Las personas me reclaman que solo me enfoco en lo negativo, pero les juro que no soy yo... es el mundo. Como escritor y periodista me atraen muchos temas, ¿pero cómo podría escribir sobre cosas triviales e inconsecuentes cuando el mundo se está cayendo a pedazos? Ustedes disculpen que no me disculpe.
No me lo invento, a las pruebas me remito. En la actualidad, el mundo enfrenta más de 130 conflictos armados. Entre las principales guerras se encuentran la invasión rusa de Ucrania, el conflicto entre Israel y Palestina, entre Israel e Irán, la guerra civil en Sudán, el enfrentamiento entre el Congo y Rwanda, la inestabilidad en Myanmar y la violencia en Nigeria y el Sahel. Esto, además de la intervención de Estados Unidos en Venezuela y las muertes en Minnesota a manos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
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Se entiende, entonces, que la gente busque una distracción, cualquier distracción, donde pueda encontrarla. Pero una cosa es tratar de mantenernos optimistas y otra muy distinta es la “positividad tóxica”, esa imposición del pensamiento positivo como única forma para manejar nuestros problemas y que nos exige evitar -o directamente negar- pensamientos y actitudes que pudieran interpretarse como negativas.
Intentar evadir la realidad tampoco es sano. De acuerdo con diversos estudios, tener expectativas muy altas de felicidad suele ser dañino para nuestra salud mental. Una investigación de 2014, de Ford y Mauss, plantea que obsesionarse con la felicidad y centrarse excesivamente en ella es perjudicial para el bienestar.
Sin embargo, la principal función del “entretenimiento”, por definición, es distraer, y durante la segunda mitad del siglo XX los avances en medios electrónicos hicieron posible el “entretenimiento masivo”, con innovaciones tecnológicas que permitieron a las personas ver, escuchar y participar en todas las formas habituales de entretenimiento sin importar la distancia. Así empezamos a volvernos adictos a la distracción.
Por muchos años, el cine ha sido una de las principales formas de entretenimiento masivo, pero no todo el cine tiene como propósito entretener. El cine documental, por ejemplo, crea registros y se encarga de divulgar información, mientras que muchas películas hollywoodenses, a pesar de ser concebidas como una forma de escapismo, también le exigen al público una participación más reflexiva.
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¿Qué pasa entonces cuando el entretenimiento se niega a darnos esa distracción? Un análisis rápido de las películas más nominadas a los premios más importantes de este 2026, deja claro que no tienen finales felices. ¿Será por abundancia de comentario social? ¿Acaso es un reflejo fiel de nuestros tiempos? O quizá habría que empezar por definir lo que hoy entendemos como felicidad.
No hay que olvidar que los medios de comunicación y el entretenimiento también influyen en nuestro estado de ánimo. Recuerdo muy vívidamente una ocasión en que invitamos al doctor de la familia al cine, y no habían pasado ni 10 minutos de película cuando se levantó y se fue. Después nos explicaría que él se negaba rotundamente a permitir que una película lo manipulara emocionalmente al grado de provocarle tristeza. ¿Tal vez deberíamos seguir su ejemplo?
A continuación, un largo segmento de spoilers. Advertencia: si no han visto la mayoría de las películas nominadas, es buen momento para detener la lectura. Si ya las vieron, o no las quieren ver, o no les importa conocer los finales, podríamos iniciar un debate muy divertido sobre lo que hoy se considera un final feliz.
En Bugonia, la humanidad es erradicada por ser un peligro para otras civilizaciones. En Frankenstein, Elizabeth y Victor mueren al final y el monstruo vaga eternamente. En Hamnet, el hijo muere a causa de la peste. En Una batalla tras otra, Willa no se reencuentra con su madre y descubre que Bob no es su padre. En El agente secreto, Fernando no vuelve a ver a su padre pues Armando murió durante una manifestación. En Sinners, todos mueren menos uno y los vampiros prevalecen. En Marty supremo, el protagonista se lleva a todos entre las piernas con tal de satisfacer su ego. Y en Sirat… ya para qué les cuento.
Pero como dicen, la realidad supera a la ficción, y en el caso concreto de Marty supremo se ha generado una rivalidad muy tóxica entre los hermanos Safdie, los directores de cine que, después de trabajar juntos por varios años, continúan distanciándose por un nuevo escándalo. Josh Safdie, director de esta película, tras opacar a su hermano, Benny Sadfdie (que este año lanzó La máquina y no fue reconocida entre las nominadas al Oscar), se ha visto ligado a un caso de acoso sexual que cuestiona sus métodos como director, y hay quienes aseguran que es su hermano quien reveló la información. Me interesa más saber el final de esta historia.
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Creo que la única película que tiene un final feliz, en el sentido tradicional, es Valor sentimental, y quizá por esta cursilería se volvió la favorita de tanta gente. Pero, en lo personal, yo hubiera preferido que el personaje de Elle Fanning se quedara con el papel protagónico y que Nora resolviera sus problemas con Gustav aparte… cada quien su idea de un final feliz.
Ya para terminar, reconozco que algunos de estos finales quedan abiertos a interpretación y habrá quien piense que las últimas imágenes de estas películas sugieren un futuro esperanzador o que provocan alguna especie de catarsis. Pero, en sí, estas son las circunstancias en las que nos despedimos de tales personajes antes de que los créditos comiencen a rodar. Y luego dicen que uno es el negativo.