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Messi no necesita que nadie escriba su leyenda. La escribió él. Ocho Balones de Oro, un Mundial, dos Copas América y una carrera que difícilmente volveremos a ver.
Un gol en un Mundial pertenece a esa segunda categoría. No basta con celebrarlo. Hay que mirarse, abrazarse, gritarlo con alguien más, aunque ese alguien haya sido un desconocido apenas unos segundos antes.
Manuel Escribano, desde Sevilla; Luis David Adame y Leo Valadez, desde Aguascalientes; seis toros de Rancho Seco y una fecha que no es cualquiera, pues hablamos de una corrida para conmemorar quinientos años de tauromaquia en México.
Nueva York esperó cincuenta y tres años para volver a ser campeón de la NBA.
La Copa del Mundo es una gesta en la que la FIFA, la de Infantino por supuesto, hace participar a un friego de equipos, pero son pocos y los mismos de siempre los que aspiran a beber ese cadiz.
En algún rincón de su memoria colectiva permaneció intacta la duela naranja y azul, el Garden rugiendo, y la sensación de que los Knicks todavía importaban.
La Major League Baseball es su vitrina más visible y la Serie Mundial su ritual más reconocible.
El deporte creció. Y en ese crecimiento, eligió a quién incluir (palabrita de moda estos días). Pero la distancia no termina en las gradas.
“Me atrae lo efímero. Me gustan las obras de arte que reflejan un cambio constante”, Rafael Lozano-Hemmer
El descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec debería ser una llamada de alerta sobre el grado de supervisión y responsabilidad en las grandes obras públicas.
Desde noviembre del año pasado, cuando se nombró Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX, el danzón no había tomado un foco tan mediático.
Lo que estamos viendo hoy es, en realidad, el regreso de lo más viejo: la lógica del poder duro: aranceles, ejércitos y bloques geopolíticos.
“Sobriedad me estás matando” es una carta de amor para quienes no encajan. Recaídas, caos, ansiedad y afecto en una comedia negra mexicana.