Charlie Brooker, creador de <em>Black Mirror</em>: ‘<em>Succession</em> me hizo enfurecer de envidia’
Charlie Brooker. Foto: Matt Holyoak / Netflix

En el año 2000, un periodista de videojuegos relativamente desconocido llamado Charlie Brooker asumió el cargo de crítico de televisión de Guide de The Guardian. Sus columnas Screen Burn no se parecían a nada existente en los medios de comunicación británicos antes o después. Apasionadas y despiadadas, guiaron a los lectores a través de una década que vio los inicios de la televisión de realidad y la “edad de oro” del drama. Sus columnas dieron lugar a dos libros y a la serie de televisión de la BBC Screen Wipe. Brooker escribió su última columna de Screen Burn en 2010, y después desapareció del mapa, salvo para producir el fenómeno televisivo Black Mirror, que cuenta con Jon Hamm, Michaela Coel y Daniel Kaluuya entre sus protagonistas, así como para firmar un acuerdo de múltiples programas con Netflix, entre cuyos frutos se encuentran Death to 2020 del año pasado y, a partir del 28 de septiembre, Attack of the Hollywood Clichés! Guide se puso al día con Charlie para conversar sobre la crítica televisiva, provocar un incidente internacional que involucró a George W. Bush y los misterios de la famosa escena de la maleta de The White Lotus

Hola Charlie, ¿cómo te va?

Estoy bien. Tienes una molesta sombra justo en la mitad de tu cara.

Es el sol que se refleja en la casa de enfrente.

Oh, es cierto. Culpa al sol.

Durante 10 años, escribiste la columna Screen Burn en la que interpretaste el personaje de un venenoso crítico de televisión llamado, eh, Charlie Brooker. ¿Cómo conseguiste la columna?

Había estado escribiendo para una revista de videojuegos, lo cual se convirtió en algo deprimente porque descubrí que tenía la misma tirada que What Caravan. No sabía cómo dar el salto a los “medios de comunicación principales”, pero había estado trabajando en este sitio web, TV Go Home, en el que se hacían parodias del Radio Times. Escribí algo absurdo en G2 sobre Sid Owen porque se iba de EastEnders e hice un par de cosas más como esa. Entonces Jim Shelley, quien solía escribir una columna llamada Tapehead para el Guide, se iba, y Tim Lusher (el editor de entonces) me preguntó si podía escribirla. Mirando hacia atrás, realmente fue una locura. En aquel momento no me di cuenta de lo bueno que era.

Todo esto ocurrió en la época de las grandes antenas parabólicas y los reproductores de VHS. ¿Cómo conseguiste los programas de televisión para criticarlos?

Tuve que llamar a la gente de relaciones públicas para que prepararan las cintas de VHS de los programas o las enviaran por correo a mi casa. Fue muy emocionante, porque significaba que podía conseguir series estadounidenses que estaban atrasadas varias semanas en Reino Unido. Iba adelantado por seis episodios de 24 y me sentía satisfecho.

¿Te propusiste desde el principio escribir algo tan… desesperante?

Creo que al principio mi identidad consistió en que yo era alguien que veía cada programa como si fuera un horrible dibujo animado en 3D que se desarrollaba y que yo veía enojado. En mi cabeza, el hecho de que fuera ligeramente exagerado quedaba bastante claro. Pero no sé si lo era para los lectores.

Cuando empezaste, lo hiciste antes de que series como Mad Men o Juego de Tronos hubieran comenzado. Aquellas primeras columnas se centraban más en los reality show: Big Brother y Popstars que apenas empezaban…

Era algo fácil de escribir. Era un poco parecido a escribir sobre deportes, imagino, sin saber nada de ellos. Hubo un montón de figuras de odio instantáneas. Encajaba bien con el tema recurrente que tenía, que era el fin de los tiempos y que estábamos viendo una especie de versión brillante de entretenimiento ligero de la humanidad que se estaba deshaciendo, una postura que ahora parece absurda, al encontrarnos en el verdadero fin de los tiempos. Aunque supongo que dentro de 15 años, cuando literalmente esté en llamas, no pensaré que estos son el final de los tiempos.

La primera serie que realmente defendiste, y sobre la que escribiste sin parar, fue The Wire. Diría que tus elogios fueron tan constantes que tuvieron mucho que ver con la popularidad de la serie en Reino Unido.

Fue una de las primeras series que no te llevaban de la mano, no te trataba con condescendencia. Veías una escena al azar, el alcalde conversando con su asesor o algo así, y después la historia de ese episodio simplemente continuaba. Y pensabas: ¿de qué se trató eso? No se trataba de nada. No entiendo qué estaba pasando ahí. Y entonces, en tres episodios, se podía ver el sentido de la historia. Recompensaba tu atención; no era ruido ambiental con imágenes, como puede ser gran parte de la televisión.

También tenía ese tono realista en el que, ya sabes, muchas veces el problema es que necesitan conseguir un maldito papel firmado por alguien para poder intervenir un teléfono. Pero les tomaba como cuatro episodios para poner en marcha la maldita intervención telefónica. Porque tienen que lidiar con un montón de papeleo, burocracia y política interna. A veces era frustrante, pero no te ponían las mismas historias una y otra vez. No se me ocurren muchos otros programas con ese tono y calibre en aquella época. Pero todo lo que hice fue escribir: “Deberías ver este programa. Es bueno”, una y otra vez.

Charlie… ‘The Wire’. Foto: HBO/Everett/Rex

La columna fue más una crítica que un elogio. Fuiste famoso por el tipo de críticas fulminantes que cuesta imaginar que se publiquen en un periódico en la actualidad…

No, y probablemente sea correcto que no lo hagan. En mi cabeza escribía sobre gente que no es real. Sentía que la gente de la televisión eran casi personajes de dibujos animados. Pero entonces recuerdo que el crítico de televisión del Sun, Ally Ross, me contó sobre una vez que conoció a un actor con el que se portó fatal y que resultó ser simpático y pensó: ¿quién es el cretino en esta ecuación? Y esa frase no dejaba de retumbar en mi cabeza, como: ¿quién es el cretino?

¿Pero decir que “Michael Parkinson es un hombre con la cara como el zapato de un cadáver” no es aportar algo al mundo?

No digo que fuera inexacto. Creo que mi favorita fue cuando describí a Mick Jagger como “con la cara como una franela mojada colgando de la manija de una puerta”. Eso es horrible. Me gustaba incluir siempre algún insulto sobre mí mismo. Así que intentaba dejar claro que escribía desde la perspectiva de un perdedor. Pero ahora nos encontramos en una época diferente en la que somos más considerados con los seres humanos y, en general, probablemente eso es bueno.

Tal vez tu momento más famoso fue en el período previo a las elecciones estadounidenses de 2004, cuando terminaste una columna sobre el debate presidencial con lo que más tarde calificaste como una broma “de mal gusto y frívola” que involucró a George Bush y a John Wilkes Booth. Causó una tormenta internacional y tuviste que presentar una disculpa oficial.

Eso fue… educativo. Hubo varias estrellas desafortunadas que se aliaron. Una de ellas fue que yo la escribí. Así que esa es la primera estrella. Además, ocurrió en un momento en que Guide comenzó a publicar todo en línea y aparecía desprovisto del contexto en el que apareció originalmente, como una columna en un suplemento A5 que tenía un tono más anárquico y sarcástico que el resto del periódico. Al mismo tiempo, The Guardian realizaba esta campaña de escribir a los votantes indecisos de Estados Unidos para implorarles que no votaran por Bush. Lo cual, debo decir, parece lo más condescendiente y contraproducente que se puede hacer. Aquello ya había disgustado a algunas personas. Así que cuando mi columna apareció en internet, la gente básicamente pensó que era una columna de opinión. Hubo un gran escándalo y no fue divertido. Recibí un montón de amenazas de muerte. Simplemente hay una sensación horrible de estar arruinando las cosas. Te sientes físicamente mal y no puedes trabajar correctamente durante 72 horas. Es como si te rompieran un huevo frío en la cabeza. En retrospectiva, fue ingenuo pensar que se podía escribir un chiste así y no recibir un montón de mierda como respuesta.

Si siguieras escribiendo la columna, ¿respecto a qué te comportarías ahora de forma horrible?

Bueno, ahora no me comportaría mal. He hecho muchos programas de televisión y sería una barbaridad sentarse ahí y decir: aquí hay un programa de un escritor prometedor que vi y es horrible. Pero no me malinterpretes, siempre veo los programas y pienso “guácala”. Pero ahora pienso “guácala” desde una perspectiva diferente. En realidad me enojo más si algo es realmente bueno porque me hace sentir desesperanzado e incapaz.

Probablemente centraría mi odio más en YouTube. Mi hijo de siete años solía ver todo el tiempo a un niño pequeño desempacando regalos, lo que me hacía ponerme furioso. Y ahora ve a muchos youtubers. Hubo un tipo que se compró una isla durante el confinamiento y se dedicó a jugar al escondite en buggies de golf. Me hace sentir un poco enfermo. Podría escribir sobre eso de la misma manera en que escribiría sobre la primera serie de Popstars: con la perspectiva cínica y miserable de alguien que no tiene alegría ni en la médula.

Valores familiares… ‘Succession’. Foto: HBO/Kobal/Shutterstock

¡Seguro hay alguna alegría! ¿Y qué hay de las series de televisión que realmente te gustan? Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos algunas recomendaciones de Screen Burn

En este momento estoy viendo la serie con el título más aburrido de la historia. Se titula The Hunt for a Killer. Es un título de gama económica, como Sainsbury’s Oat Flakes. Es una serie de cine negro escandinavo, pero está basada en un caso real y lo que me fascina es que es lo más aburrido que jamás he visto. Con una gran falta de guión, subestimado y sin importancia. Todas las escenas incluyen a alguien: “Recibimos una llamada telefónica, hay un recorte de presupuesto, así que voy a tener que rellenar algo de papeleo antes de poder ir a entrevistar a ese sospechoso”. “De acuerdo”. Esa es la escena. De alguna forma, porque no cumple ninguna de las cosas que espero que haga, me atrae muchísimo.

También me gustó mucho The White Lotus, pero tengo una pregunta al respecto. Hay una escena en la que alguien defeca dos veces. Provocó un debate en mi casa sobre si se trataba de una imagen generada por computadora o si el tipo simplemente hizo popó. Definitivamente se podría hacer con una imagen generada por computadora, sin ninguna duda. Pero probablemente sería 50 mil dólares más barato encontrar a alguien que hiciera popó.

¿No podría haber sido una popó de utilería?

No, es alguien de perfil en cuclillas a la altura de los tobillos. Y ves, no una, sino dos popós que emergen y caen. Creo que si eso tuvo un costo de como 50 mil dólares es un buen uso del dinero para un momento crucial de tu programa. Es mejor que la explosión de la Estrella de la Muerte.

¿Así que todavía sientes amor por la televisión?

Los celos arruinan las cosas. Succession fue tan buena que me hizo enfurecer de envidia. Incluso si disfruto de tu programa, ya no lo disfruto. Eso es horrible, ¿no? Pero para ser honesto siento eso todo el tiempo, no es necesario ver la televisión. El otro día tuve que usar una hidrolavadora en el patio. ¿Has usado alguna vez una hidrolavadora?

¿Aquellas que realmente limpian la suciedad con mucha fuerza?

Sí. Así que si tienes un patio sucio, consigues una hidrolavadora, y limpia un área pequeña a la vez, pero la limpia de verdad. Es transformador. Fue como hacer un gran raspado. Así que tuve que usar una de esas el otro día para limpiar el patio. Y genuinamente pensé en los primeros 10 minutos: esto es lo más satisfactorio que he hecho. Es una burla a toda mi carrera. Debería haber trabajado en el lavado a presión. Sin exagerar, pensé: ¿por qué no me he dedicado a esto? ¿Por qué nadie me habló del lavado a presión como una carrera? Eso duró otros 20 minutos y luego me quedé helado y cubierto de arena. La verdad es que es horrible.

No es demasiado tarde para empezar un canal de YouTube sobre el lavado a presión.

No. Veo a alguien como Limmy, que tiene una nueva y fantástica carrera como streamer de Twitch, y pienso: “oh, quizás yo debería haber hecho algo así”. Entonces pienso que no. Ese barco ya zarpó.

En tu última columna escribiste que los servicios de catch-up se imponían y que la televisión programada llegaba a su fin. Ahora el streaming se ha impuesto casi por completo. ¿Sigues viendo la televisión en directo?

Sabes qué: durante el confinamiento tuvimos que hacer unas obras en el ático y se cortó el cable de la antena de televisión. Y no tuve antena de televisión durante un año. Así que todo lo que vi, lo vi en servicios de catch-up o streaming. De hecho, podría escribir una columna completa sobre lo mucho que odio ITV Hub. Es como ver las cosas con los dos pies en un maldito canal de porquería. Esta constante y horrible molestia. Es asombrosamente, asombrosamente mala.