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Entrevista

Imperdonable: ‘No buscamos redimirles por los crímenes que han cometido’

No es una película sobre pandillas, estructuras criminales o sólo homosexualidad, sino sobre “una sociedad con una brújula moral pervertida”, donde enamorarse es equivalente a matar, dicen en entrevista la cineasta Marlén Viñayo y el periodista Carlos Martínez, sobre la que se ha convertido en la primera película salvadoreña calificada para competir por una nominación a los premios Oscar

Foto: Neil Brandvold.

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Una historia inaudita por contar. El periodista salvadoreño Carlos Martínez, integrante del equipo del proyecto periodístico El Faro –que recién obtuvo el Premio Gabo junto con el diario El País, por la mejor cobertura en el periodismo de Iberoamérica 2020–, se encontró con ella sin buscarla, durante una visita en 2019 a la cárcel de San Francisco Gotera, ubicada en el departamento de Morazán, al oriente de San Salvador.

La experiencia por más de una década en cobertura periodística sobre pandillas en Centroamérica, le demostró que aún tenía sucesos inesperados por descubrir. 

Lo sabía mucho tiempo atrás: “En el mundo pandillero la homosexualidad se considera una condición vergonzante y ante la mínima sospecha de que un miembro pueda serlo, la pandilla los asesina mediante métodos horrorosos”.

Por ello no salía de la sorpresa al darse cuenta de que ahí había un sector donde vivían varios reclusos, en aislamiento, dado que habían decidido no sólo vivir abiertamente su preferencia sexual, sino también convivir en una celda con miembros de pandillas enemigas. “Yo había estado en muchas cárceles de pandilleros. Fue sorprendente que estuvieran ahí, vivos”.

Tras contar lo sucedido a la cineasta española Marlén Viñayo, quien en enero pasado fue elegida como “cineasta iberoamericana del año” en los premios POY Latam –que celebran lo mejor del periodismo visual en Iberoamérica–, decidieron contar la historia juntos a través de una película. El resultado fue el cortometraje documental Imperdonable, con estreno en la plataforma Vimeo On Demand al público el viernes 5 de febrero a través de El Faro, productor del mismo junto con La Jaula Abierta. 

El estreno se da cuando ésta ya se ha convertido en la primera película salvadoreña calificada para competir por una nominación a los premios Oscar, además de obtener el premio al mejor cortometraje documental en tres importantes festivales de cine en Canadá, México y Holanda, formar parte de la selección oficial de otros 12 festivales en América, Europa y Asia, y ser elegido elegido por la International Documentary Asociation entre los mejores 10 cortometrajes de 2020.

En entrevista con La-Lista, su directora Marlén Viñayo (MV), y su coguionista, el periodista Carlos Martínez (CM), hablan del proceso creativo y su significado de realización en un país como El Salvador, donde prácticamente las condiciones para la realización cinematográfica son nulas:

CM: Fue complejo. Me resultó tan inaudito. Y Llegamos a filmar sin saber exactamente qué historia íbamos a contar pero seguros de huir de los clichés y el sensacionalismo, de intentar decir algo profundo con el tiempo que teníamos, 12 días de filmación. Es una película que tiene su origen en el desconcierto. Ambos buscamos la historia bajo la premisa de que, tanto para los reporteros como para los documentalistas es esencial guardar silencio y escuchar. Esperar que en el silencio la realidad nos revelara motivos y argumentos profundos, cada día de rodaje calibramos y buscábamos quién era el personaje, hacia dónde iba. La historia está habitada por la sorpresa y los hallazgos sorprendentes que la realidad nos iba mostrando.

¿Cuáles eran las posibles historias por contar a partir del hecho?

CM: Pensamos por ejemplo, que era interesante intentar ensayar algo sobre la idea que estas personas tenían sobre la masculinidad, sobre ser hombre viniendo de estructuras criminales que privilegian un sentido y una manera de ser hombre, que ensalzan digamos la manera de ser macho, y en esa estructura, cómo la violencia o la manera de imponer la presencia, es una constante. Buscamos también la idea de explorar, a partir de una frase que me dijeron de que en esa celda se sentían libres: ¿Una serie de personas que consiguen sentirse libres en una pequeña celda? Desde luego, la realidad nos desbarató.

MV: Todo eso fue antes de empezar a rodar. Era producto sólo de ese día que Carlos había logrado hablar brevemente con dos de ellos. Teníamos poco tiempo de rodaje, 12 días, que finalmente nos autorizó la Dirección de Centros Penales de El Salvador. Otra de las ideas que a mi me llamaba mucho la atención incluso antes de conocerles, era intentar entender por qué estas personas deciden formar parte de una organización criminal que ellos saben, de entrada, que les odian y les pueden matar por ser gays, por ser quienes son.

“La idea era no forzar la historia pero sí tener un ángulo desde el cual partir y hacia dónde apuntar la mirada. Supongo que el éxito de poder contar una historia profunda tiene que ver con guardar silencio y guardar en una gaveta íntima los preconceptos”.

Carlos Martínez, coguionista de Imperdonable

La cinta se ofrece como un acercamiento a los personajes desde una mirada sin prejuicios, desde la dimensión humana de quien puede asesinar pero también amar, y que toca otras realidades en torno suyo, como la desigualdad, la pobreza o la libertad…

MV: Fue un proceso lleno de incertidumbre en busca de la historia que queríamos contar. Desde un lado más personal, en mi caso fue una vorágine de sentimientos, porque estamos tratando con seres humanos e historias de vida muy complejas que nos mostraban facetas opuestas a lo que se sabía de ellos. En un momento te podían contar con una frialdad absoluta como habían asesinado a alguien, incluso cómo se habían llegado a comer un corazón, y a los 10 minutos te transmitían ternura y empatía. Eso también nos hacía cuestionarnos muchas cosas.Yo estaba muy conflictuada porque no sabía qué sentía o qué debía sentir por ellos. Después de darle muchas vueltas, no sólo durante el rodaje sino durante el proceso de edición, terminamos pensando que no teníamos que definirlo.

La idea del cortometraje es esa: mostrar al público también nuestra duda, nuestros conflictos e intentar, como nosotros decimos, dejar los cables pegados, que el espectador, después de ver la película, dude, reflexione y decida, si quiere, qué sentir por ellos. De ninguna manera, a través de la película, y eso fue muy importante para nosotros, buscamos redimirles por los crímenes que han cometido. Simplemente buscamos mostrar esta realidad, los seres humanos somos muy complejos y somos más allá de las categorías de “buenos perfectos” o “malos perfectos”.

¿Qué panorama prevalece en El Salvador en relación con crímenes de odio por esta razón?

CM: Hay cifras y eventos escandalosos que tienen que ver ya no sólo con la actividad de las organizaciones criminales o pandillas, sino también con la manera en que “un buen ciudadano” o la sociedad civil habita este mundo y que es capaz de arrastrar amarrado a una camioneta a una persona transexual viva, hasta matarla. La policía nacional civil también se ha visto involucrada en el asesinato y la tortura de personas homosexuales, lesbianas o personas trans en el país. El Salvador es, además, un país con muy poca formación o conciencia y debate alrededor del tema. Lamentablemente los debates que se forman son bastante endogámicos, es decir, son organizaciones o grupos predicando para convencidos. Hay muy poco alcance desde luego. No hay manuales de educación sexual, no hay educación sexual en nuestras escuelas, tenemos leyes muy restrictivas y muy conservadoras. Ha habido modificaciones constitucionales para prohibir el matrimonio o la concepción, la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo, es decir, El Salvador, creo que en general América Central, tiene todavía muchos pasos detraś de países como México o como los países sudamericanos.

Ahora, así como creemos que con Imperdonable no hemos hecho una película sobre pandillas ni estructuras criminales, también creemos que no es exclusivamente una película sobre la homosexualidad. Preferimos creer que hemos elaborado un discurso sobre una sociedad con una brújula moral pervertida, rota, en la que es posible pronunciar el verbo amar, justo al lado del verbo matar, una frase que tiene sentido y que la convierte en una realidad muy loca y donde hay entidades que se suponen bienhechoras, como las iglesias evangélicas que aseguran que para su Dios es equivalente matar a una persona o cometer un acto de canibalismo, a enamorarte de otra persona. No nos sentimos cómodos pensando que la película queda encasillada como de temática criminal o sobre la homosexualidad o sobre homosexuales o sobre comunidad LGBTI. Todo se complejiza y al final esa es la maravilla del cine, que intentamos poner un espejo delante de esta sociedad, desde un lugar mínimo y extremo como es una celda de aislamiento al interior de una prisión.

MV: De hecho, en todo ese proceso de incertidumbre comenzamos a ver la luz, cuando Geovany, el protagonista, nos dijo una frase que aparece en el documental: “Yo pienso que matar a una persona sí es malo pero no tan difícil, pero amar a otro hombre es algo fuera de lo natural”. Cuando escuchamos eso nos sorprendió tanto y nos hizo reflexionar acerca de la sociedad en que vivimos ¿cómo es posible que esta sea la realidad para él? A partir de ese momento decidimos que a través de la película intentaríamos, primero nosotros y luego a través de la película explicarla. Ahí fue que nos encontramos a varios agentes que aparecen en la película como la pandilla, la iglesia, el Estado y el propio individuo, con sus propios conflictos internos por el hecho de ser gay.

¿Encuentran diálogo o conexión, con sus respectivos matices y el hecho de que es ficción (a partir de realidad), con la película mexicana Ya no estoy aquí, que al igual que ustedes está en la competencia por los Premios Oscar?

CM: El trabajo que hacemos los periodistas y los primos hermanos, los documentalistas, va más allá de apelar al ejercicio técnico o a la belleza que puede contener un relato. Partimos de la necesidad de involucrarnos con las sociedades y ser un espejo en el que puedan verse las facetas de quiénes somos, y por supuesto, el ser instrumentos a través de los cuales generar conversaciones, debates, conflictos. La belleza o la pericia en sí misma, sólo tiene sentido, o al menos es la forma en la que lo entiendo, si consigue ser una bomba de profundidad y de incomodar. Una buena película, una buena crónica o un buen libro deben incomodar, no dejarte igual, debe transformar o al menos tener la vocación de hacerlo. En este caso, yo no soy cineasta, soy reportero, escribo, y estoy muy sorprendido del enorme poder de conexión y del enorme poder evocativo que tiene el cine. Cuando vi estos muchachos, supe que no era suficiente decirlos a punta de letras y pensé que el espectador tenía que verlos y escucharlos, ver su cotidianidad. Me he dado cuenta de que el cine es una herramienta, un instrumento en extremo poderoso, sobre todo porque apela también a la emoción y tiene la enorme capacidad de generar empatía, de generar cercanía con realidades tan diferentes o abismalmente lejanas aunque estén en el mismo país. 

La maravillosa película Ya no estoy aquí es tan poderosa, precisamente porque desde la ficción apela a elementos íntimos de la esencia de ese país al que quiero y añoro tanto que es México, de su relación con los Estados Unidos, de la búsqueda de identidad de una generación completa de muchachos que han crecido en la negligencia, el abandono, la soledad, de la violencia como elemento cotidiano, como parte del paisaje, de la perversidad que entraña el narcotráfico.

En el caso de Imperdonable, desde nuestros formatos y las posibilidades que se tienen en el país, es una pieza que busca hacer eso, remover, incomodar, cuestionar y retratar, tomando un poco en cuenta también que la industria cinematográfica en México tiene años luz de distancia con respecto a la industria cinematográfica en Centroamérica, en la medida en que… no existe (risa irónica). En la medida de que no hay industria, no hay formación, no hay escuelas, no hay fondos, no hay compradores. Hay escasos exhibidores, no hay leyes (marco jurídico). ¡Está cabrón pues! Pero es un reto también contarse a través del cine. Creo que el cine le ha hecho mucho bien a México, a Argentina, a España Y también que estos obstáculos que menciono (en el caso de El Salvador) no pueden ser excusa para no hacer nada, para quedarse callado y permitir que la realidad exista sin que al menos la percibamos e intentemos escucharla. Hacer cine aquí no es fácil. 

MV: Hacer cine en El Salvador es una carrera de fondo y somos bien poquitos los que intentamos hacerlo. Solamente puedes ser cineasta si te mueres por hacer cine y si mueres por contar una historia. Con Imperdonable se demuestra, no es una película de gran presupuesto ni se filmó con grandes equipos técnicos. Pero nos parecía una historia importante que se tenía que contar y pusimos todo nuestro empeño. Por eso nos alegra tanto que le haya ido tan bien internacionalmente, primero en los festivales, y que ahora en las consideraciones de los Oscar. De alguna manera eso hará que otra gente ponga un ojo en El Salvador, en el cine salvadoreño que está comenzando y en la realidad salvadoreña.También aquí mismo.

¿Qué le deja a cada uno Imperdonable?

CM: A mí dos cosas. Lo primero es la idea de que no importa cuanto conozcas un fenómeno y cuánto pienses que estás en el acto de observar la realidad y en capacidad de sorprenderte o indignarte. La realidad supera con creces cualquier cualquier ficción y la necesidad de seguir comprendiendo a las sociedades y a las personas en su complejidad es infinita, probablemente inalcanzable, por lo tanto un evento delicioso, fascinante. Y lo segundo: creo que el futuro del periodismo, hablo desde mi trinchera, demanda hibridarnos, repensarnos en la forma, siguiendo la lógica de Gabriel García Márquez: lo importante debe ser interesante y lo importante sólo se consigue atrapar si uno se revuelca la cabeza pensando el cómo. La forma es un ingrediente esencial de nuestro oficio de contar historias y el cine tiene lecciones extraordinarias que darnos a los periodistas. Creo que el futuro del periodismo consiste en aprender de otras disciplinas como el cine, la pintura, el cómic, la fotografía, la radio en el sentido más clásico, la música, son instrumentos para buscar ser no sólo profundos sino interesantes.

MV: Para mí ha sido una experiencia muy intensa. Como directora de cine, llegué a Imperdonable con 12 días de grabación, cuando venía de filmar un largometraje al que dediqué más de 1 año y medio, un proceso muy complejo, un reto. Pero fue un proceso en el que me gustó mucho seguir explorando lo que había iniciado previamente: la exploración de lo complejo del ser humano. Y dejarme en claro que no hay víctimas perfectas ni victimarios perfectos. Con Imperdonable no iba buscando eso pero lo encontré y exacerbado. A nivel personal esos conflictos internos me han enriquecido mucho. Tengo claro que no sirven de nada esas calificaciones de buenos perfecto, humanos perfectos. Es mucho más complejo, y lo tuve claro cuando me paraba a pensar: ¿Cómo es posible que un niño de 12 años se convierta en asesino? ¿En qué sociedad vivimos y qué sociedad hemos construido para que sea así? Claro, cuando ese niño crece, todos lo vemos como el malo perfecto. El asesino. Pero ¿nos preguntamos cómo comenzó a asesinar y nos detenemos a pensar que era un niño?

Por otra parte, con esta película me he dado cuenta de que me ha servido para demostrar que si tienes una buena historia y mueres por contarla, no importa que no tengas un gran presupuesto ni los mejores equipos o cámaras. Las historias como Imperdonable pueden llegar lejos. Quisiéramos animar con esto también a gente que hace cine en países como los nuestros: sin presupuesto. Siempre nos quejamos, pero al final, lo más importante es tener una historia y que nos cuente algo sobre quienes somos como sociedad. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que este cortometraje que hicimos con bajísimo presupuesto iba a dar la vuelta al mundo y ahora puede ir camino al Oscar? Nunca nos lo hubiéramos imaginado.

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