Las mujeres obligadas a abortar fetos de sexo femenino en la India
La dote y el costo de la crianza de las niñas suele ser considerada una obligación no deseada en la India, donde el aborto selectivo por sexo es común. Foto: Nicky Loh/Getty

Laali se encontraba sola en casa cuando se dio cuenta de que sus piernas estaban bañadas en sangre. La hemorragia continuó durante ocho horas. Al caer inconsciente, la joven de 25 años pensó que moriría al igual que el feto que estaba perdiendo.

Llevaba tres meses de embarazo cuando la llevaron a la consulta para la determinación del sexo fetal. “Cuando supe que era una niña, empecé a sentir como si me asfixiara”, cuenta.

La obligaron a tomar una pastilla abortiva, sin la supervisión de un médico, y las complicaciones posteriores la llevaron al hospital. La noche en que la dieron de alta, Laali lloró hasta quedarse dormida, y por la mañana regresó a su trabajo en el campo.

La hija nonata de Laali forma parte de las 46 millones de “mujeres desaparecidas” en la India en un periodo de 50 años, diez veces la población femenina de Londres. Un sesgo de género cada vez más profundo, que engendra desenfrenados abortos selectivos por razón de sexo e infanticidios femeninos, implica que en la India se produzca casi la mitad de la pérdida de nacimientos femeninos en el mundo.

“El modelo tradicional del matrimonio y las costumbres dictan una posición inferior para las mujeres en las sociedades indias”, comenta Prem Chowdhry, activista de género y profesora jubilada de la Universidad de Delhi. Como las jóvenes dejan a su familia biológica después de casarse, explica, la dote y el costo de criar a una niña son considerados una obligación no deseada, y los abortos selectivos por sexo son comunes.

En 1994 se penalizó la determinación del sexo fetal, pero es una ley ampliamente incumplida. Esta práctica ha prosperado con los avances médicos, se ha extendido a más regiones y todavía se puede acceder fácilmente a ella en clínicas privadas.

Rodeada de vastos campos de caña de azúcar, la aldea de Laali se encuentra a 65 kilómetros de Delhi. Los activistas de salud social que dirigen en esta localidad un grupo de apoyo no registrado para mujeres calculan que en “una de cada tres casas de la aldea” han abortado un feto por motivos de sexo.

“Las familias quieren un niño a cualquier precio. ¡A cualquier precio!”, dice Laali. “Si muero, mi esposo se volverá a casar mañana mismo, con la esperanza de que la siguiente mujer dé a luz un hijo”.

Laali tenía 19 años cuando se acordó su matrimonio con un agricultor en 2009. Durante los tres años siguientes, dio a luz a dos hijas. Durante su segundo embarazo, los curanderos tradicionales y religiosos la drogaron con regularidad para “crear” un niño.

Cuando nació su niña, nadie de su familia fue a verlas al hospital. Su regreso a casa fue peor. “Mi suegra se negó a ver la cara de mi hija”, contó Laali. “Se negó a cuidarme, diciendo: ‘estás dando a luz a una niña tras otra. ¿Hasta qué punto puedo cuidarte?’”

Cada noche, cuando se sentaba a cenar después de la jornada de trabajo en el campo, alguien le lanzaba indirectas. “Cuando alguien tenía un hijo en la aldea, era una pesadilla para mí”, recuerda. “Mi familia me maltrataba delante de mis hijas”.

El gobierno de la India parece no estar dispuesto a tomar medidas. Una reciente encuesta gubernamental celebró el hecho de que por primera vez existen más mujeres que hombres. Sin embargo, los activistas del lugar y los expertos se muestran escépticos respecto a los datos. “El objetivo principal de la encuesta era analizar los datos relativos a los indicadores de salud reproductiva y bienestar familiar, y no a la proporción de sexos en la población”, señaló Sabu George, investigador y activista que reside en Delhi. “Todas las tendencias estatales muestran un panorama diferente”.

El Dr. Prabhat Jha, de la Universidad de Toronto, que dirigió el estudio Million Death Study de India, coincide: “La División de Población de la ONU, que es la que realiza un trabajo demográfico más minucioso, calcula que el número de ‘exceso de hombres’ en India está aumentando”.

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Una campaña de anuncios publicitarios en Delhi que alienta a los padres a aceptar el nacimiento de las niñas. En 1994 se penalizó la determinación del sexo fetal, sin embargo, esta práctica sigue siendo habitual. Foto: RAVEENDRAN/AFP/Getty

El propio cálculo del Registro General de la India sugiere una tendencia similar.
Un artículo de investigación de la revista Lancet de 2021, del que Jha es coautor, aseguró que la situación ha empeorado, ya que los nacimientos femeninos desaparecidos aumentaron de 3.5 millones en 1987-96 a 5.5 millones en 2007-16.

El sesgo de los hijos varones ha traspasado las divisiones de clase y geográficas. En agosto, una mujer de 40 años de una familia acomodada de clase alta de Mumbai dijo que la obligaron a abortar ocho veces para satisfacer el deseo de la familia de tener un niño. Le aplicaron más de mil 500 inyecciones de hormonas y esteroides antes de que presentara una denuncia ante la policía. El año pasado, en Karnataka, en el sur de India, una mujer de 28 años murió a causa de las complicaciones de un tercer aborto forzado.

El interminable acoso llevó a Laali a buscar ayuda psiquiátrica, y actualmente se encuentra bajo tratamiento. Dos abortos y una operación después, los médicos le aconsejaron que no se volviera a embarazar. “Mi útero se debilitó y mi cuerpo no puede soportar otro hijo”, comentó.

La interferencia de la familia puede provocar un enorme estrés en las mujeres. Bhavna Joshi, de 39 años, de Chittorgarh, en Rajastán, tuvo ocho embarazos en sus 11 años de matrimonio, y le resulta tan doloroso hablar sobre su experiencia que solo desea compartir los hechos esenciales: la llevaron con “incontables” curanderos tradicionales, abortó tres veces y perdió dos bebés. La situación continuó hasta que finalmente dio a luz a un niño, que ahora tiene cinco años.

Después de dos abortos, Laali también desea un niño. “Quiero que esto termine. Me drogan y no puedo comer ni beber durante días”, dice. “Solo quiero salir de esto, desesperadamente”.

En las dos últimas décadas, se han producido cambios en las tendencias de los abortos selectivos por sexo. La investigación de The Lancet descubrió que, a medida que las familias de la India se vuelven más nucleares, los abortos son más comunes en el tercer embarazo. “Las familias dejan que la naturaleza decida dos veces, pero entonces -en la tercera- se aseguran de que sea un niño”, señaló Jha. “La violencia contra las mujeres es una cuestión cultural en India. El problema empeorará mucho antes de que pueda mejorar”.

Después de tener dos hijas, los suegros de Meenakshi, de 36 años, la llevaron a hacerse el test de sexo fetal cuando se embarazó por tercera vez. “La zona estaba completamente desierta y escondida”, cuenta, escondida en otra casa para la entrevista. “Tenía miedo. No era una clínica normal”.

A Meenakshi, actualmente embarazada de siete meses, no le dijeron directamente el resultado. “Mi esposo y su madre parecían felices, así que entendí que iba a ser un niño”, dice. “De lo contrario, lo habrían matado [antes del nacimiento]”.

En la sociedad profundamente patriarcal de la India, la plenitud de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres sigue siendo un sueño lejano. Mujeres como Meenakshi luchan por ser aceptadas en sus familias. Los padres de Meenakshi la educaron para que esperara ser libre después del matrimonio. Pero todo es peor, comenta sollozando.

Para Laali, el acoso es parte de su vida cotidiana. Cuando tenía 15 años, su madre había abortado dos fetos femeninos, y su hermana menor ha abortado al menos tres.

“Te educan en un entorno en el que esta violencia contra las mujeres es algo completamente aceptable y normalizado”, señala George. “La cuestión es: ¿cómo te resistes a esto directamente? Y eso es aterrador”.

Tanto Laali como Meenakshi se encontraban aisladas en la sociedad, sin ningún apoyo emocional. El contar sus experiencias, escondidas en sus habitaciones, las hace llorar, y sus hijas, todas ellas adolescentes, las consuelan con abrazos. Laali y Meenakshi se sienten profundamente preocupadas de no ser capaces de proteger a sus hijas de un trauma similar, pero por ahora las niñas lo ignoran casi por completo.

La hija mayor de Meenakshi salta de alegría cuando ve un avión que pasa por encima de sus cabezas. “Quiere ser piloto”, dice Meenakshi, secándose las lágrimas. “Cuando lloro, me dice: ‘Mamá, todo mejorará, y un día volaremos juntas, en un avión que yo misma pilotearé‘”.

En el Reino Unido, llame a la línea nacional de ayuda contra la violencia doméstica al 0808 2000 247, o visite Women’s Aid. En Estados Unidos, la línea de ayuda contra la violencia doméstica se encuentra en el 1-800-799-SAFE (7233). Puede encontrar otras líneas de ayuda internacionales en www.befrienders.org. En México, puede llamar al 911.