¿Encierro indefinido? Bueno, me mudo a la playita a (tele) trabajar
Un restaurante de Puerto Escondido, Oaxaca (Foto: Anna Portella)

Ni el home office es lo mismo frente a la pandemia por Covid-19. No sólo porque se ha generalizado, sino porque hoy “casa” puede ser cualquier lugar del mundo.

La nueva normalidad ha detonado un nuevo estilo de vida. Trabajadores de grandes ciudades que no pueden regresar a sus puestos de trabajo, para evitar contagios, se mudan a zonas rurales o a las costas, para trabajar en sandalias y frente el mar.

En México, los principales destinos han sido las playas. Brokers de Toronto, consultores de Londres, programadores de California o los mismos locales se han movido a las costas de Sayulita, Tulum o Puerto Escondido, para aprovechar la oportunidad única de vivir, aunque sea por unos meses, en un sitio soñado.

La pandemia ha generalizado el perfil del nómada digital —personas que con una computadora e Internet pueden trabajar desde diferentes partes del mundo. Ahora ya no solo incluye a jóvenes trabajadores autónomos. También, a empleados y familias enteras, sin importar el rango de edad.

Una encuesta del portal inmobiliario Inmuebles24 arrojó que un 8% de los consultados en México había cambiado de residencia a raíz de la pandemia.

Calidad de vida

“Si estuviera en San Francisco, mis ahorros durarían dos meses. Aquí tengo para diez”, explica a La-Lista Nathik Azad, un programador web de 28 años, ciudadano estadounidense originario de India, a quien el encierro le tomó por sorpresa en México y decidió quedarse.

Dormía en un cuarto de nueve metros cuadrados sin ventana, en la ciudad californiana. Pagaba 1,300 dólares al mes. Hoy trabaja viendo las olas del Pacífico en la Punta Zicatela, Puerto Escondido, por casi una cuarta parte de eso.

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Nathik Azatd, en un restaurante de Puerto Escondido (Foto: Anna Portella)

Sin duda, de los grandes atractivos del teletrabajo tanto para empleadores como empleados es el ahorro, de tiempo (desplazamientos) y de dinero (rentas, comidas o transporte). Un estudio de la Cámara de Comercio de España apuntó que una empresa de unos 100 empleados se ahorraría unos 32,400 pesos anuales en promedio por trabajador si se trabajara a distancia dos días y medio a la semana. 

El ritmo de vida fuera de las ciudades conurbadas es otro. “En la Ciudad de México parece que trabajas 13 horas al día y te vas a dormir. Tienes la sensación que no has hecho nada más”, confiesa C.I.G., una directora de una agencia de publicidad que prefiere no identificarse por privacidad. “En Tulum es otra cosa: vas en chanclas, con el traje de baño debajo de tu camisa y a la hora de comer, te das un baño”, añade.

Cuando C.I.G. vio que podía seguir reuniéndose con sus clientes y su equipo desde casa, decidió comprarse un departamento en esa ciudad de la Rivera Maya. “Ahora vivo ahí, pero si tenemos que regresar cinco días a la oficina, la rentaré porque es una inversión con retorno en dólares”. 

Quintana Roo ha sido de las entidades federativas que han contribuido a que México termine como el tercer país con mas llegadas de turistas en 2020, según las cifras del tercer trimestre, por debajo de Italia y Francia.

La Secretaria de Turismo estatal estima que en 2020 el total de visitantes cayó en un 33% respecto de 2019, cuando llegaron 15 millones de turistas. “Hemos notado que la estancia promedio en hoteles es mas larga, de unos 15 días, cuando antes de la pandemia era de 5.8”, explica la titular de la cartera, Marisol Vanegas.

Internet, imprescindible

Antes de hacer la inversión, C.I.G. se aseguró que la residencia tuviese fibra óptica. A pesar de ello, la conexión a veces es inestable. No ha transcurrido un año desde que se instaló el trabajo a distancia 24/7 y ya se identificaron algunas deficiencias de esta forma de trabajar. De las más inmediatas, la mala conexión a Internet en determinadas zonas.

“Aquí es suficiente para sacar el trabajo, pero es frustrante, es la mitad de rápido que en San Francisco”, confiesa Azad. Aunque el peor escenario es cuando se va la luz en todo Puerto Escondido. “Si tengo pila, trabajo desde el celular. Si no, leo”, cuenta resignado.

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Con estas vistas trabaja C.I.G en su casa de Tulum (Foto: C.I.G)

Como todos los que se están mudando, Azat depende prácticamente al 100% del Internet. Tenía una empresa de desarrollo de videojuegos que quebró a los pocos meses de mudarse a México. Actualmente está diseñando una aplicación de compra y venta de comida preparada entre particulares. La quiere poner en marcha en zonas rurales, como Puerto Escondido. También, al ver la falta de respiradores en Oaxaca, decidió trabajar en el diseño de un respirador de código abierto, para que cualquier fabricante pueda producirlo sin pagar por la patente.

La falta de contacto personal con los colegas, del equipamiento o espacio necesario para producir fuera de la oficina. También, la confusión entre la vida personal y familiar.

“Es más difícil decir que no porque estás a un clic de distancia de realizar algunos trabajos”, comenta la periodista Katia D’Artigues. Ella vivía en una casa en al colonia Condesa en CDMX. Durante los meses de encierro se fue desplazando a su casa familiar en Atlatlahucan, Morelos, para realizar algunas gestiones y se quedó. Ahí la vida es más tranquila y tiene más espacio, incluso se puso a armar su huerto urbano.

El mundo se adapta al viajero-residente

No hay marcha atrás en el trabajo a distancia. Estudios en Estados Unidos, Reino Unido y España muestran que la mayoría de los trabajadores apoyan seguir trabajando de forma remota. Además, el 67% de los directivos financieros encuestados  por la consultora PWC, en junio de 2020, aseguraron que estaban planeando implementar esta modalidad de manera permanente.

Este híbrido entre el viajero y el residente ya ha llamado la atención de compañías dedicadas al turismo en el país. Aeromexico lanzó la campaña “Home Office en la playa”, para que sus clientes de Gran Plan pudieran viajar a Cancún, Puerto Vallarta o Los Cabos entre octubre y diciembre del año pasado. Cadenas de hoteles, como NH, habilitaron sus espacios para ofrecer zonas de teletrabajo a sus huéspedes.

No sólo la iniciativa privada se adapta a esta nueva forma de vivir, también los Estados. Los parlamentos de países como Alemania, España, Irlanda, Reino Unido y México han reformado sus leyes laborales para regular el teletrabajo.

Pero aunque se asume que el trabajo en casa se va a mantener cuando se logre la inmunidad de rebaño, quienes pueden producir desde casa son una minoría. Un estudio de la consultora McKinsey halló que un 15% de los trabajos en México se pueden realizar de forma remota entre 3 y 5 días a la semana sin afectar a la productividad. El 11%, entre 1 y 2 días. El resto, no tiene opciones de trabajar en casa.

“La verdad es que estar aquí me ha hecho olvidar del virus y de que trabajo 12 horas en la computadora — confiesa C.I.G —. Únicamente veo verde, piscina y calor: sensación de vacaciones”.