Todas las personas desaparecidas son igual de importantes. A cada familia nos hace falta nuestro ser amado, los necesitamos para seguir viviendo, nos urge buscarlos, encontrarlos y recibirlos de vuelta.
Las inequidades en la vida “real” están más arraigadas a tan solo decir si uno es mujer u hombre, los sesgos se inmiscuyen hasta en las ranuras más delgadas de nuestra sociedad y se identifican en los comportamientos físicos y digitales que tenemos.