamiento del embarcadero donde, ese día, policías al volante de un vehículo de entrenamiento practican derrapes controlados.

Las autoridades locales aseguran que también cuidan los canales y las chinampas de Xochimilco .

“El mantenimiento de canales y apantles es constante, lo que fortalece el ecosistema y permite la libre navegación para beneficio de productores de la región y sector turístico”, afirma el alcalde de Xochimilco, José Carlos Acosta, quien dice que hay 160 kilómetros de canales que mantenga.

“Los canales son senderos”, reflexiona Menchaca, sentado a la mesa de un restaurante al borde del embarcadero, cuando es momento de degustar una enchilada tras horas de esfuerzo físico. “Por eso cuando veo esta basura procuro recuperarla para que quien viene disfrute de un sendero limpio”, dice.

Bajo el cálido sol de enero, jóvenes se sumergen desde lo alto de una trajinera amarrada en el embarcadero.

“Si nosotros no hacemos algo por nuestro planeta, va a llegar el momento en que…”. Omar se queda un momento con las manos extendidas en un gesto de impotencia. “Va a quedar muy poco que disfrutar”.

Con información de AFP.