La única función del clítoris es el orgasmo femenino. ¿Por eso la ciencia lo ignora?
La uróloga de Melbourne, Helen O’Connell sostiene un modelo correctamente anatómico de un clítoris. Sus estudios sobre el órgano femenino se empezaron a publicar en 1998. Foro: Alana Holmberg/The Guardian

Calla Wahiquist/The Guardian

La profesora Caroline de Costa se mantiene a la espera de respuestas. Hace algunos meses la editora del Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology solicitó un artículo a una reconocida uróloga de Melbourne para evidenciar lo que ella considera falta de investigación, y lo que es más preocupante, una falta persistente de conocimiento sobre una parte esencial del sistema reproductor femenino.

La uróloga es la profesora Helen O’Connell y está de acuerdo con esto. Pasada una semana de la publicación del artículo, el correo de De Costa está en silencio. Sospecha que sus colegas, que acostumbran hablar de los genitales femeninos sin pasión alguna, se avergüenzan de escribir sobre el tema.

El artículo se refiere al clítoris, un órgano cuya única función es el orgasmo femenino. Un número alarmante de médicos no se sienten a gusto hablando al respecto.

Un tema incómodo

“No se habla de eso”, dice De Costa, quien también es profesora de obstetricia y ginecología en la Universidad James Cook. “Voy a conferencias, voy a talleres, edito la revista, leo otras revistas. Leo trabajos de investigación todo el tiempo y nadie menciona el clítoris”.

O’Connell realizó el primer estudio anatómico general del clítoris que se publicó en 1998. Un estudio posterior realizado en 2005  incluía estudios hechos con resonancia magnética. No se trataba, descubrió O’Connell, de un nódulo de tejido eréctil, que en algunos textos se describe como “un pobre homólogo” del pene. En realidad se trata de una figura de otro mundo: un glande rico en terminales nerviosas que es apenas la parte externa de un órgano que se extiende por debajo del hueso púbico y que envuelve la entrada de la vagina con bulbos que crecen cuando se excitan. Parece una orquídea. Es hermoso.

Después de 20 años de publicación de este trascendental estudio, la anatomía del clítoris sigue fuera de los historiales médicos y de la investigación. Una revisión de publicaciones que realizó el equipo de O’Connell para su editorial en el Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology encontró que sólo se habían publicado 11 artículos sobre la disección del clítoris desde 1947. Cientos mencionaban la anatomía del clítoris pero en lo relacionado con procedimientos para restablecer la sensibilidad tras una mutilación genital femenina. A pesar de ese trabajo, explica O’Connell. “Todavía hay literatura que cuestiona la importancia del orgasmo femenino retomando el argumento evolucionista de que el orgasmo femenino sólo puede ser un producto de la selección vinculado con el orgasmo masculino”.

Importa pero no importa

En conversación con The Guardian Australia desde su consultorio en Melbourne, O’Connell explica que prevalece la noción de que el clítoris no tiene importancia o lo que es peor, que es algo sobre lo que hay que avergonzarse.  Recuerda una conversación durante una entrega de premios en la que una de sus estudiantes obtuvo un premio por su estudio sobre los ligamentos que sostienen al clítoris en su lugar.

“Un personaje de muy alto rango sentado frente a mi, aunque seguramente no sabía que yo era la supervisora del trabajo, pensaba que el trabajo de mi alumna era un acto de voyeurismo.

“Se trataba de un trabajo científico de anatomía, y eso, en su mundo…”

Lo que sucede, explica tras una pausa, es que  “él piensa en términos sexuales cuando ve a una mujer joven realizando un proyecto como esos y para mi eso no tiene nada que ver, esa es   la forma en que mi cerebro funciona”.

Un doctorado rebelde

Cuando estudiaba medicina en los 80, a O’Connell le molestaban sus libros de texto que incluían dibujos anatómicos muy completos del pene pero al clítoris lo mencionan en las notas de pie de página.

“Existe la norma de que está el hombre, y de que existe una subdivisión para los que no son hombres”, dice. “Y sus características únicas son diferencias. Quedaba la sensación de que no son personas completas en el sentido de que los hombres están completos y por tanto merecen una descripción total de su cuerpo”.

Cuando se especializó en urología se dio cuenta de que se ponía mucha atención en no dañar los nervios que estaban conectados con el tejido eréctil del pene cuando se realizaba la remoción de la próstata y se basaban en estudios realizados en los 70. No existían estudios parecidos sobre las terminales nerviosas del clítoris. Inició un estudio en 12 cadáveres para seguir los nervios de la columna vertebral. “Quedó muy claro que lo que estábamos considerando era la sombra de un órgano y no al órgano en sí mismo”, explica.

Así fue como se inició su doctorado para estudiar la anatomía del clítoris.

“Me parece que las posibilidades de que un hombre se diera cuenta de que existía un déficit cuando la mayoría de mis colegas mujeres no lo veían me parecían increíblemente poco probables,” dice. “Creo que mi formación es un tanto rebelde”.

Ahora puede describir la forma del clítoris con la ayuda de un modelo impreso de en 3D que diseñó junto con la doctora Ea Mulligan, una doctora de Adelaida quien hizo de la fabricación y distribución de miles de clítoris anatómicamente correctos su pasatiempo de jubilación. Mulligan los distribuye en conferencias y seminarios de salud pública y está pensando en un stand para distribuir clítoris gratis en Feast, el festival de cultura y arte queer de Adelaida.

Cuando hablé con ella por teléfono a su casa en Adelaida, me ofreció tres cajas  con 200 clítoris cada una que tiene en la entrada trasera de su casa. Una de las cajas fue para O’Connell, otra para De Costa, y una caja para el profesor de anatomía de una escuela en Dunedin, Nueva Zelandia, quien estaba trabajando con una muestra de patología de un clítoris que “parecía un trozo del asado de la semana pasada”.

La sorpresa de su tamaño real

“Muchos doctores y estudiantes de medicina me comentan cuando les regalo uno que no pensaban que fuera tan grande y eso es porque se le ha hecho quedar disminuido en la literatura médica”, dice Mulligan. “Se trata de un hermoso caso de estudio sobre la invisibilidad de las mujeres en la ciencia, en la medicina”.

Cuando Mulligan estudiaba medicina en los 70, trabajaba con un texto de anatomía que contenía una página sobre la anatomía de la vulva y “cinco páginas sobre los penes desde cualquier ángulo posible”.

Ahora las cosas han mejorado muy poco. La Universidad James Cook, en donde enseña De Costa ofrece una conferencia de una hora durante el quinto año sobre el papel del clítoris en la función sexual. Las materias para pertenecer al Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos de Australia y Nueva Zelanda abarcan funciones sexuales y desórdenes relacionados, pero no se menciona el clítoris. La universidad señala que está fomentando “el autoaprendizaje” y “reconoce que existe una larga historia de mal aprendizaje de la anatomía y la sexualidad femenina”.

 El colegio apoya todos los esfuerzos para mejorar el conocimiento genitourinario, su anatomía, fisiología y patofisiología, con el objetivo de conseguir una mejor práctica relacionada con la salud de la mujer”, señaló la universidad en un comunicado.

Cliterati

En su consultorio, O’Connell se ve muy fresca a pesar de haber estado la noche anterior hasta la 1 de la madrugada en la morgue. Estaba haciendo una disección para poder trazar un mapa de la anatomía de la uretra como parte de un esfuerzo para combatir el cáncer en este órgano, explicó a The Guardian Australia.

Con sus lentes impecables y secos y su lenguaje técnico, O’Connell no tiene la pinta de rebelde. Pero habla con tanta calma de temas que harían ruborizar a muchos de sus colegas y es entonces cuando surge la rebeldía.

Por ejemplo, habla de orgasmos. En 2016, O’Connell realizó una investigación conjunta basada en una serie de disecciones macroscópicas anatómicas y no encontraron tejido eréctil en la pared vaginal; es decir, que el punto G no existe. O’Connell no deja de insistir en que tienen que hacerse más estudios sobre el tema, incluyendo un mapeo de la uretra.  Hasta la fecha, el único tejido eréctil que se ha descubierto en esta área es el clítoris, lo que comprueba la teoría de que el punto G son los bulbos inflamados de un clítoris excitado que se pueden sentir a través de la pared vaginal.

Cabe señalar que se tiene que estimular el clítoris para obtener esa sensación. Esto no es nada nuevo para las personas con vagina, pero la información es importante para asegurar que tengan vidas sexuales satisfactorias.

Que la mayoría de las mujeres o personas con vagina necesiten estimulación para alcanzar un orgasmo es “ponerle palabras a un hecho”, dice O’Connell. “No se puede ignorar al clítoris y actuar como si no fuera lo que lleva al orgasmo, eso no puede ser”.

Después de aclarar que no habla como uróloga, especula que son los siglos de sexismo alimentado por representaciones poco realistas del sexo en Hollywood los que han ayudado a construir el mito del punto G y a minimizar el papel del clìtoris. Y eso provoca que la gente “ande creyendo cosas que pueden resultar contraproducentes”.

“La gente quiere magia cuando se da la penetración de la vagina como si lo que causara el placer de él causara el placer de ella”, dice. “Pero casi todos se van a quedar muy lejos del objetivo porque los órganos no están diseñados de esa forma mágica en la que los movimientos dentro de la vagina puedan provocar un orgasmo”.

Fuera de los círculos médicos, la investigación de O’Connell se ha recibido con gran entusiasmo. La artista Sophia Wallace inició en EU donde radica una campaña sobre “cliteracia”, para informar a las mujeres sobre su anatomía.

La obra de Wallace saca a la luz un órgano con un pasado oscuro, explica O’Connell y  agrega: ¡Qué genial! ¿O no? Está muy emocionada por haber detonado accidentalmente un movimiento artístico feminista. “¡Es fantástico!” dice. “¿Quién hubiera imaginado jamás que pudiera pasar algo así?”

Dice Da Costa que “sin lugar a dudas” las artistas han realizado un mejor trabajo para incorporar la anatomía del clítoris a su trabajo que el Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos de Australia y Nueva Zelanda.

Alli Sebastian Wolf, una artista de Sidney, hizo en 2017 un clítoris dorado con una escala de 100 a 1 anatómicamente correcto que lleva por nombre Glitoris. 

“Tenía más de 20 años cuando vi cómo era el clítoris en realidad y me quedé sorprendida por lo maravilloso que es pero después pensé que cómo era posible que nadie nos hubiera mostrado o enseñado cómo era. Antes de la pubertad yo ya conocía la forma de las trompas de falopio y del útero. Pero, la verdad, eso me sirve muy poco en la vida diaria”, dice.

El Glitoris puede colgarse en una galería pero se volvió viral cuando Sebastian March lo llevó a la Marcha de Mujeres, al Mardi Gras y a otros eventos públicos vestida con leotardos completos dorados y alas azules.

“Mucha gente pensaba que se trataba de algún molusco dorado, otros que eran pulmones, o una libélula o testículos”, dice. “Me tope con algunos ginecólogos que no sabían cómo era hasta que vieron la escultura, lo cual me dejó horrorizada”.

Sebastian Wolf dice que para mucha gente es más fácil hablar de sexo y órganos sexuales en un festival con una mujer cubierta de glitter que con un doctor.  En estos momentos trabaja en un clitoris dorado inflable de un piso de alto. Espera que el conocimiento del clítoris pronto sea tan poco controvertido que hacer una obra de arte sobre eso esté tan pasado de moda como los penes.

“Ojalá todo mi arte llegue a ser irrelevante”, dice. “Sería grandioso que lo que más le interesara a la gente fuera saber de dónde salieron todas esas lentejuelas y no preguntara lo que es eso y por qué no lo conocen”.

El objetivo de O’Connell es igualmente modesto: que la anatomía femenina sea igual de importante que la masculina. Y para eso es necesario vencer los prejuicios institucionales y sociales en contra del disfrute de la mujer de su sexualidad. Por eso es necesario estudiar el clítoris.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Graciela González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

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