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Shawn Mendes: ‘El miedo me estranguló. De verdad caí’

Cuando era adolescente, Shawn Mendez quería ser la estrella pop más grande del mundo, pero la fama global vino con ansiedad incapacitante.

Shawn Mendes
Foto: Josiah VanDien/ Wiki Commons

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Simon Hattenstone/The Guardian

Shawn Mendes tenía una ambición simple. Él quería ser la estrella pop más grande del mundo. A los 14 aprendió él solo a tocar la guitarra con videos de YouTube. A los 15 grababa covers de seis segundos de las canciones de otras personas en la plataforma Vine. Para cuando Vine se descontinuó tres años después, él ya había juntado más de 500 millones de vistas.

Cuando tenía 17, su álbum debut de canciones que él escribió (con ayuda de profesionales experimentados), Handwritten, llegó al número 1 en EU y en su país natal, Canadá. También sus dos sucesores. Su primer sencillo número 1, Stitches, se ha visto en YouTube más de mil millones de veces, también Señorita, el dueto con su novia, Camila Cabello. Su canción Treat You Better lleva dos mil millones de vistas en YouTube. Es una historia sorprendente.

Espero conocer a un confiado joven de 22 años, que se bañe en su éxito y me diga por qué su cuarto álbum, Wonder, será su mejor y más grande. Pero no podría ser más diferente. Claro, Mendes ha hablado de su vulnerabilidad y su neurosis en el pasado, pero siempre parece parte de su juego de que es como todos. Hoy, es muy autocrítico.

Todo empieza con una inocente pregunta. ¿Cómo es Wonder diferente a los otros álbumes? “Bueno, esa es una pregunta cargada”, dice Mendes, como si se preparara para ir al ataque. Pero no, se aleja. En su lugar, me cuenta sobre el año anterior. “Tuve un momento a finales de enero en el que mi cuerpo no me dejó cantar”. Él se ve maravilloso, en forma y fresco, pero suena cansado. ¿Por qué pensó que no podía cantar? “Físicamente no podía cantar por mi ansiedad de tener un álbum exitoso. El miedo me estranguló y literalmente me detuvo de ser capaz de cantar”. ¿Por cuánto tiempo? “Pasó un mes para tomar el primer paso. De verdad caí”.

Por supuesto, él se preocupó por su voz, él es un cantante. Pero empezó a hacer preguntas más grandes: ¿qué quería de la vida, por qué es importante ser exitoso, y por qué su idea de éxito se relaciona con algo de valor verdadero? Él me lleva de vuelta al principio. “Empecé a tocar música frente a un público a los 15. Estuve de gira por siete años seguidos y tuve mucho éxito, muchas canciones grandes, muchas razones para que la gente me admire y piense que soy genial, y muchas razones para yo mismo pensar que soy genial”.

¿Y tú creías que eras genial? “Ahí es donde se pone estresante. Todos esos elogios y ese éxito se convertían en un monstruo que se comía mi autoconfianza porque, si alguien decía que no le gustaba mi música, de repente sentía que yo no valía nada. Eso pasa cuando conectas lo que eres con lo que haces”.

La primera mercadotecnia de Shawn Mendes era ingeniosa y despiadada, y los grupos de defensa de niños la llamaron poco ética. Mendes y su dirección alentaron a los fans a comprar múltiples copias de Handwritten para encontrar un boleto dorado para conocerlo en persona y verlo cantar en un destino tropical.

Los niños pequeños y adolescentes, predominantemente niñas, lo adoraban. Él se vendía como agradable y auténtico. Él nunca le negó selfies a los fans, apareció en meet-and-greets interminables. Logró un eight-pack, usó chalecos blancos, iba frecuentemente sin playera y modeló ropa interior para Calvin Klein. Nunca fallaba en ser amable, encantador, hermoso: la estrella pop perfecta.

Pero había un toque de algo más. Mientras muchas de sus primeras canciones se parecían a las de Taylor Swift y de los Justins Timberlake y Bieber, In My Blood demostró que puede rockear como los Kings of Leon. Hasta un artículo de NME el año pasado sugirió que es como un Bruce Springsteen de la Generación Z: se ve bien en un chaleco sin mangas, sabe como calentar a un público, y es un chico bueno que respeta a las mujeres en lugar de objetificarlas.

Mendes está en Miami cuando hablamos por Zoom. Él habla desde lo que parece un invernadero exótico, pero es un Airbnb de lujo. Él se quedaba con Cabello pero se salió por unos días mientras ella se concentraba en hacer música nueva. “Le estoy dando espacio porque no quiero interferir con su flujo creativo”. Él dice que ama Miami, donde creció la cubana Cabello. “Estoy buscando una casa aquí con Camila, solo tengo que decidirme en donde”.

Tal vez no es tan sorprendente que Mendes sea tan sensible al criticismo. Por todos los millones de fans, tiene muchos detractores que dicen que le falta personalidad, que su música es blanda y de fórmula, y que su relación con Cabello es una estrategia de relaciones públicas para elevar las carreras de los dos.

Eso debe doler, pero todavía me asombra cuando dice que se siente mal cuando a cualquiera no le gusta su música. Eso es una locura, digo, porque la música está diseñada para una demografía en particular. Es inevitable que a algunos no les guste. Él asiente. Claro, lo sabe. “Ese es el problema. Ahí es cuando te derrumbas, cuando tratas de hacer algo imposible: algo que a todo el mundo le guste”.

Le pregunto si Camila es más pragmática: ¿también piensa que debe agradarle a todos? “Ella cree que tu arte es mágico porque algunos piensan que es mágico. Ella no es tan obsesiva como yo en ese sentido”. Se corrige. “Como yo era”.

Todo eso suena como una pesadilla. Él asiente otra vez, y sonríe. “Es una tortura psicológica. Completamente lo es, y eso es después de tres terapeutas y 55 libros de autoayuda más meditación y ejercicio y experiencia de vida y todas las cosas en las que he trabajado por el último año y medio”.

Mendes dice que todo viene de su hambre, o avaricia, por el éxito. Él mira atrás y dice que parece poco probable: la desesperación de medir todo por cifras. Mendes puede llevar una vida sana (con la copa de vino o porro ocasional), pero suena como si se hubiera hecho adicto al éxito. Y a un tipo específico de éxito corporativo.

Le recuerdo de la vez a principios de su carrera que estaba tan determinado de agotar los 55,000 lugares del Rogers Centre en Toronto que escribió: “Agotaré el Rogers Centre”, repetidamente en su diario. “¡Pero sí lo agoté!” protesta. “Deseé que muchas cosas de esas pasaran. No tiene nada de malo querer llenar un estadio. Pero ahora entiendo que eso no te da satisfacción”.

Mira, dice, él ha sido fantásticamente afortunado, no se queja mucho. “Cuando te dan la ola tienes que tomarla”. Pero no puede dejar de pensar que tal vez tomó la equivocada. “Si le preguntaras al Shawn de 15 años qué significa ser muy exitoso, él diría que tener un par de canciones grandes y dar shows en frente de mucha gente. Bueno, he tenido más de un par de canciones grandes y es increíble, pero la felicidad definitivamente no viene de ahí. La felicidad viene de las conexiones humanas y de enamorarse y de estar en el cumpleaños de tu hermana y de tener amigos cercanos, no solo de dar shows para 50,000 espectadores. La felicidad no está al final de un largo y loco viaje en tren”.

Los cuestionamientos

Cuando Mendes se dio cuenta de que estaba tan ansioso que no podía cantar, empezó a cuestionar sus motivos. “Me pregunté: ¿por qué es tan importante para mí ser un músico tan exitoso? ¿El éxito es algo que solo alimenta mi ego o en realidad es tan grandioso? Me dí cuenta de que era algo que alimentaba mi ego, y ya no lo alimentaría más. Entre más éxito tienes, más miedo tienes de perderlo, así que te desesperas”.

¿La gente le dijo que cambió? “Gracias a Dios, no” Pero él sabe que lo hizo. “Me mudé a mi condominio a los 18, y la primera vez que cené ahí con mi familia fue este año. Hice la cena y tomamos vino, pensé, ¿por qué esto nunca pasó en los últimos tres años?” La respuesta fue simple, dice: nunca tuvo tiempo para eso. ¿Dijeron algo al respecto? “No, porque son muy dulces, y solo quieren que viva mi sueño”.

Les dijo que descubrió que lo que pensó que era su sueño ya no lo es. “Absolutamente. La verdad es que no sé cuál es mi sueño ahora”. Sus padres, que viven en Ontario, Canadá, suenan adorables, para nada como los típicos padres encimosos de las estrellas infantiles. Su madre creció en Somerset, Inglaterra y es una agente de bienes raíces, mientras que su padre portugués vende insumos para bares y restaurantes. Mendes habla de lo geniales que son para mantenerlo con los pies en la Tierra. “No sé si es porque mi madre creció en una granja por lo que tiene una perspectiva de lo que realmente importa en la vida. Siempre me dijo, cuando me preocupaba por algo, que todo estaría bien, porque tengo una familia que me ama”.

Problemas con la fama

En Monster, el dueto con Bieber, él habla de sus problemas con la fama, de estar en un pedestal y el miedo de caer. Menciono el muy público colapso de Bieber en 2014, cuando cambió de ídolo adolescente angelical a chico malo de la noche a la mañana. Mendes solo pregunta cómo puedes no volverte loco en el mundo de las celebridades. “Ser famoso es loco, es absurdo. Tener millones de personas en todo el mundo que te elogian y paparazzi que te siguen y están frente a tu puerta todo el día mientras tratas de tomar café es ridículo”.

Le digo que me sorprendió cuando grabó una canción con Bieber, se suponía que fueran rivales. En 2015, cuando le preguntaron por Mendes, Bieber contestó: “¿Quién es Shawn Mendes?” Hot, Mendes dice: “No creo que él realmente supiera quién era yo en ese punto. La gente pone más tensión entre nosotros de la que hay”. ¿Ahora son amigos genuinos? “Sí, absolutamente somos amigos ahora. Él me escribió anoche para ver cómo estaba, y eso es lo mejor que ha salido de esto: una amistad inesperada”.

Le pregunto si perdió la cabeza este año, en una manera muy diferente a Bieber: un silencioso colapso estilo Shawn. Se ríe. “Sí, en un modo muy Shawn. Me agoté y tuve un colapso interno, pero no externo”. ¿Pensó en dejar la industria musical? “Sí”, dice. “Estuve muy cerca. Extremadamente cerca”. ¿Qué lo detuvo? “Me di cuenta de que no es la industria, es la forma en la que hago la industria. Dejo que la industria controle lo que hago, en lugar de que yo controle mi vida”.

Parece que Mendes sí sufrió una profunda crisis de identidad. De lo que siempre se enorgulleció fue de su autenticidad, pero se dio cuenta que al obsesionarse con el éxito sacrificó eso, o que ya no sabía lo que eso significaba. Él estaba desesperado por no ofender ni alejar a la gente. “Me volví un tipo de político con mis palabras a una edad muy joven, y el problema fue que no levantaba mucho la voz. La mayoría de las veces me escabullía de las preguntas de las preguntas incómodas”.

Es gracioso, dije: estás hablando de tu falta de autenticidad en el pasado, pero de la única cosa que te acusaron de fingir fue tu relación con Camila, que es real. “Había una desesperación para que saliera del closet, lo cual es ridículo. Me entristeció porque conozco personas gay que no han salido y sé cuánto sufren por eso. Es completamente ignorante e insensible que la gente pida eso”.

Ahora, dice, que ya tiene el balance justo de la vida. Menciono que sus últimos dos sencillos no fueron tan exitosos. ¿Está en una etapa en la que puede aceptar eso? “Para ser honesto, no me importa. Creo que lo que la gente no ve son los mails y mensajes que recibo sobre lo mucho que inspiraron estas canciones a algunos”.

Hace dos años, Mendes le dijo a la revista Rolling Stone: “Es mi mayor miedo despertarme mañana y que a nadie le importe”. Esto parece estar al centro de… empiezo a decir. Él completa la oración: “… mi ansiedad. Exactamente. Ahora, ¿qué pasaría si mañana todos se olvidan de mí? Bueno, yo diría: ‘¿Todavía tengo a mis padres y mi hermana que me aman? ¿Todavía tengo a mi novia y a este cachorro?’” Apunta a Tarzán, un golden retriever de 10 semanas que duerme a su lado. “La respuesta es que estaría bien. Tengo salud y recursos y apoyo y seguridad. Estaría absolutamente bien”.

Traducido por Andrés González

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