‘La vida alegre’: el libro que se lee acompañado de una playlist de boleros
Esta novela relata de una manera pícara la vida de de dos personajes que se encuentran con la esperanza de que habrá una segunda oportunidad.

Sandalio y Poli son dos “Sanchos Panza” que viven aventuras en las páginas de La Vida Alegre, mientras encuentran una complicidad que le significado a su amistad. Ambos son músicos, aunque de universos distintos: el primero es una leyenda venida a menos del bolero y el segundo un rockero que vive frustrado.

Su historia es divertida, inverosímil. El autor Daniel Centeno relata de una manera pícara la vida de ambos que se encuentran con la esperanza de que habrá una segunda oportunidad. El lector puede disfrutar de esta novela con la compañía de una playlist de boleros que sirve para acompañar los tragos amargos de los protagonista de la historia.

“Quiero que al final de este libro, repasemos nuestro cancionero popular y que ataco el humor sin ninguna vergüenza. Me llama mucho la atención la picaresco, pero siento que el humorismo siempre ha quedado como un material de segunda“, relata el escritor venezolano.

En el relato, ‘Dalio’ y Poli tienen un perfil latinoamericano que encuentran en las melodías la forma de encontrar consuelo a sus vivencias, en las cuales Tin Tan bien podría pasearse por las páginas de este libro. El sarcasmo y la desventura, la capacidad de reírse de sí mismos son las constantes, cuando la música de Javier Solís, Los Panchos y La Sonora Matancera suena en un segundo plano.

“Buena parte de la génesis de este libro es que me gusta mucho la música, consuma mucha música”, explica Centeno, quien no tiene dudas en que a lo largo de su vida se dio cuenta de lo valiosos que es la música de bolero.

“Yo escribo sobre música, la música me hace mejorar mi humor. Soy rockero: compraba discos de Iron Maiden o Megadeth y me parecía muy naco escuchar música de mis padres. Si en mi casa, escuchaba una ranchera de Javier Solís, Pedro Infante o se escuchaba a Los Panchos, yo salía con crucifijos de la casa. Cuando empecé a crecer un poquito más, cuando me enamoraba iba tarareando boleros. Cuando me tronó alguna chava, cuando estaba destrozado y ardido, el mejor acompañamiento para varias caguamas es José Alfredo Jiménez”, asegura.

‘Soy el hijo incómodo de Rulfo y Vargas Llosa’

En la historia de la literatura latinoamericana, existen exponente que desplegaron sus letras con humor. Daniel Centeno recuerda a Jorge Ibargüengoitia, Enrique Serna y Juan José Arreola. Sigue sus pasos.

“Me interesa mucho plasmar la picaresca, porque el humor siempre ha sido visto como un material de segunda. Un Oscar nunca se lo dan a una comedia. No sé las razones, pese a que El Quijote de la Mancha es una novela llena de humor de principio a fin. Jorge Ibargüengoitia, Arreola, Enrique Serna…toda es gente me ha demostrado que se puede escribir con humor”, describe.

Daniel Centeno gusta de escribir sobre situaciones humorísticas. Foto: Cortesía Alfaguara

“El humor es esencial para entender la vida. En El Nombre de la Rosa todo el tema de llibro era que la religión intentó borrar un libro de Aristóteles que trataba sobre la risa, porque en el momento en el que el hombre se ríe, pierde el miedo no le hace caso a la religión y a la iglesia”, añade.

Al escribir sobre personajes cuyas anécdotas chuscas, el escritor venezolano también vislumbra que su obra tiene la influencia de varios de los grandes literatos de todos los tiempos.

“Yo soy hijo de muchos de los escritores latinoamericanos como Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, soy un hijo incómodo, quizás, el hijo que no quisieron tener”, deduce.