El padre de São Paulo que se enfrenta a Bolsonaro
El padre Júlio Lancellotti, que lucha por mejores condiciones de vida para las personas sin hogar de São Paulo, y que se ha convertido en una figura de odio para la extrema derecha brasileña. Foto: Ian Cheibub/The Guardian

En 2017, la mayoría de los brasileños todavía no estaban familiarizados con el nombre de Jair Bolsonaro. Sin embargo, para Júlio Lancellotti, ya existían motivos de preocupación respecto a la retórica ultraderechista del hombre que sería elegido presidente dos años después bajo el lema: “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”.

“Me asombra que una persona homofóbica como Bolsonaro aparezca en la boleta presidencial”, dijo el padre durante la misa del 7 de marzo de ese año en la parroquia San Miguel Arcángel, en la Zona Este de São Paulo. El sermón, en el que también predicó contra la cultura de la violación y el sexismo, fue característico del hombre que ha dedicado su vida a luchar contra la injusticia, encontrándose con frecuencia en el blanco de los políticos conservadores como resultado.

El padre abiertamente izquierdista que adopta ideas revolucionarias -este hombre de 72 años se ha manifestado junto a los manifestantes del “bloque negro” antisistema y cree que los hoteles deberían ofrecer habitaciones gratuitas a las personas sin hogar-, Lancellotti aparentemente representa la antítesis de todo lo que representa el presidente de Brasil. Incluso fue demandado por Bolsonaro por daños morales debido a su misa de marzo de 2017 (un juez desestimó la demanda).

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El padre Julio Lancellotti empuja un carrito de supermercado mientras reparte alimentos en la zona de Mooca, en São Paulo, en octubre. Foto: Ian Cheibub/The Guardian

Sin embargo, el desacuerdo de Lancellotti con las autoridades comenzó mucho antes de que Bolsonaro asumiera el cargo. Cuando era novicio, a finales de la década de 1960, fue expulsado del seminario por “mal comportamiento”, como él lo describe.

Cuenta que el seminario donde estudió por primera vez, en la ciudad de Araraquara, era “muy conservador”. Sus días estuvieron marcados por la censura y los castigos abusivos. “Me pegaban con una vara de bambú, me obligaban a arrodillarme sobre granos de maíz… un día, un padre dijo que hacía demasiadas preguntas en clase, que era muy crítico. Me expulsaron”.

Después de este episodio, Lancellotti pasó años alejado de la vida sacerdotal. Se graduó de una carrera en educación en 1978, comenzó a trabajar con delincuentes juveniles y pronto se convirtió en una piedra en el zapato de las autoridades.

“Me negaba a aceptar las torturas que presenciaba contra los jóvenes. Sentí que todo el tiempo me ponían a prueba los que estaban aliados al gobierno”, comenta. Fue durante estos años cuando Lancellotti conoció a padres progresistas que participaban activamente en la causa de los derechos de los niños, y al hacerlo redescubrió la idea de que la justicia social era posible dentro de la Iglesia Católica Romana. Retomó sus estudios teológicos y, en 1985, se convirtió en padre.

Desde 1996, Lancelotti coordina la comisión pastoral de personas sin hogar en São Paulo, que ayuda a aproximadamente 35 mil personas en el distrito. Describe que la guardia municipal de São Paulo le lanzó gas pimienta, le escupió y le dio un puñetazo en el estómago mientras ayudaba a las personas sin hogar en 2018.

Lancelotti señala que la pandemia de Covid-19 ha empeorado las condiciones de vida de las personas sin hogar de São Paulo, mientras que el ultraconservadurismo del gobierno de Bolsonaro ha alimentado lo que el padre describe como “aporofobia”, el miedo y el rechazo a los pobres.

En agosto, la diputada estatal de São Paulo Janaína Paschoal elogió a la policía militar después de que bloqueó el acceso de la comisión de personas sin hogar a una zona marginal llamada Cracolândia, “tierra del crack”.

El activismo de Lancellotti se centra en la defensa de las personas sin hogar, aunque no es su única causa. No duda en tomar una postura a favor de grupos controversiales, como aquellos que participan en tácticas de bloque negro en las manifestaciones. “Los mejores individuos que he conocido. Los más puros, los más auténticos. Han sido torturados y criminalizados injustamente”, dice Lancellotti, que ayudó a conseguir la liberación de algunos manifestantes de la cárcel en 2013.

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El padre Lancellotti habla con un indigente que duerme en la calle mientras reparte alimentos en la zona de Mooca, en São Paulo. Foto: Ian Cheibub/The Guardian

En consecuencia, las críticas contra él llegan de todas partes. No obstante, de todos los críticos de Lancellotti, los cristianos son, por mucho, los más feroces, comenta el padre. “Los ateos suelen ser más humanos que quienes dicen ser cristianos. Aquellos que dicen ‘Dios por encima de todo’ son los mismos que ponen a los humanos por debajo de todo”.

Sigue siendo una figura popular para muchos. Su teléfono suena durante todo el día, y las llamadas lo mantienen ocupado, ya sea por una petición de los medios de comunicación o para hablar con un compañero activista.

Como usuario ávido de las redes sociales, las imágenes que publica mientras ayuda a las personas sin hogar pueden producir resultados esperanzadores. “Familias de todo Brasil han podido encontrar a parientes que creían desaparecidos”, dice.

Incluso inspiró un proyecto de ley federal. Aprobado por el Senado el 31 de marzo del año pasado, el “proyecto de ley Júlio Lancellotti” pretende prohibir la práctica de colocar piedras y puntas de hierro en los pasos subterráneos, una medida adoptada por los alcaldes para evitar que las personas sin hogar duerman ahí. El proyecto de ley, que nuevamente se encuentra en la Cámara Baja y a la espera de ser revisado, es un recuerdo del día en el que Lancellotti golpeó con un mazo las piedras que fueron colocadas en un paso subterráneo de São Paulo.

El objetivo actual de Lancellotti es presionar al ayuntamiento para que realice un censo más responsable. Según el padre, el último censo, realizado en 2019, no registró con exactitud el número de personas sin hogar en São Paulo, lo que conduce a políticas incapaces de resolver el problema.

Para Lancellotti sigue resultando difícil imaginar un futuro mejor para Brasil. “Quien asuma el cargo después de este monstruo [Bolsonaro] no podrá restaurar todo lo que destruyó en cultura, salud y educación, ni siquiera en 10 años”, dice, y agrega: “El Bolsonarismo no apareció de la noche a la mañana, y no será vencido de la noche a la mañana”.

En un país desgarrado por la violencia y el odio, concluye, la única forma de avanzar es a través del “diálogo y el amor”.