El chocolate, una amarga labor para miles de niños en países productores de cacao
Foto: cocoainitiative.org
Oliver Balch/The Guardian

Casi 20 años después de que los mayores productores de chocolate en el mundo se comprometieron a abolir el abuso en el trabajo, la explotación infantil sigue existiendo en sus cadenas de suministro, de acuerdo con un nuevo estudio

Una investigación de la institución independiente, NORC de la Universidad de Chicago, encontró que casi la mitad (43%) de todos los niños de entre cinco y 17 años en las regiones con cultivos de cacao en Ghana y Costa de Marfil, los productores más grandes de cacao, están involucrados en trabajos peligrosos. 

En total, un estimado de 1.56 millones de niños trabajan en la producción de cacao en tan solo estos dos países africanos.

El trabajo peligroso incluye el uso de herramientas afiladas, trabajar de noche y la exposición a productos agroquímicos, entre otras actividades dañinas.

El reporte, encargado por el Departamento del Trabajo de EU, señala que la proporción promedio de niños laborando ha subido 14 puntos porcentuales en la década pasada. El incremento está acompañado por un aumento de 62% en la producción en el mismo periodo. 

Los hallazgos levantan cuestiones difíciles para la industria en particular. En 2001, marcas grandes como Nestlé, Mars y Hershey firmaron un acuerdo intersectorial dirigido a eliminar la atroz explotación infantil. A pesar de no llegar a las fechas límites para cumplir con su compromiso en 2005, 2008 y 2010, ellos siguen insistiendo que terminar con la práctica ilegal sigue siendo su principal preocupación. 

En respuesta al mordaz reporte, el gigante chocolatero estadounidense Mars dijo que la explotación infantil no tiene lugar en la producción de cacao y que han destinado 1,000 millones de dólares para ayudar a “arreglar una cadena de suministro rota”. 

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Los grupos activistas califican estos comentarios como una cortina de humo. De hecho, una demanda que establece que los productores internacionales de chocolate generan ganancias a sabiendas de los abusos en contra de los niños se está viendo ante la Suprema Corte de EU. 

Charity Ryerson, la fundadora del grupo activista estadounidense Corporate Accountability Lab, refleja un sentimiento generalizado de que la industria chocolatera es “abrumadoramente hipócrita”. Si ellos quisieran, podrían acabar con la explotación infantil mañana. 

“En los últimos 20 años, la industria del cacao ha invertido muchos recursos en las relaciones públicas en torno a la sustentabilidad, pero el aumento de la explotación infantil demuestra que ha fallado en llevar esa misma experiencia e inversión a crear verdadera sustentabilidad”.   

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Los compradores de cacao niegan el cargo, alegando que el problema es complejo y no se solucionará tan fácil. Las explicaciones pasa su continuo fracaso van desde lo legal (ellos no son dueños de las granjas en las que suceden los abusos) a lo práctico (las auditorías son caras; identificar las granjas de origen es complejo) hasta lo quisquilloso (el protocolo de cacao Harkin-Engel es no vinculante y solo cubre las “peores” formas de explotación infantil). 

De acuerdo a la Fairtrade Foundation, solo el 6% de las ganancias de la industria chocolatera llega a los agricultores. Los modelos de comercio justo buscan terminar con esto al incrementar los precios al consumidor y pasarle la prima a las cooperativas agrícolas. 

Louisa Cox, directora de impacto en la Fairtrade Foundation, acepta que se necesita más ayuda para atacar “problemas prácticos” para que la explotación del país sea cosa del pasado. Su lista incluye proveer financiamiento, entrenamiento y servicios técnicos a largo plazo, así como ayudar a los agricultores a diversificarse más allá del cacao. 

Siguiendo las prácticas del comercio justo, los gobiernos de Ghana y Costa de Marfil desplegaron un programa para los precios de venta del cacao (conocido como “diferencial de ingreso básico”). El movimiento también incluye esfuerzos para evitar la sobreoferta, proyección de ventas y otras prácticas deflacionarias. 

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Graciela González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

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