‘La gente ya no tiene miedo’: jóvenes peruanos se levantan para exigir un cambio
Foto: Johnattan Rupire/Wikimedia Commons

Dan Collyns/The Guardian

Lima.- Después de una semana tumultuosa en la que Perú tuvo tres presidentes –y una represión policiaca brutal contra las protestas generalizadas a favor de la democracia–, un movimiento juvenil incipiente ha emergido con un mensaje claro para los políticos del país.

Bajo el grito de guerra: “Se metieron con la generación equivocada”, el grupo no partidista está advirtiendo a los representantes electos de Perú que no tolerarán un regreso al mundo de la normalidad como de costumbre de trucos sucios y acuerdos secretos.

El movimiento popular clamó otra victoria el martes cuando el presidente interino, Francisco Sagasti, anunció una reorganización de la fuerza de la policía, nombrando a un nuevo jefe de la policía y despidiendo a más de una docena de oficiales de alto rango.

En un discurso televisado para la nación, Sagasti expresó también su “profundo pesar” por la represión policial de mano dura en la que dos jóvenes murieron y otros más resultaron heridos de gravedad. También ofreció disculpas por los incidentes en los que la policía humilló a mujeres jóvenes y supuestamente las forzó a desnudarse.

Pero el ingeniero de 76 años de edad y su gobierno interino deben pisar una línea fina entre mantener la legitimidad con un movimiento político, impulsado mediante redes sociales recién despertado, y un congreso dominado por la oposición, que podría usar los poderes de vacancia presidencial para removerlo, como lo hizo con el expresidente Martín Vizcarra.

Diego Cruz, un publicista de 33 años de edad, fue uno de las decenas de miles de peruanos que marcharon en contra de los “golpistas” quienes votaron 105 a 19 para remover a Vizcarra en medio de acusaciones de soborno no comprobadas.

“No se trata sólo de una generación marchando aquí, se trata de todos, porque nos sentimos indignados porque ese (Congreso) está dividiendo al país”, declaró.

“La gente ya no tiene miedo”, dijo Erika Ríos, una abogada de 47 años de edad que uso los colores rojo y blanco de la bandera peruana. “Este congreso no nos representa”.

La escala de las protestas a favor de la democracia tomó a la clase política de Perú por sorpresa, dijo Kenneth Roberts, profesor de política latinoamericana en la Universidad Cornell.

“También envía una señal de alerta poderosa en contra del abuso de los poderes de impugnación del congreso, lo que yace en el corazón de la crisis actual”, indicó. “Como las legislaturas en Brasil y Paraguay, el congreso de Perú ‘uso como arma’ la herramienta de moción de vacancia para objetivos políticos transparentes e interesados –y la sociedad peruana se ha levantado para hacer responsables a los cabecillas”.

Nueve de cada 10 peruanos se opone a la destitución de Vizcarra y 83 por ciento cree que la decisión de hacerlo fue motivada por los intereses políticos y personales de los legisladores, de acuerdo con una encuesta reciente del Instituto de Estudios Peruanos.

Con más de la mitad de la cámara de 130 miembros disfrutando de inmunidad parlamentaria de investigaciones penales –que van de asesinato hasta lavado de dinero– los ciudadanos de Perú han visto por mucho tiempo a sus representantes electos con una mezcla de temor y de odio.

“Más que partidos (políticos) parecen cárteles”, dijo Iván Lanegra, secretario general de Proética, el capítulo peruano de Transparencia Internacional. “Lo que tienes es un conjunto de partidos todos compitiendo por el control de los recursos y obras públicas estatales mientras promueven sus propios intereses creados”.

La cámara incluye a figuras como Posemoscrowte Chagua, quien participó en una insurrección mortal en 2005 en la que seis oficiales de policía murieron, y a Fernando Meléndez, un exgobernador regional quien encara más de 80 investigaciones criminales que incluyen malversación, lavado de dinero y explotación laboral.

El partido de Chagua, la Unión por el Perú (UPP) extremista, encabezó el llamado por la remoción de Vizcarra. Fundado por Antauro Humala, el líder encarcelado de la fallida sublevación militar de 2005 y hermano menor del expresidente Ollanta Humala (2011-16), el partido es inspirado por el credo radical “etnocacerismo” de su padre Isaac Humala, que predica la superioridad de los andinos de “piel de bronce” y un odio xenofóbico del vecino sur de Perú, Chile.

La bolsa mixta del congreso, incluye también un partido cristiano fundamentalista y figuras poderosas ligadas al ventajoso sector universitario con fines de lucro.

Antes de que fuera obligado a dejar el cargo, el gobierno de Vizcarra estaba emprendiendo una reforma de control de calidad de la educación privada, una reforma que impactaba directamente a los intereses comerciales de José Luna, fundador de Podemos, y del ex candidato presidencial, César Acuña, de la Alianza Por el Progreso (APP). Sus dos partidos votaron a favor de remover a Vizcarra.

Sólo dos días antes de la remoción de Vizcarra, Luna fue arrestado por supuestamente sobornar a funcionarios para registrar a su partido sin contar con suficientes firmas de electores. Los reguladores de la educación superior están cerrando la Universidad Telesup de Luna por fallar en cumplir con los estándares básicos.

La reforma universitaria fue un factor importante que condujo a los jóvenes a marchar contra la salida de Vizcarra, dijo Ricardo Cuenca, quien fue investido como ministro de Educación interino la semana pasada.

“Hasta hace poco tiempo, pensábamos que los jóvenes estaban desconectados por completo de la política”, dijo Cuenca, ex director del Instituto de Estudios peruanos.

“Creo que nos están enseñando, a diferencia de lo que ocurrió en Chile, que están desconectados de una forma antigua de hacer política”.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo René Soto. Consulta el artículo original haciendo click en el logo: