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Medio Ambiente

1% de la población causa la mitad de las emisiones de carbono por vuelos globales: estudio

Exclusiva: investigadores aseguran que la crisis por el Covid-19 es el momento ideal para desmotivar a los “super emisores”.

Foto: Free-Photos/Pixabay.com

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Por Damian Carrington/The Guardian

Los viajeros frecuentes “súper emisores”, que representan a sólo el 1% de la población mundial, provocaron la mitad de las emisiones de carbono por aviación en 2018, de acuerdo con un estudio.

Las aerolíneas produjeron mil millones de toneladas de CO2, y se beneficiaron con un subsidio de 100 mil millones de dólares al no pagar por el daño climático que provocaron, según los investigadores. El análisis reunió datos para presentar el panorama global del impacto de los viajeros frecuentes.

Sólo el 11% de la población mundial tomó un vuelo en 2018 y 4% un vuelo internacional. Los pasajeros estadounidenses tienen la huella de carbono más grande entre los países ricos. Según el estudio, sus emisiones por aviación son más grandes que las de los siguientes diez países combinados, incluyendo al Reino Unido, Japón, Alemania y Australia.

Los investigadores dijeron que el estudio demuestra que un grupo pequeño de viajeros frecuentes tiene un gran impacto sobre la crisis climática que afecta a todos.

Dijeron que la reducción del 50% de viajeros en 2020 durante la pandemia de coronavirus debería ser una oportunidad para transformar la industria de la aviación, y hacerla más justa y sustentable. Esto podría lograrse con restricciones ‘verdes’ a los enormes rescates financieros que los gobiernos le otorgan a la industria, como en el caso de Francia.

La contribución de la aviación global a la crisis climática crecía rápidamente antes de la pandemia de Covid-19, pues las emisiones aumentaron un 32% de 2013 a 2018. La cantidad de vuelos en 2020 se redujo a la mitad, pero la industria espera que regrese al nivel previo para 2024.

“Si quieres resolver la crisis climática, y es necesario rediseñar la aviación, entonces deberíamos comenzar desde arriba, donde unos pocos ‘super emisores’ contribuyen enormemente al calentamiento global”, dijo Stefan Gössling, líder del estudio, en la Universidad de Linnaeus en Suecia.

“Los ricos han tenido demasiada libertad para acomodar el mundo a sus deseos. Deberíamos ver la crisis como una oportunidad para reducir el sistema de transportes aéreos”.

Dan Rutherford, del International Council on Clean Transportation, pero quien no participó en la investigación, dijo que del análisis surgió la pregunta por la igualdad.

“Los beneficios de la aviación están distribuidos de peor manera en el mundo, que incluso los de otras de las mayores fuentes de emisiones”, dijo. “Entonces está claro el riesgo de que el trato especial que reciben las aerolíneas simplemente protege los intereses económicos de los ricos del mundo”.

Los voladores frecuentes que investigó el estudio viajaron alrededor de 56,000 kilómetros al año, según Gössling, lo que equivale a tres vuelos largos al año, un vuelo corto al mes, o alguna combinación de ambos.

La investigación, publicada en la revista científica Global Environmental Change, descubrió con los datos recabados que grandes proporciones de personas en todos los países no vuelan ni una vez al año; 53% en Estados Unidos, 65% en Alemania, y 66% en Taiwán. En el Reino Unido, información por separado demuestra que en 2018, el 48% de la población no salió del país por vías aéreas.

El análisis señala que Estados Unidos produjo la mayor cantidad de emisiones entre las naciones más ricas. China es el primer lugar entre otros países, pero no hay suficiente información disponible. No obstante, Gössling cree que su huella por la aviación es sólo un quinto del total de EU.

En promedio, los estadounidenses volaron 50 veces más kilómetros que los africanos en 2018, 10 veces más que los países de la región asiática del Pacífico, y 7.5 veces más que los latinoamericanos. Los europeos y los habitantes del Medio Oriente volaron 25 veces más que los africanos y cinco veces más que los asiáticos.

La información también demuestra el aumento en el número de vuelos internacionales entre 1990 y 2017. La cifra se triplicó en Australia y se duplicó en el Reino Unido.

Los investigadores estiman que el costo de los daños causados al medio ambiente por las emisiones de los vuelos es de 100 mil millones de dólares, en 2018. La ausencia de pagos para cubrir ese daño “representa un subsidio mayor para los más acaudalados”, dijeron. “Esto resalta la necesidad de examinar al sector, y en particular a los ‘super emisores’ “.

La cifra del costo social por emisiones de carbono es un poco conservadora según Rutherford.

Existe la propuesta de cobrar un impuesto a los viajeros frecuentes para desalentar los vuelos. “Alguien tendrá que pagar para descarbonizar los vuelos, ¿por qué no los viajeros frecuentes?” dijo Rutherford. Pero Gössling es menos entusiasta, y señala que los viajeros frecuentes suelen ser acaudalados, lo que significa que los precios más altos no los disuaden.

“Tal vez una solución más productiva es pedirle a las aerolíneas que aumenten la cantidad de combustibles sintéticos (bajos en carbono) cada año, hasta alcanzar el 100% en 2050”, dijo Gössling. Algunas partes de la industria están de acuerdo con la orden de que comience la transición hacia combustibles sustentables en 2025.

Un portavoz de la International Air Transport Association (Iata), que representa a las aerolíneas del mundo, dijo: “El cobro extra a las élites era más adecuado en los 1950s o 1960s. Pero el día de hoy los vuelos son una necesidad para millones”.

Dijo que la industria de las aerolíneas pagó 94 mil millones de dólares en impuestos directos en 2019, y 42 mil millones en impuestos indirectos como IVA.

“Seguimos comprometidos con nuestros objetivos ambientales “, dijo el portavoz. “Este año, frente a la crisis más grande en la historia de nuestra industria, las aerolíneas acordaron explorar nuevos caminos para alcanzar las cero emisiones alrededor de 2060.”

Un pilar de los planes de la industria es el esquema de reducción y neutralización del carbono en los viajes internacionales, propuesto por la división de transporte aéreo de la ONU. Pero el plan recibió duras críticas en junio, cuando una revisión descubrió que es una versión más endeble de un plan que ya era débil. Los expertos encontraron que, de seguirlo, las aerolíneas no tendrían que comenzar con la neutralización sino hasta 2024. “Creo que no les interesa el cambio climático”, dijo Gössling.

Otras investigaciones de Gössling encontraron que la mitad de los viajes recreativos no son realmente importantes para los pasajeros. “Muchos de los viajes sólo suceden porque son baratos”.

Él dejó de volar para sus vacaciones en 1995, y recientemente dejó de acudir a conferencias académicas y tomar vuelos largos. “No estoy diciendo que nunca volveré a volar. Pero si puedo evitarlo, de verdad lo intentaré”, dijo Gössling.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Andrés González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

The Guardian
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