La música se fue, quedó el mar

El 2020 fue el año elegido para un movimiento en dos etapas que nos bajaría de los 2,400 metros de Tenochtitlán, altura en la que transcurrieron los anteriores 11 años de nuestra vida, hasta los 10 metros sobre el nivel del mar de Playa del Carmen, donde por unos meses “jugaríamos al Caribe” para seguir en algún momento un deseado viaje a Argentina.

En el medio tenía una intensa gira de un mes tocando mi música por Europa. El universo decidió que tanto movimiento era muy pretencioso.

Día a día fueron desintegrándose las presentaciones programadas hasta que la estocada final llegó en un mail de Aeroméxico que anunciaba la cancelación del vuelo a Argentina por tiempo indeterminado.

Había que optar entre la locura de intentar irnos de cualquier forma o relajarnos y abrazar el Caribe hasta que el mundo abriera otras posibilidades más amables. Nos quedamos.

El Covid se llevó nuestros planes trayendo incertidumbres y temores que de a poco dejaron paso a nuevos planes y certezas nacidos de caminos entre playas y selvas.