Gatos, camellos y un basilisco: el ascenso de la terapia con animales
Un basilisco. Foto: Martin Str/Pixabay.com

Oliver Holmes/The Guardian

Jerusalén.- Ser amante de los gatos es un dilema. Les compras sobres de comida que apestan la casa, limpias sus areneros, y gastas cientos y cientos en idas al veterinario. A cambio de eso, tu acompañante felino rasguña todos los muebles y tus brazos, esconde roedores muertos en las alfombras, y de vez en cuando desaparece por tres días.

“Los humanos tienen mentalidad de sobreviviente: si trato bien a las personas, ellas me tratarán bien”, dijo Yoni Yehuda, psicoterapeuta israelí, mientras su gato Jack Daniels bebía agua de un recipiente en su oficina.

Con respecto a los animales, afirma, no parece haber compensaciones así. Les ayudamos por motivos más puros, a veces sin esperar nada a cambio. “Damos desde un lugar muy limpio dentro de nosotros”.

Este concepto es la base del trabajo del profesor, proveer terapia para personas con problemas de salud mental mediante el cuidado de animales. Él cree que hay sanción en las raíces de la relación humano-animal. “El primero en hacer psicoterapia con animales fue Dios”, dice mientras un perico picotea el mosquitero en la ventana de su oficina.

Afuera, una llama y un camello reposan bajo el sol sobre la arena. Yehuda tiene cientos de animales, desde caballos y tortugas hasta un exótico basilisco que puede correr sobre el agua, y un coatí sudamericano de cola anillada. Muchos de los animales han sido rescatados y por diversas razones no es posible regresarlos a la vida silvestre o domesticarlos.

“El primero en hacer psicoterapia con animales fue Dios”

Yoni Yehuda

El sitio y el trabajo de Yehuda están en la rama experimental, e incluso controversial, de un campo de estudio científico que poco a poco se establece y gana popularidad alrededor del mundo.

A finales del siglo XVIII, los institutos de salud mental utilizaban animales para fomentar la socialización. Ahora, le recomiendan a sus pacientes acariciar un perro, pues ya se ha demostrado que ayuda a reducir el estrés. Los practicantes dicen que los animales también motivan a que los pacientes continúen con el tratamiento, y a veces los usan como metáfora para sus propias complicaciones. Incluso, muchos de los pacientes con traumas prefieren no interactuar con personas.

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Yehuda dice que la terapia con animales es una nueva forma de psicoterapia. Foto: Quique Kierszenbaum

En años recientes, los análisis de docenas de estudios han indicado que la terapia con animales llega a tener un limitado pero positivo impacto sobre un amplio rango de desórdenes, incluyendo depresión, esquizofrenia y adicciones.

“Muchos estudios no son de buena calidad, pero ayudan a las apariencias”, dice Karin Hediger, psicoterapeuta e investigadora de la Universidad de Basilea, en Suiza.

Durante dos años, Hediger ha manejado un centro que aloja caballos, conejos y pollos, y trabajan con niños y adultos que tienen problemas psicológicos. Ella descubrió que los animales pueden romper barreras con pacientes que tienen dificultades para entender cómo se sienten o cómo actúan.

Si sus pacientes demuestran agresión o frustración, un caballo con entrenamiento para ciertos tipos de terapia puede reconocer su lenguaje corporal y responder, usualmente retrocediendo. “El cliente se da cuenta de lo que está sucediendo”, dice Hediger.

Algunos pacientes no hablan. Sobre estos casos dice que “trabajar con animales funciona a la perfección, pues ellos también son no verbales”.

Conforme crece el campo, la Asociación Internacional de Organizaciones de Interacción Humano-Animal (IAHAIO)  trabaja para promover más y mejores investigaciones.

“Hay efectos científicamente probados. Pero muchos de esos son difíciles de demostrar con estadísticas porque suceden a nivel emocional “, dice la presidenta Marie-José Enders-Slegers.

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“A nivel emocional, puedes ver que los pacientes están relajados, se divierten, están alegres y en paz. Eso es fantástico”.

La IHAIAO trabaja para profesionalizar el área con el implemento de lineamientos profesionales y éticos. Por ejemplo, prohibieron la terapia con especies exóticas, como reptiles y monos, no sólo porque sean peligrosos sino por la posible transmisión de enfermedades”.

En particular, la terapia con delfines en cautiverio es condenada por muchos. La acusan de ser una pseudociencia inhumana, con muy poca investigación para respaldarla.

Yehuda es una especie de rebelde. En su centro terapéutico, ubicado en un asentamiento en la Ribera Occidental (Cisjordania), desarrolló sus propios métodos, y trabaja con animales domesticados y salvajes.

Empezó su carrera consigo mismo como paciente. En 1987, cuando era paracaidista, sufrió una parálisis en el lado derecho de su cuerpo, y después le diagnosticaron desorden de estrés postraumático. Cuando un soldado palestino le disparó, su condición mental empeoró aún más.

“Comencé practicando conmigo mismo, intentando entender mis sentimientos y mi ser”, recuerda.

Ahora, Yehuda tiene un doctorado en psicología y dirige un respetado curso de tres años en la Universidad Hebrea. Tiene muchos métodos que él mismo diseñó, lo normal es que use ciertos animales para ciertas condiciones.

Para las fobias, tiene un programa con insectos palo, mariposas y gusanos. “Si tenemos que trabajar con desórdenes alimenticios como anorexia y bulimia, tenemos un método espacial con iguanas”.

Su centro se ha mantenido abierto durante la pandemia, pero con capacidad limitada.

El cuidado de las cabras

Uno de sus pacientes, quien desea permanecer anónimo, dice que “dejó de funcionar “ después de combatir con el ejército israelí en Gaza durante la guerra de 2014. Dormía todo el día y no lo hacía en la noche, estaba al “límite de la hospitalización “.

Cuando se inscribió al centro esperaba que le preguntaran sobre sus emociones. En lugar de eso, Yehuda le pidió que cuidara a las cabras. “No me interesaban los animales. Me senté durante horas entre las cabras”, recuerda mientras camina por el corral. “Cuidarlas me agotó físicamente y me ayudó a dormir” añadió. Después de unas semanas, se acercó a Yehuda porque se sentía listo para hablar, y varios meses después, todavía ayuda en el centro.

Yehuda dice que la terapia con animales es un campo “nuevo pero que patalea” de la psicoterapia, pero el trabajo que hacen es ancestral, o incluso es instintivo.

Su objetivo es que la gente sienta que tiene un propósito en la vida, “aunque sólo sea darle de beber a un gato”.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Andrés González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

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