Premio Goldman: La lucha de una mujer para limpiar de plástico a las Bahamas
Kristal Ambrose (al frente), participa en la limpieza de una playa en Bahamas. "Acá recibimos los desperdicios del mundo, además de los nuestros". Foto: Dorlan Curtis Jr. and Jawanza Small/2020 Goldman Prize

Jonathan Watts/The Guardian

Cuando la más reciente ganadora del premio Goldman, Kristal Ambrose, comenzó a hacer campaña contra los desechos plásticos en las Bahamas, uno de los primeros obstáculos que tuvo que superar fueron los prejuicios de clase y raza.

“Has estado rodeada de gente blanca demasiado tiempo. Nosotros siempre utilizamos bolsas de plástico”, recuerda que le dijeron sus vecinos de Eleuthera, una de las 30 islas habitadas del país caribeño. “Tuve que desafiar la mentalidad de que sólo una cierta clase de personas se preocupan por estas cosas. Les dije que no es sólo para los turistas. Es mi isla y quiero protegerla“.

Luego vinieron retos aún mayores, ya que Ambrose presionó a los políticos locales para que prohibieran el plástico de un solo uso e inició una campaña de educación para informar a la población sobre el consumo excesivo a nivel mundial, en particular en las naciones ricas, lo que contribuye a la acumulación constante de basura en playas, arrecifes de coral y extensiones de mar anteriormente prístinas en el Caribe.

“En las Bahamas, es un asunto muy importante porque recibimos los desechos del mundo además de producir los propios“, dijo. “Esto es el paraíso, hasta que se mira de cerca. Luego ves la contaminación plástica que se produce en el mar de los Sargazos”.

La bióloga marina de 30 años se preocupó por primera vez por el tema hace una década, cuando tuvo que extraer el plástico que había sido tragado por una tortuga marina. La traumática operación duró dos días y la dejó con la convicción de que nunca más dejaría residuos en el suelo. A la edad de 22 años, fue invitada a una expedición para estudiar el océano Pacífico, donde navegó a través de la vasta masa de desechos marinos y domésticos conocida como el gran parche de basura del oeste. Esto le hizo ver cómo los hábitos de consumo individuales tienen consecuencias medioambientales globales. Poco después comenzó la campaña que se convirtió en el Movimiento Plástico de las Bahamas.

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Kristal Ambrose: ‘La mayoría de los ambientalistas en las Bahamas han sido de las clases elitistas’. Foto: 2020 Goldman Prize

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La primera tarea fue crear conciencia, primero entre su propia comunidad y luego en los pasillos del poder en Nassau. Para una joven mujer negra de clase trabajadora de una isla lejana, eso era un desafío.

Las Bahamas no se independizaron de Reino Unido hasta 1973 y durante mucho tiempo fueron gobernadas por una minoría blanca. La desigualdad y el elitismo siguen siendo un gran problema, lo que ha afectado las percepciones de la responsabilidad de la administración de la naturaleza.

“La mayoría de los ecologistas de las Bahamas han sido de la clase de élite. Vinieron de familias ricas que tuvieron el privilegio de hacer trabajo marino porque tenían grandes yates y fueron a un internado. En las Bahamas la mayoría de la gente es negra, pero la gente rica es blanca, y la mayoría de los ecologistas han sido blancos”, dijo Eric Carey, director ejecutivo del Bahamas National Trust.

Ambrose se negó a aceptar esto. En los últimos años, las campañas por la justicia ambiental van cada vez más de la mano de la lucha por la igualdad económica y racial. Si bien los países ricos y las personas blancas de edad avanzada suelen ser la principal causa de los desechos, la contaminación y la inestabilidad climática, las peores consecuencias tienden a concentrarse en las comunidades pobres, jóvenes y negras.

Ambrose comenzó su campaña cerca de casa y entre los jóvenes, antes de diversificarse para abordar las causas estructurales y políticas del problema del plástico. Para los niños de la localidad organizó un programa de educación ambiental llamado Junior Plastic Warriors, con actividades de música, danza y arte. Para los adolescentes se centró en el reciclaje y organizó un “desfile de moda de basura” (trashion fashion show). Antes del auge mundial del activismo juvenil iniciado por Greta Thunberg, dirigió un grupo hacia Nassau a principios de 2018 que golpeó escritorios y cantó demandas para que el ministro de Medio Ambiente prohibiera los plásticos de un solo uso. Varias naciones del Caribe ya habían aplicado restricciones similares. Ambrose fue invitada a ayudar a redactar la ley para las Bahamas, que entró en vigor este año.

Su logro fue reconocido el lunes cuando se le concedió el prestigioso premio ambiental Goldman, que se otorga cada año a activistas en cada uno de los seis continentes habitados del mundo.

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Ambrose cabildeó con los políticos locales la prohibición del plástico de un solo uso. Foto: Dorlan Curtis Jr and Jawanza Small/2020 Goldman Prize

Por tercer año consecutivo, la mayoría de los ganadores son mujeres, una tendencia que se fortalece en los 30 años de historia del premio.

La selección de Ambrose destaca el creciente poder del activismo juvenil y los temores crecientes respecto del plástico oceánico, mientras que otras opciones reflejan la mayor prominencia de las campañas contra el carbón y el petróleo o a favor de los derechos de los indígenas.

Los activistas en contra del combustible fósil ganaron tres de los seis premios. En Africa, el ganador fue Chibeze Ezekiel, cuya campaña popular de cuatro años en Ghana logró bloquear la primera central eléctrica de carbón del país e impulsó al gobierno a comprometerse con un futuro de energía renovable. En Europa, el premio recayó en Lucie Pinson, que presionó a tres bancos y dos compañías de seguros francesas para que pusieran fin al apoyo a las minas de carbón y a las empresas relacionadas. En América del Sur, que durante mucho tiempo fue el continente más peligroso del mundo para los activistas del medio ambiente y de la tierra, Nemonte Nenquimo, de Ecuador, fue reconocida por sus acciones para proteger el territorio waorani, en la selva amazónica, de la extracción de petróleo.

La importancia de los derechos de los indígenas también fue reconocida en las elecciones para Asia y América del Norte: Paul Sein Twa, que dirigió la exitosa lucha del pueblo karen para establecer un parque de la paz y una zona de biodiversidad de 1,35 m de superficie en la cuenca del río Salween en Myanmar, y Leydy Pech, apicultora maya indígena, que dirigió con éxito una impugnación legal contra los planes de Monsanto de plantar soya genéticamente modificada en el sur de México.

Ambrose dijo que el premio ayudará a su campaña a ganar más exposición. Ahora está estudiando los residuos marinos en Suecia y pretende utilizar los resultados de su investigación para crear organizaciones más fuertes y una mayor conciencia en las Bahamas.

“Tenemos que superar la brecha entre la comunidad y la ciencia. No es bueno publicar la investigación todos los años si la información no llega a la gente”, dijo. “El plástico es sólo una herramienta.

“Se trata de mucho más que eso. Se trata de ayudar a los jóvenes a encontrar su voz y reconocer que estamos juntos en esto”. 

Traducido por René Soto.

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