A pesar del triunfo de un artista latino como Bad Bunny en la entrega de los Grammys, aún hay límites para la “rebeldía” de la industria del entretenimiento frente a las políticas del presidente Donald Trump. Como suele ser el caso en todo lo referente al espectáculo, se trata de una rebeldía calculada. Al pueblo, pan y circo.
No olvidemos cómo, apenas el año pasado, la película francesa Emilia Pérez se perfilaba para ser la gran ganadora del Oscar, con un total de 13 nominaciones y altas probabilidades de que Karla Sofía Gascón se convirtiera en la primera actriz trans en ganar el premio a Mejor Actriz…hasta que se desató aquel escándalo por todos conocido y ya nada de esto sucedió. Pero, durante un largo tramo de aquella temporada de premios, se manejó la versión de que esta sería la forma en que Hollywood mostraría su apoyo a la comunidad trans y se enfrentaría a Trump.
El resultado fue contraproducente. Justificado o no, el fracaso de Gascón sirvió de combustible para la persecución contra esta comunidad en Estados Unidos, las políticas de Trump avanzaron y, hasta la fecha, se les siguen negando sus derechos. Me pregunto si en el caso de Bad Bunny, a pesar de tratarse de un triunfo, las secuelas pudieran ser igualmente negativas. Por ahora, la amenaza de redadas durante su presentación en el Super Bowl de este fin de semana ha sido suspendida.
Lo comenté hace poco, que la temporada de premios se ha distinguido por un silencioso rechazo al cine internacional en Estados Unidos, pero no es tan simple como parece. Todas las organizaciones encargadas de entregar premios, en cualquier parte del mundo, tienen derecho a destacar las películas que sus miembros así consideren. Lo que sucede en Estados Unidos es que muchos de estos premios son entregados por sindicatos: actores, productores, directores, escritores, etc. Es lógico que dichas organizaciones prefieran reconocer lo hecho en su propio país.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, las reglas de lo que puede y no puede ser premiado son flexibles, por lo que hay ocasiones en que sí destacan algunos títulos internacionales. No así en 2025/2026, razón por la que varios medios de comunicación se han dado a la tarea de hacer notar (quizá exageradamente, quizá no) esta falta de reconocimiento al cine realizado en el mundo, desatando otra polémica que continúa dividiendo a los Estados Unidos de Trump.
Y eso no es todo, la situación se complica. El pasado mes de mayo de 2025, Trump publicó en la plataforma Truth Social un plan para imponer aranceles del 100% a todas las películas producidas fuera de Estados Unidos que ingresan al país, poniendo énfasis en las producciones hollywoodenses que no se realizan ahí. El por qué esta noticia no escandalizó a los fans del cine en todo el mundo y no tuvo más cobertura en medios de comunicación es algo que me intriga.
“Otros países ofrecen incentivos para alejar a nuestros cineastas y estudios de Estados Unidos. Hollywood y muchas zonas están siendo devastadas”, escribió Trump. “Este es un esfuerzo conjunto de otras naciones y, por lo tanto, una amenaza para la seguridad nacional. ¡Queremos cine hecho en América otra vez!”.
Aunque la Casa Blanca aclaró que aún no se tomaban acciones concretas para la aplicación de aranceles a las películas producidas fuera de Estados Unidos, dejó abierta la posibilidad de explorar todas las opciones para cumplir con esta directiva de Trump y proteger la seguridad nacional y económica de Estados Unidos, “para hacer que Hollywood vuelva a ser grande otra vez”.
Información como esta podría confirmar la aparente censura al cine extranjero, pero no lo sabremos hasta que sea un hecho. Mientras tanto, el postureo de la industria del entretenimiento continúa, con figuras del espectáculo aprovechando cualquier premio para lanzar discursos de agradecimiento que se convierten en sermones sobre la actualidad política.
Quiero terminar con una nota positiva, y por eso diré que el gesto se agradece. Artistas de esta magnitud, con millones de seguidores en redes sociales (y en la vida real), que deciden adoptar una postura política a favor de las buenas causas, no es poca cosa en la era de internet. Solo nos queda esperar que sus motivaciones sean sinceras y que no vayan a cambiar de opinión, o se queden callados, cuando la realidad les pase factura.