Refugiados en México: ¿es comparable cómo se trata a afganos y centroamericanos?
Foto: SRE.

Siempre ha sido difícil para México ser el país que se encuentra entre los Estados Unidos y Centroamérica, reconoce la directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI), Erika Guevara Rosas. No es fácil, entre otras cosas, porque es la última frontera terrestre que tienen que cruzar los migrantes procedentes de Latinoamérica para solicitar asilo en EU. Y esto, en una región, la latinoamericana, en la que los estados tradicionalmente han gestionado los flujos migratorios de forma bilateral. Con lo cual, dice Guevara, “México históricamente se ha posicionado en ser el oficial de deportación de los EU”.

Ella pone de ejemplo lo que sucedió el 29 de agosto en Tapachula, cuando un grupo de migrantes indocumentados organizó una caravana que fue violentamente “contenida”, según el gobierno, o reprimida, según organizaciones de derechos humanos como AI, por agentes de la Guardia Nacional, el Instituto Nacional de Migración y el Ejército. La peor cara de la política migratoria de México. La mejor, la ofreció el 24 de agosto, cuando el canciller, Marcelo Ebrard, fue al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a recibir un grupo de afganas procedentes de Qatar y que huían del Afganistán de los talibanes. Las comparaciones en redes sociales fueron inevitables.

¿Es comparable el trato que México da a los afganos respecto de los centroamericanos?

“Existe una coincidencia muy importante: la necesidad de protección”, afirma el analista del think tank estadounidense Migration Policy Institute (MPI), Ariel Ruiz. La búsqueda de protección de sus países de origen es lo que hace equiparables a los ciudadanos de los pueblos que llegan a México, ya sea por ser país de tránsito o un país de refugio.

Ruiz alaba la ley que regula el refugio en México, la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político. Comparada con la de EU, contiene una definición de refugio más amplia, lo cual, permite incluir tanto a integrantes del pueblo afgano como a los de países centroamericanos.

De forma resumida, se reconoce como refugiado a una persona que tenga fundados temores de ser perseguido “por motivos de raza, religión, nacionalidad, género, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”, dice el artículo 13, o bien, que haya huido de su país de origen “porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por violencia generalizada, agresión extranjera, conflictos internos, violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”. Por tanto, todos merecen recibir el mismo trato por parte del Estado, según él.

Llegada de un grupo de refugiados afganos en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Foto: Secretaría de Relaciones Exteriores/ EFE

Pero desde la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados (Comar), no ve que ambas situaciones sean comparables. “Si vamos a comparar el número de afganos, es mínimo comparado con el de personas de Centroamérica y otros países”, explica a La-Lista el coordinador general de la Comisión, Andrés Ramírez Silva.

En concreto, en 2019 se aceptaron a dos afganos y en 2021, antes de la toma del poder de los talibanes, el 15 de agosto, dos más. Entre el mismo lapso, las nacionalidades con más reconocimientos de refugio en México han sido Honduras, Venezuela, El Salvador, Guatemala, Cuba y Haití.

La que más, la hondureña, con 22,004 solicitudes reconocidas (la tasa de aceptación está entre el 75% y el 84%); seguida de Venezuela, con 10,879 (prácticamente todas las solicitudes se resuelven positivamente), y en tercer lugar, la salvadoreña, con 6,733 (entre el 68% y el 87% son positivas).

“Además, en el caso de afganos, no son refugiados. Se les dan tarjetas por razones humanitarias, una estadía temporal, y lo más probable es que no se queden en México”, aclara el coordinador, para ahondar en la diferencia entre los solicitantes de protección al país en cuestión.

En esa misma confusión cayó el canciller en una entrevista con The New York Times. Preguntado por esa diferencia de trato, dijo que se basaba en “la diferencia entre los migrantes económicos y las personas que buscan refugio y asilo”, refiriéndose estos últimos a los afganos. Expertos consultados por La-Lista aseguran que la línea que separa las diferentes causas de migración forzada es muy fina y normalmente, se trata de una mezcla de razones que los llevan a huir de sus países.

¿Cuántos piden protección?

“La diferencia clave es que una persona de Haití o Cuba busca llegar a EU de manera irregular, mientras que las personas procedentes de Afganistán, buscan quedarse en México de manera regular”, puntualiza el experto del MPI.

Ello explicaría también por qué hay migrantes de Latinoamérica o del Caribe a quienes no se les trata como refugiados (por ejemplo, con la imposibilidad de deportarlo), pues muchos tienen como destino final EU. Pero también hay un problema en cuanto al conocimiento que estas poblaciones tienen de sus derechos y la ausencia de instituciones que les asesoren. “No vimos a ningún agente de la Comar (en Tapachula)”, critica Guevara, sobre el episodio de violencia perpetrada por el estado que se vivió el fin de semana del 29 de agosto.

El coordinador de la Comisión explica que, en dos años y medio, han logrado duplicar el número de oficinas que tienen por todo el país hasta llegar a ocho. Pero las solicitudes proceden de todas las entidades federativas. Esto es así porque las remiten los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM). Sin embargo, no tienen datos de qué porcentaje de emigrantes que cruzan México optan por pedir refugio porque la Comar no tiene funcionarios en las estaciones migratorias.

Pero en AI, no hay motivos para confiar en la gestión que hacen los agentes en la frontera. Según publicó en junio, en 2019 y 2020, México deportó el 90% y el 70%, respectivamente, de niños y niñas de Centroamérica puestos bajo custodia. En lo que va de 2021, han deportado aproximadamente la mitad: “17,750 niñas y niños no acompañados provenientes de Centroamérica sin que se haya hecho un registro. No se les preguntó si estaban en peligro, si estaban en situación de migración forzada y, sobre todo, no se acudió a instituciones encargadas de velar por ellos”, asegura la directora de AI para las Américas.

La Comar afirma estar “rebasada”. Eventos como el magnicidio y el terremoto del 14 de agosto en Haití, la crisis económica del Covid-19 y la apertura de fronteras subsecuente a la vacunación, y las expectativas que generó la llegada a la Casa Blanca de Joe Biden han aumentado el flujo de migrantes indocumentados a México. En los primeros ocho meses de 2021, se han presentado 77,559. Desde que hay estadísticas, en 2013, el pico más alto fue en 2019, con 70,423. Desde el MPI creen que se llegará a los 100,000.

31 de agosto, 2021. Migrantes centroamericanos y haitianos que se dirigen en caravana hacia Estados Unidos descansan en Mapastepec, Chiapas, México. Foto: Isaac Guzmán / AFP