¿Tienes 30 y vives con tus padres? No eres tú, es la crisis de vivienda
La crisis de vivienda en México ha provocado que adultos jóvenes opten por permanecer en la casa familiar, pero ¿qué hay detrás del fenómeno?
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Tener treinta, contar con un trabajo estable y ser profesionista, incluso con estudios de posgrado, ya no te garantiza que puedas acceder a una vivienda.
Synthia Hernández, Abril Sampers, Omar López y Valeria Morales lo saben… Todos estudiaron una licenciatura, todos llevan varios años en el mercado laboral y ganan lo suficiente para costear sus gastos; sin embargo, ven como una posibilidad lejana el adquirir una propiedad.
No por gusto sino por las condiciones económicas de este mercado, que sigue al alza (de acuerdo con el Índice de Precios de la Vivienda en México) aunque los salarios no crezcan de la misma manera, e incluso decrezcan.
Máximo Jaramillo, sociólogo y economista, documentó esta tendencia hace dos años y concluyó que, al menos desde 2005, los precios de la vivienda subieron 42% en términos reales mientras que las remuneraciones salariales cayeron en 21%.
Esto significa que la brecha entre ambos valores ha ido acrecentándose año con año. Lo que complica a las juventudes alcanzar créditos de vivienda que no acaparen más del 40 por ciento de sus percepciones.
Synthia es química en alimentos, trabaja como docente en la delegación Iztacalco, vive por el metro Constitución de 1917 y tarda en trasladarse de su casa a su empleo más de una hora y cuarto; no obstante, no ha considerado la opción de rentar porque de ser así, preferiría hacerlo sola en lugar de compartir piso con amigos o conocidos.
En entrevista con La-Lista, precisa que la mayoría de sus compañeros de generación se encuentra en una situación similar y lamenta que sea tan complicado conseguir una vivienda propia.
“La mayoría de mis conocidos siguen viviendo con sus papás y otros, también de la generación, rentan pero porque sus papás viven aún más lejos. No rentan algo propio, sino que comparten la renta con los llamados ‘roomies’. Esta es la situación de la mayoría de los jóvenes que yo conozco, son muy contados los que tienen casa propia”, dice.
De hecho, en México el valor promedio de una vivienda es de 1 millón 702 mil pesos y para costearla con intereses habría que pagar mensualidades que superan los 14 mil pesos a lo largo de al menos 15 años, según estimó Enrique Margain, director ejecutivo de préstamos a particulares de HSBC México.
Apenas en julio, el experto recordó -durante una presentación a medios- que el escenario ideal para endeudarse consiste en comprometer solo el 30% de los ingresos, lo que se traduciría en que los interesados perciban más de 48,000 pesos de sueldo si tomamos en cuenta la proyección previa.
Esta previsión parece excesiva no sólo para Synthia sino también para Abril, quien rentó departamentos en diferentes zonas de la ciudad a lo largo de 8 años y recientemente regresó a vivir con su madre.
La comunicóloga reside de nueva en cuenta en Santa Martha Acatitla, pero vivió con roomies en la colonia Álamos, en Copilco y en Narvarte. En la pandemia se mudó a Michoacán para arrancar un emprendimiento y cuando el proyecto acabó, se dio cuenta de que ya no podía costear los nuevos precios de la vivienda en CDMX. Pues prácticamente se habían duplicado.
“Las rentas me parecen mucho más elevadas que hace algunos años. Yo llegué a pagar 3 mil o 4 mil pesos por un departamento (más la cuota de la otra persona, es decir 6 mil u 8 mil pesos totales), pero ahora, por eso precio ya no hay opciones, los espacios son demasiado pequeños o ya no son tan céntricos y alcanzan los 12 mil pesos o hasta 14 mil pesos”, comparte.
Así que vive con su mamá en lo que resuelve unas deudas y ahorra para un crédito hipotecario que esté dentro de sus posibilidades.
Específicamente en la Ciudad de México, la mitad de la vivienda en venta supera los 3.5 millones de pesos y solo el 50 por ciento de las opciones se encuentra por debajo de esta cifra, lo que reduce drásticamente la oferta para las clases medias, que en promedio ganan 22 mil pesos mensuales, según el INEGI.
Estas clases medias son las que están conformadas precisamente por profesionistas como Abril y como Synthia.
Pero, ¿qué produce este fenómeno?
María Silvia Emanuelli, directora de la Coalición Internacional del Hábitat en América Latina, explica a La-Lista que la vivienda ha dejado de verse como un derecho y se piensa más como una mercancía, con la que se especula sin reglas o parámetros fijos.
La experta acota que “hoy, la vivienda es el lugar en donde se concentran una serie de activos financieros, que se mueven en las bolsas de valores” y por lo tanto, los grandes capitales están empeñados en que los precios no bajen.
Lo que coloca a las juventudes en México en un escenario complejo, donde -efectivamente- la opción más viable es volver al hogar familiar, sobre todo considerando que el mercado inmobiliario sigue subiendo.
“Estamos viviendo esta crisis que afecta a la población que acaba de entrar al mundo laboral o que tiene pocos años en él, con salarios no tan competitivos aún y que muchas veces no logra cotizar en el Infonavit lo suficiente para asumir un crédito. Y que además se enfrenta a un mercado de vivienda, especialmente negativo”, apunta.
Omar López se licenció en negocios internacionales, vive en Ecatepec y trabaja en la Ciudad de México pero ejemplifica a la perfección el problema que plantea Emanuelli.
Aunque ha imaginado que tiene una casa propia entiende que es muy complicado adquirir un préstamo de vivienda. “Si no tienes un historial crediticio en banco o no tienes cómo comprobar esos ingresos se vuelve un poco complicado que te lleguen a otorgar un crédito, tanto en el banco como en Infonavit, así que por el momento estoy aquí con mi mamá”, comparte.
El joven es el primero en su familia en terminar una carrera universitaria, pero hoy en día, su preparación no le ha permitido alcanzar una remuneración con la que consiga mudarse a un nuevo hogar.
Máximo Jaramillo-Molina además suma a este panorama el hecho de que la crisis efectivamente está escalando nuevos peldaños e indica que ya no sólo impacta a las clases bajas, lo que ha desatado el foco que se le presta a este tema.
“La crisis de vivienda en México existe desde hace más de dos décadas, pero lo notorio es que ha ido modificándose y alcanzando un porcentaje mayor de la población; es decir, que ahora también afecta a la clase media y media alta, grupo que se compara con otras generaciones de su familia, que con el mismo estrato social e incluso sin estudios logró hacerse de un bien inmueble con relativa facilidad”, señala a La-Lista.
Estas reflexiones finalmente impactan en el imaginario colectivo y sugieren que quienes no tiene vivienda es porque priorizan mal el gasto o “no lograron el éxito”.
¿Fracaso personal?
“Me da pena que piensen que soy un perdedor”, “ es como un fracaso para mí”,“no me gustaría ser reconocida por esto en redes sociales”, “preferiría no exponer mi condición”, estas y otras respuestas recibimos al contactar a adultos jóvenes que viven en casa de sus padres y que decidieron no contar su historia por miedo a ser percibidos como personas que no alcanzaron el “éxito”.
Valeria Morales, química farmacobióloga, con una maestría en Ciencias de la Salud, se hallaba en esta situación, pero decidió compartir que debido a deudas por saldar ha retrasado la posibilidad de mudarse.
La joven reconoce este sentimiento de vergüenza que otras personas de su edad podrían estar experimentado y explica que es difícil racionalizarlo como un problema del sistema.
“Yo muy internamente siento eso, porque obviamente ves a varias personas que ya pueden hacerlo (tener una casa) y mi inconsciente me dice que es un pequeño fracaso. La verdad es que lo primero que revisas son tus logros y no consideras que se trata de un problema del país o de los jóvenes, sino de un problema personal”, comenta.
Sin embargo, los expertos en vivienda han dejado muy claro que sí se trata de un tema estructural y sistémico, que se replica en otras latitudes del mundo y que ha contado con pocos esfuerzos de políticas públicas e internacionales para frenarlo.
Silvia Emanuelli en especial resalta que no divulgarlo minimiza esta situación y hace pensar a los afectados que nadie más se encuentra con este conflicto. La académica llama a no esconder esta realidad y, por el contrario, hacerle frente en conjunto y mediante demandas sociales.
“Si nos diéramos cuenta que no somos unos, que no es un problema personal ni individual sino que justamente es un problema sistémico encontraríamos medios para canalizar esta demanda. En el momento en que esto se entienda, vamos a tener una sociedad que presione más a los políticos y a las políticas para que las cosas cambien. Si pensamos que es algo particular, no vamos nunca a movernos”, subraya.
¿Hay escapatoria?
La investigadora plantea junto a Máximo Jaramillo algunos pasos que necesitan darse con solidez a mediano y corto plazo, si lo que se pretende es mejorar las condiciones de la población y garantizar el derecho a una vivienda digna.
Silvia Emanuelli sugiere que el problema debe atenderse desde la raíz y en un primer plano plantea que hay urgencia para regular las rentas. A la par, imagina que en México puedan establecerse nuevos modelos de vivienda, y legislaciones que detengan el alza desmesurada de la propiedades.
“Si no implementamos una serie de políticas integrales que abran nuevas opciones de vivienda pública, que exploren otros esquemas y que se atrevan a controlar la especulación inmobiliaria, la situación sólo va a seguir empeorando. Necesitamos una reflexión compleja de la problemática que nos permita atacarla desde diferentes lados y que también nos acerque a acuerdos globales entre países para frenar la voracidad del mercado”, sentencia.
Mientras que Jaramillo-Molina es aún más drástico con su apuesta y plantea que lo que se requiere en este momento es “quebrar al mercado”, es decir desmercantilizarlo a través de esquemas de vivienda social, que se oferte por el propio Gobierno, a un precio razonable, y que se caracterice por ofrecer a la juventud esquemas de renta de hasta 99 años.
Este plan garantizaría a largo plazo un lugar digno para vivir, sin representar un golpe a los bolsillos de los interesados y a su vez detendría hasta cierto punto la especulación en torno a las propiedades.”En otros países eso es una realidad. Singapur es ejemplo de ello. Donde para vivir bien, no necesariamente tienes que ser el dueño”, explica.
“Y el Gobierno federal entrante promueve una apuesta parecida: quiere dotar al Infonavit de capacidad para construir vivienda y alquilar casas y eso me parece un acierto. Sin embargo, también cae en esta idea de que después de cierta cantidad de años quienes rentan pueda convertirse en propietarios y lo que realmente marcaría un cambio es que se deje de mercantilizar la vivienda y se piense como un derecho humano”, concluye.
Claudia Sheinbaum, la próxima presidenta, efectivamente tiene entre sus propuestas de vivienda reformar la ley del Infonavit y del ISSSTE “para promover la autoproducción, la adquisición de terrenos, el refinanciamiento y la reconversión de deudas”, aunque habrá que ver si finalmente si se concretan los cambios y cómo arranca la operación de dicha apuesta.
Asimismo, su programa de Gobierno incluye la meta de construir 500 mil viviendas nuevas, pero para Max Jaramillo dicha apuesta puede convertirse en un arma de doble filo, si las nuevas viviendas quedan rezagadas a zonas periféricas, de difícil acceso y con problemas de servicios.
“Si la propuesta solo consiste en construir millones y millones de viviendas puede pasar como en los sexenios de Fox y Calderón, donde se construyeron muchas viviendas, pero no servían de mucho si estaban a dos horas de distancia”, precisa.
México va muy retrasado respecto a la regulación de este tema y el universo de políticas públicas que podrían emplearse, pero al menos los expertos ven la intención de romper el molde gracias a la vivienda social. ¿Habrá resultados? En unos años lo sabremos.