¿Las arracadas de oro son el ‘collar de perlas’ de la era moderna?
Arracadas y sueños… Alexandria Ocasio-Cortez luciendo arracadas de oro en el discurso del estado de la Unión de 2019. Foto: Win McNamee/Getty Images

Las perlas dominaron el siglo XX. Jackie Kennedy las describió como “siempre apropiadas”. En una ocasión, Diana Vreeland envió un memorándum a su personal exigiendo ver más perlas en las páginas de Vogue: “Nada ofrece el lujo de las perlas“, insistió. Oscar Wilde dijo que le daban a uno “un aspecto tan sencillo, tan correcto y tan intelectual”. Anna Wintour, al regresar de un almuerzo en la Casa Blanca en el que ella, la entonces primera dama Hillary Clinton y una princesa Diana que estaba de visita las lucieron, comentó que “simplemente no te puedes equivocar”.

Para que se puedan aplicar los mismos elogios universales de estilo en la actualidad, solo es necesario cambiar las perlas por las arracadas de oro. Son el toque final sutil que funciona para cualquier persona, en cualquier lugar, a cualquier hora del día o de la noche. Son lo suficientemente discretas para la oficina, pero tienen una actitud fiestera cuando es necesario. Con las arracadas de oro nunca estarás demasiado arreglada ni demasiado desarreglada.

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Hailey Bieber rara vez es vista sin arracadas de oro en sus orejas. Fotografía: MEGA/GC Images

Si en la actualidad hojeamos Vogue, las arracadas de oro son tan ubicuas como lo fueron las cadenas de perlas. En la edición de noviembre de Reino Unido, Adele combina las arracadas de oro con un espectacular peinado hollywoodense y un abrigo blanco de plumas; la supermodelo del momento Paloma Elsesser utiliza las suyas con el cabello peinado hacia atrás y un corsé de Dolce & Gabbana. Hailey Bieber, cuyo apellido de soltera es Baldwin, rara vez es vista sin un par del tamaño de un plato.

¿Pero a quién pertenecen las arracadas de oro? Antes de que se convirtieran en una tendencia, las arracadas oro eran clasificadas como glamour “urbano” o “de centro”, con todos los incómodos matices raciales que implican esas etiquetas. Así que, ¿hasta qué punto la apropiación de las arracadas de oro por parte de un grupo demográfico ya rico en collares de perlas y aretes de diamantes se acerca a la apropiación cultural?

Cuando Alexandria Ocasio-Cortez tomó posesión de su cargo en el Congreso en 2019 con un pantalón de vestir blanco, labial rojo y arracadas doradas, tuiteó que su atuendo estaba inspirado en la jueza del tribunal supremo de Estados Unidos Sonia Sotomayor, progresista y nacida en el Bronx, a quien, cuando tomó posesión como la primera jueza latina en la historia de Estados Unidos, se le aconsejó que usara un esmalte de uñas de color neutro para evitar el escrutinio: “La próxima vez que alguien les diga a las chicas del Bronx que se quiten las arracadas, pueden decir que se están vistiendo como una congresista“.

Frances Solá-Santiago, escritora de moda de Puerto Rico residente en Nueva York, escribió que el atuendo era “un acto radical”, que celebraba las arracadas como “una piedra angular cultural” de la mujer latina.

Cuando Marc Jacobs complementó una colección inspirada en los comienzos del hip-hop neoyorquino con arracadas del diámetro de una lata de refresco de cola en 2017, las describió como “un reconocimiento y un gesto de mi respeto por el refinamiento y la consideración aplicados a la moda de parte de una generación que será para siempre la base del estilo callejero de la cultura juvenil”.

Sin embargo, aunque hayamos dejado atrás la época en la que Carrie Bradshaw vestía “oro del ghetto para divertirse”, los puestos de joyería minorista no suelen presentar notas a pie de página que honren sus influencias.

Muchos creen que la rica historia de un adorno que se remonta desde Angela Davis hasta Nina Simone, pasando por Frida Kahlo y Nefertiti, corre el riesgo de quedar aplastada por la sobreexposición.

Cuando Coco Chanel popularizó los collares de perlas de fantasía, separó el mérito decorativo de las joyas de su valor monetario, y marcó el camino de las arracadas de oro como un accesorio de moda. Pero las joyas nunca pueden estar separadas de la riqueza o del estatus, como sabían todas las debutantes que usaban perlas. Una arracada de oro puede ser el toque final perfecto y moderno. Pero también es mucho más que eso.