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Rudy Giuliani: de héroe del 9-11 a general de la última batalla

El operador, apagafuegos y ‘primer amigo’ se dirige al destino final. Una historia de Giuiliani, abogado-amigo de Trump.

Rudy Giuliani, haciendo campaña en Arizona por su amigo y candidato republicano, Donald Trump. Foto Gage Skidmore/Flickr

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Archie Bland/The Guardian

Ya para la noche de las elecciones, cuando empezó a sentir que la presidencia se escurría de las manos de Donald Trump, su yerno y asesor, Jared Kuschner, quiso encontrar un héroe.

Cuenta The New York Times que pensaba en alguien como James Baker, quien fuera jefe del staff de la Casa Blanca, secretario del Tesoro y secretario de Estado. Fue el que encabezó el equipo legal de George W. Bush cuando se volvieron a contar los votos en Florida en el 2000, acción que le valió  gran reconocimiento como estratega y diplomático.

Lo que consiguió fue a Rudy Giuliani.

Unos días antes, Giuliani se defendía con furia de la escena de la nueva película de Borat en la que aparentemente se tocaba los genitales en la cama de un hotel mientras tomaba una copa con una jovencita que se hacía pasar como reportera de la televisión de Kazajistán. “Me estaba arreglando la camisa”, explicó. Se lava las manos de culpa y dice que “todo es un engaño”.

El abogado personal del presidente acusa ahora a sus oponentes de ser “una vergüenza para nuestra reputación en todo el mundo” y encabeza la última batalla de Trump, busca hacer un esfuerzo legal para mantener a Joe Biden fuera de la Casa Blanca.

El miércoles 5 en la tarde tuiteó que estaba “camino a Filadelfia con el equipo legal” para denunciar lo que calificó sin evidencia alguna de “fraude masivo”. A partir de entonces, seis de sus tuits fueron marcados por presentar información engañosa.

En conferencia de prensa el jueves, afirmó sin ofrecer evidencias, que cualquier persona podría haber votado mil veces. Giuliani, sin corbata y con pañuelo en el saco, habló de sus intenciones de hacer una “denuncia nacional” para que se revisaran los resultados. “¿Acaso creen que somos estúpidos?” preguntó. ¿Creen que somos tontos?”

Si los esfuerzos de Giuliani  para mantener a Trump en la Casa Blanca fallan como pronostican la mayoría de los expertos, sería el fin de la carrera de este hombre de 76 años. Alguna vez fue un fiscal que combatió implacablemente el crimen, un héroe del 9-11 del que pocos ponían en duda su título de caballero honorario y título de Alcalde de EU.

Tres meses después de la destrucción de las Torres Gemelas concluyó su mandato en Nueva York y comenzó una carrera muy lucrativa como orador en la que llegaba a cobrar

 hasta 200 mil dólares por presentación para cada una de las cuales su contrato exigía transportación en jet privado que “TENÍA QUE SER Gulfstream IV o más grande”

Giuliani y el expresidente George W. Busch en Nueva York tras los ataques terroristas de septiembre de 2001. Foto: Bush Administration.

En seis años logró juntar cerca de 30 millones de dólares, era miembro de 11 country clubs y tenía seis casas.

Obviamente el siguiente paso era lanzarse por la presidencia. Pero después de una campaña muy cara para conseguir la nominación republicana de la que sólo obtuvo el respaldo de un solo delegado, algo cambió en la percepción pública sobre Giuliani, tal vez consecuencia del comentario que Biden siempre hizo durante su campaña: “Sólo hay tres cosas que siempre menciona en una oración: un sustantivo, un verbo y el 9-11”. Giuliani nunca olvidó esa burla, cuentan.

Las personas cercanas a él también notaron el cambio. Judith Nathan, su tercera exesposa, contó a New York Magazine en 2018 que el fin de su matrimonio “fue un proceso que comenzó cuando perdió la campaña presidencial. Por muchas razones que conozco porque soy esposa y enfermera. Se convirtió en alguien diferente”.

La campaña presidencial de Trump le dio oportunidad de reinventarse y Giuliani consiguió para sí el papel que Chris Christie, antes confidente de Trump, llama “primer amigo”. Cuando la grabación de Access Hollywood en la que Trump alardea de un ataque sexual se hizo pública, sus esbirros y seguidores empezaron a desvanecerse. Sólo Giuliani lo defendió en cada una de las cinco presentaciones de los domingos en la mañana que sentaron la agenda política de EU. “Sólo son palabras, y por dios todopoderoso, aquel que no haya pesado, que tire la primera piedra”, decía.

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Más adelante, Steve Bannon, entonces el principal estratega de Trump, afirmaba que su apoyo fue indispensable. “Una de las razones por las que ganamos es porque Rudy estuvo allí todo el tiempo. “Rudi era incondicional. Es como un tejón”.

Abogado y proselitista en jefe

Giuliani en campaña impulsando a Donald Trump en Arizona en 2016. Foto: Gage Skidmore/Wikimedia Commons.

A Giuliani le negaron el premio que anhelaba de la secretaría de Estado y quedó girando en la órbita personal de Trump como su operador y apagafuegos, totalmente reconciliado con la pérdida de dignidad que esto conlleva.

En 1993, cuando el New York Times lo llamó “abogado proscrito” cuyas “sensibilidad cultural y psíquica se congeló en 1961”, se negó a que Trump le comprara el desayuno para que no pareciera impropio. Para 2019 fungía como el abogado personal del presidente sin goce de sueldo, un regalo que no se declaró.

También asesoró al presidente sobre la legalidad de su “veto musulmán” y es “su asesor de ciberseguridad”. Lo más sobresaliente fue el papel que desempeñó en el intento de Trump para crear un escándalo en torno a la familia Biden en Ucrania. Esto provocó que diplomáticos de carrera lo acusaran durante las audiencias de impugnación de conducir “una política exterior fantasma”. También hace anuncios publicitarios para la revista Cigar Aficionado y ver cómo su propia hija apoya a Biden.

A sabiendas del fracaso de sus representaciones legales son un tanto excéntricas, ahora busca regresar a la zona de gradas. ¿Cómo se sentirá si eso es lo único que le queda en esta ciudad que alguna vez gobernó?

Bastante relajado dijo en algún momento que “mi postura frente a los legados es ‘jódanse’”. En todo caso, insiste, que se le recordará con cariño a final de cuentas. “Seré el héroe”, dijo durante el asunto de Ucrania. “Estos idiotas… cuando esto se acabe… yo seré el héroe”.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Andrés González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

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