Cómo una ensaladera de Ikea se volvió la inspiración de una obra arquitectónica de Rotterdam
Un Kapoor de una tienda de descuento… El depósito Boijmans Van Beuningen de MVRDV está revestido de vidrio espejado en lugar de acero pulido. Foto: Ossip van Duivenbode

La inspiración suele llegar durante el almuerzo en la oficina de los arquitectos holandeses MVRDV. Es el único momento del día en el que todo el mundo se separa de sus pantallas y se reúne alrededor de una larga mesa de comedor común, repleta de ensaladas variadas, para comer y platicar. Un día profético de 2013, durante una sesión de lluvia de ideas a la hora de la comida, la vajilla se reveló más inspiradora que nunca. Ocho años después, se añadió un monumental recipiente para ensaladas de Ikea al horizonte de Rotterdam: un Blanda Blank de 3.99 euros que se eleva 40 metros de altura.

“Buscaba algo redondo”, cuenta Winy Maas, el pícaro director de MVRDV, cuando describe los orígenes del Depósito Boijmans Van Beuningen. Este archivo abierto de 94 millones de euros (2 mil 162 millones de pesos) para el museo de arte de la ciudad ahora se erige como un colosal recipiente cubierto de espejos en el Museumpark de Rotterdam, reflejando el entorno en un panorama surrealista. “Los pasantes pusieron un gran bloque rectangular de unicel en la maqueta de la obra”, recuerda Maas. “Era demasiado tosco. Pensé que algo redondo sería más agradable para nuestros vecinos, así que lo sustituí por una taza. Después queríamos reducir la presencia, así que tomé el recipiente de acero inoxidable, con su bonito aspecto de espejo. Eso fue todo”.

Así es el proceso de diseño en una oficina cimentada en el espectáculo extravagante. Maas se deleita invirtiendo los modelos, o tomando cualquier cosa que tenga a la mano y añadiéndola a la mezcla. Un proyecto comenzó como un grupo de bloques antes de que colocara una tela sobre el modelo, convirtiéndolo en una colina con bultos. Otro edificio, con bloques del tamaño de una casa dramáticamente en voladizo desde su lado, fue el resultado de un modelo de una cuadrícula de pequeñas torres colocada por equivocación en posición horizontal sobre la mesa.

El cómico proceso es intrínseco a la extravagante marca Superdutch del estudio, y es la clave de su exportabilidad mundial. (Para el lanzamiento del Depósito, se llevó a cabo una conferencia de prensa en chino). Como una broma arquitectónica, su trabajo trasciende las fronteras culturales.

Por detrás y por debajo… el depósito ofrece un vistazo detrás de escena de la colección de arte. Foto: Ossip van Duivenbode

Maas cree que Rotterdam es especialmente adecuada para este tipo de creación de formas excéntricas. “No es una ciudad con un urbanismo habitual”, comenta. Quedó arrasada durante la Segunda Guerra Mundial, y en las décadas posteriores se han realizado todo tipo de experimentos extraños, desde casas cúbicas rotadas sobre soportes hasta el colosal mercado de MVRDV (otro resultado de una maqueta invertida). “Se trata de crear objetos. Cada generación deja su huella, y la siguiente reacciona”.

Esta marca en particular tuvo un recorrido accidentado. MVRDV ganó originalmente el proyecto del Depósito en 2007, con un diseño que se parecía a otro clásico de Ikea, la mesa Lack. Iba a ser una gigantesca plataforma cuadrada sobre unas patas de 35 metros de altura, con grúas que subían y bajaban cajas en un ballet vertical de almacenamiento, pero fue considerado como un paso demasiado grande, incluso para Rotterdam. MVRDV ganó un segundo concurso en 2014, pero quedó descalificado después de que se descubrió que Maas se reunió con el codirector de Boijmans, Sjarel Ex, durante el proceso. Los arquitectos impugnaron la decisión, alegando que no tuvieron ninguna ventaja injusta, y fueron readmitidos. El diseño se enfrentó a un bombardeo de oposición por parte de los vecinos, el director del cercano Kunsthal temía que se convirtiera en el “caníbal” del parque, pero la ciudad lo aprobó, y lo ha colocado debidamente en la portada de su mapa turístico como la última atracción estrella.

En la era de Instagram, este recipiente para ensaladas gigantesco ya ha demostrado ser un imán irresistible para las selfies. El tempestuoso fin de semana de la inauguración, con vientos helados azotando los costados aerodinámicos del Depósito, los habitantes de Rotterdam acudieron en masa para fotografiarse reflejados en su voluminosa piel.

La idea era crear algo parecido a la escultura de los frijoles espejados de Anish Kapoor en Chicago, pero revestir el Depósito con acero pulido sin fisuras resultaba ser demasiado costoso, por lo que se optó por paneles de vidrio espejado. Se crea una impresión similar desde la distancia, en la que la línea del horizonte queda plasmada en una bola comprimida, pero, al acercarse, se parece más a un salón de espejos de bajo presupuesto. Los paneles fabricados en China están fijados al recipiente de cemento en una cuadrícula muy espaciada, y sus superficies curvadas le dan el aspecto de un Kapoor de una tienda de descuento, con una cuenta anual de limpieza de ventanas de 50 mil euros (un millón 150 mil pesos.

Jardín en la azotea… el bosque prometido en realidad es un cinturón de árboles alrededor del borde. Foto: Ossip van Duivenbode

Los arquitectos explican que su objetivo era crear un edificio que “parezca que desaparece en su entorno”, pero una bola de espejos de 13 pisos de altura hace todo lo contrario, como siempre temió el vecino hospital Erasmus. El hospital se opuso firmemente al proyecto, y ahora ha tenido que erigir una pantalla para evitar que los niños de la sala de psiquiatría reciban una estimulación visual excesiva. Maas promete que una hilera de árboles recién plantados pronto ayudará, pero esta arca resplandeciente no es un vecino ideal para quien desee conservar su cordura.

Una vez en el interior del gran recipiente, con la entrada de 20 euros en la mano, los visitantes son libres de deambular por sus seis pisos, en los que algunas de las 151 mil piezas de la colección Boijmans son visibles a través de ventanas en los gruesos muros de cemento. Se pueden vislumbrar estantes de obras maestras antiguas, trozos de muebles de Memphis en cajas y montones de falos con lunares rojos de Yayoi Kusama que son examinados por los conservadores. Anteriormente, las colecciones se encontraban en siete lugares diferentes, incluido el sótano del museo, propenso a las inundaciones, por lo que se trata de una clara mejora para proteger la colección de 8 mil millones de euros.

Para compensar esta pérdida de parque, un jardín en la azotea corona el edificio. Al llegar a la cima, resulta que el bosque prometido en realidad es un cinturón de árboles alrededor del borde, con un restaurante y un salón de fiestas que se puede rentar que ocupan la mayor parte del techo. Afortunadamente, los árboles sobreviven mejor que los del malogrado montículo de Marble Arch de MVRDV, que aquí crecen en un vivero con las raíces entrelazadas para que se mantengan estables frente al viento.

‘Esto no es un museo’… pero los visitantes se pueden poner una bata blanca protectora e inscribirse a una visita. Foto: Ossip van Duivenbode

En la parte inferior, unas escaleras entrecruzadas se abren paso a través del patio interior poco iluminado, que tiene el aire del escondite de un villano de Bond en un túnel minero. El vertiginoso espacio está salpicado con grandes vitrinas de cristal en las que se exponen objetos de la colección, y en las que se puede ver la parte trasera de los cuadros y la parte inferior de las esculturas. Al ver las vitrinas se producen yuxtaposiciones inusuales, una pareja de enanos apareándose junto a un teléfono, puesto que los objetos están ordenados por material y tamaño, y no por cronología. No hay rótulos ni leyendas (“Esto no es un museo”, me dicen), pero los visitantes pueden descargar una aplicación y escanear códigos QR para conocer la información de algunos de los objetos.

Para vivir una experiencia aún más cercana, también puedes utilizar una bata blanca protectora e inscribirte a una visita guiada, que te llevará a una de las 14 salas de almacenamiento, donde un guía sacará un estante individual y te explicará los métodos de conservación. Pero no esperes ver un Rothko o un Bruegel: las estrellas de la colección son demasiado valiosas como para que las saquen a pasear.

Tal es la realidad del frágil almacenamiento del arte. Abrir el mundo de la parte trasera del edificio a la mirada del público, una idea que siguió el V&A con su Almacén del Parque Olímpico en Londres, es un proyecto que vale la pena, pero la verdad es que no se puede ver mucho. La mayoría de las partes accesibles del edificio albergan colecciones de arte privadas de empresas, como Rabobank o la red telefónica KPN, que en la década de 1980 acumuló una colección de arte contemporáneo holandés como parte de su programa de responsabilidad social corporativa. También hay una zona libre, donde los comerciantes pueden almacenar obras de arte sin pagar impuestos. Estos aspectos comerciales han contribuido a que el proyecto tenga éxito, junto con los 42 millones de euros recaudados de fuentes privadas, aunque el elevado precio de la entrada parece estar en desacuerdo con la idea de que el edificio es un escaparate corporativo para lucir grandes marcas.

‘Una ambición digna… pero la verdad es que no se puede ver mucho’. Foto: Ossip van Duivenbode.

También se plantea la cuestión más fundamental de en qué medida un recipiente circular es adecuado para la función de almacenar arte. En el almacén principal semicircular de pinturas, la geometría curva crea una agradable forma de abanico de estantes, pero en otras salas con forma de cuña los estantes se ven obligadas a ajustarse a esquinas triangulares inservibles, o a encajar alrededor de columnas. El almacén se ha visto obligado a adaptarse a las peculiaridades del edificio, y no al contrario, lo que resulta una forma extraña de diseñar un almacén de arte.

“No es disfuncional”, dice la codirectora de Boijmans, Ina Klaassen, “pero teníamos un reto. Por supuesto, un edificio rectangular habría sido más cómodo, pero esto es mucho más divertido. Queríamos algo icónico”.

Este es el talón de Aquiles del museo. Actualmente se encuentra inmerso en una renovación de 260 millones de euros de su bello edificio de los años 30, dirigida por los creadores de iconos Mecanoo, cuyo plan, con una forma ondulada, implica demoler toda un ala (premiada) que no fue construida hasta 2003, con un costo de 17 millones de euros. Sus arquitectos, Robbrecht y Daem, han demandado al museo para intentar evitar la demolición, y es difícil no considerar la propuesta como un acto de vandalismo asombrosamente despilfarrador, sobre todo considerando la emergencia climática.

Independientemente del resultado, cuando el museo vuelva a abrir sus puertas en 2028, contará con el espejo de selfie perfecto para admirar sus nuevas curvas.