AMLO marcha, mientras a Monreal le dicen: ¡quédate en España! | Crónica

“¡Que nos cuenten bien… si saben contar!”, espeta una mujer luego de que comienza la marcha del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a unos pasos del Ángel de la Independencia. Son las 9:15 de la mañana cuando un río de gente empieza a avanzar hacia el Zócalo.

La mayoría se congrega en un carril para alcanzar a ver al mandatario. Todos quieren una foto, un saludo, le avientan confeti y hay quien logra tomar su mano. Pareciera como si una estrella de rock se bajara de su auto y caminara en Paseo de la Reforma.

Celular en mano, a la gente no le importa apretujarse ni el sudor ni el tumulto, o llegar a caer en los camellones de Reforma llenos de nochebuenas que terminan siendo aplastadas.

Miradas y cámaras siguen el paso de López Obrador, quien se acompaña de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y el secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

Marcelo Ebrard venía en el grupo pero decidió emprender la avanzada. Aunque esperó con Claudia y Adán la llegada del presidente, la multitud hizo que el canciller tomara un paso más veloz y va más adelante, dejándose fotografiar por quien se le acerque. “¡Marcelo!, ¡carnal!, ¡unidad, unidad!”, se escuchan los gritos a su paso.

López Obrador avanza a paso lento en medio de una multitud, que hace que un trayecto de una hora se vuelva casi de seis. “¡Me están apachurrando!”, “¡saque a su niña!”, “¡cuidado con el señor en silla de ruedas!”, se alcanzan a escuchar las voces en el río humano.

Tenía años que López Obrador, quien como opositor nació justamente en las calles, no salía a marchar y parece que hoy convocó hasta al último que pudo. Parece que no faltó nadie. Aquí camina Juan Carlos, un señor de 72 años que vino desde Tláhuac al centro de la Ciudad de México con un único objetivo: ver a AMLO.

Impaciente, espera sobre la calle Francisco I. Madero, en el centro, cuando falta mucho para que llegue. Pero en su rostro se dibuja una sonrisa cuando escucha a lo lejos: “¡Ahí viene el presidente, necesitamos que le den un espacio!”. La esposa de Juan Carlos, Ana, dice emocionada: “Por fin, desde 2006 que lo seguimos nunca habíamos estado tan cerca de él”

Hay quien viajó cientos de kilómetros para poder escuchar el mensaje o ver unos minutos a AMLO, como Lorena, quien llegó procedente de Sinaloa muy temprano, acompañada de docenas de personas.

Lorena salió la noche anterior en autobuses que, le dijeron, había ofrecido Morena, pero negó ser una “acarreada”, pues vino “feliz y convencida” a apoyar al presidente, pese a la ayuda que recibió para trasladarse de su estado a la capital.

“Nosotros sí tenemos valores y no nos mueve el dinero como dicen los de la derecha, venimos a festejar por este gobierno que tanto quisimos siempre”, apuntó. 

Moraima vino con un grupo de amigas desde Mexicali. En su caso dice que ella pagó su boleto de avión. “Fue muy difícil encontrar hospedaje, al último nos ayudaron a encontrar un hostal. Pero vale la pena porque este evento es único y nos encanta andar aquí. Estar con el presidente es un sueño. He escuchado que mucha gente vino en camión, pero porque los recursos no les eran suficientes para estar en este lugar. Más sin embargo los que podíamos hacer nuestro gasto, lo hicimos”.

Uno de los que no gastó nada fue José Balderas y su familia, quienes vienen de Cortázar, Guanajuato. “No hubo pago de autobús, son cuestiones del partido, como cualquier partido… Han venido tres autobuses de mi municipio. No hubo ningún costo”.

Durante la marcha, se ve a un contingente que viene de Puebla, con el coordinador de los diputados de Morena, Ignacio Mier Velazco, al frente.

“¡El INE sí se toca, el INE sí se toca!”, coreaban los poblanos. En silla de ruedas avanza el gobernador Miguel Barbosa quien tampoco pudo faltar a la cita, pues de hecho él soltó la idea de marchar, antes de que el presidente López Obrador lo oficializara. Otro poblano que también marcha es Alejandro Armenta.

En calles aledañas todo son camiones estacionados. Pero los asistentes refutan a quien diga que vinieron transportados: “¡No vine por mi torta, vine por mis huevos!”, “¡que quede claro, no somos acarreados!”.

Aunque miles esperaron para escuchar el discurso de AMLO, quien subió al templete al filo de las 15 horas, a otros les ganó el cansancio, el hambre o ya tenían programada la salida en autobús.

“Nosotros ya vamos de regreso. Ya no pudimos pasar”, dice una maestra de Guerrero que se marcha en autobús especial. “Venimos por el gobierno del estado. Por parte de la gobernadora (Evelyn Salgado)”, confiesa.

La marcha de AMLO pareció concurso de qué gobernador de Morena llevaba más gente. Hay de Sonora, de Morelos, Sinaloa… y hasta de estados donde aún no gobierna, como el Estado de México y Coahuila, donde hay elecciones el siguiente año.

“Que nos perdone el presidente, pero ya estamos muy cansados, estuvimos marchando desde muy temprano”, dice Marina, quien vino de Macuspana, la tierra natal del mandatario.

Una hora 35 minutos dura aproximadamente el discurso del presidente: “No, no a la reelección. Nosotros somos maderistas. Sufragio efectivo, democracia efectiva, no reelección“, suelta en los primeros minutos, luego de escuchar voces que le pedían hacerlo.

El mandatario se dedica a enumerar 110 acciones y logros de su gobierno, mientras la gente comienza a dispersarse y los menos -aún miles- quedan en la plancha.

“Sigamos haciendo historia, continuemos impulsando el cambio de mentalidad, la revolución de las conciencias. Hagamos realidad y gloria el humanismo mexicano”, dice el presidente que comenzó su discurso con voz cansada, pero termina con la fuerza que lo ha caracterizado al hablar: “¡Que viva México!”.

En la multitud hacia la salida camina el dirigente de Morena, Mario Delgado, al que le gritan:

¡Saca a Monreal!, ¡ya sácalo!

“¡Que se quede en España!”, responde el presidente del partido.

Cuando le pido que repita le frase, y le pongo el celular en frente, no vuelve a repetirlo y es más prudente:

¿Qué se quede en España Monreal, Mario?

“¿Qué dice la gente? A ver qué dice la gente….”. Y se escurre entre fotografías que le piden.

Sobre esta calle del centro, Avenida 5 de mayo, también pasa bajo un paraguas la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, visiblemente cansada, pero contesta a todo:

¿Es una guerra abierta contra Ricardo Monreal?

No, para nada, nosotros estamos denunciando donde hay corrupción y él entró, destapó muchas cosas que tenía escondidas.

¿Monreal fue el más abucheado de la marcha?

No sé la verdad pero yo creo que hay un sentimiento, la gente descubrió que hay traiciones que él ocultaba, ¿no? Una hipocresía de la cual el pueblo no es digno. Ni siquiera era contra él, estábamos denunciando las corruptelas de Alito y resulta que es cómplice.

Américo Villarreal, Rubén Rocha, Alfredo Ramírez Bedolla e incluso el hermano del senador incómodo, David Monreal, participaron en la marcha, y se van en sus camionetas, la mayoría con destino al Aeropuerto.

Andrés Manuel López Beltrán, hijo de AMLO, entra primero por Palacio Nacional tras bajar del templete. Después el presiente AMLO y su esposa Beatriz. Luego pasa Sheinbaum. Y luego Adán, encargado de la logística.

Cae la lluvia, después de Sol y frío.

Los militares, vestidos de civil, recogen vallas colocadas en las inmediaciones de Palacio.

“Ya está adentro (AMLO), ¡ya estamos del otro lado!”, se comentan entre compañeros que hoy no visten de verde olivo.

La gente se desperdiga entre el Metro, los camiones estacionados cerca, los restaurantes, los tacos del centro. La mayoría camina ya hacia la Alameda.

Por la noche, desde su despacho, Sheinbaum reporta una asistencia de 1.2 millones de personas. A la marcha parece que no faltó nadie. Sólo Ricardo Monreal, a quien el líder de su partido hoy le pidió mejor quedarse del otro lado del continente.

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