Asghar Farhadi, director iraní ganador del Oscar: ‘El reconocimiento mundial tiene un doble filo’
Director global… Farhadi en Roma. Foto: Marco Provvisionato/IPA/Rex/Shutterstock

Retirar su película de los Oscar sería un suicidio profesional para la mayoría de los directores, no obstante, en noviembre Asghar Farhadi pareció hacer precisamente eso. Poco después de que la junta cinematográfica controlada por el Estado iraní postulara su película, A Hero, como candidata al Oscar a la mejor película internacional, Farhadi publicó un comunicado en Instagram en el que decía estar “harto” de las sugerencias de los medios de comunicación iraníes de que simpatizaba con el gobierno de línea dura del país. “Si su decisión de postular mi película para el Oscar los ha llevado a la conclusión de que estoy en deuda con ustedes”, escribió, “declaro explícitamente en este momento que no tengo ningún problema en que reviertan esta decisión”.

Se podría argumentar que Farhadi se puede permitir realizar un gesto de este tipo. Ya ha ganado dos premios Oscar a la mejor película internacional -por A Separation en 2012 y The Salesman en 2017- y muchos otros premios (A Hero ganó el Gran Premio en Cannes el año pasado). Tales logros le confieren inevitablemente el estatus de héroe nacional. Al mismo tiempo, parece haber pisado una delicada línea cuando se trata del régimen opresivo de su país. Otros cineastas iraníes, como Jafar Panahi y Mohammad Rasoulof, tuvieron que pagar un alto precio por criticar aspectos de la sociedad iraní, desde condenas de prisión y arrestos domiciliarios hasta prohibiciones de viajes. Al parecer, Farhadi ha quedado exento de un trato similar. De ahí surgen las acusaciones de que es “progubernamental”.

En su comunicado, Farhadi discrepó rotundamente: “¿Cómo puede alguien vincularme a un gobierno cuyos medios de comunicación extremistas no escatiman esfuerzos para destruirme, marginarme y estigmatizarme?”. Escribió sobre cómo le confiscaron su pasaporte y cómo lo interrogaron en los aeropuertos, y le dijeron que no regresara a Irán, a la vez que guardó silencio respecto a las “acusaciones e insultos” del gobierno. Hasta ahora.

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Candidato a un premio de la Academia… ‘A Hero’, sobre un padre construido, y después atacado, por los medios de comunicación. Foto: Festival de Cine de Nueva Zelanda

Hablando desde París a través de un intérprete, Farhadi no tiene inconveniente en ofrecer más detalles. “Ha sido un caso muy complicado”, comenta. “No estoy seguro de qué traducción habrán leído. Para la gente que no está familiarizada con mi país, podría causar malentendidos, sin embargo, el pueblo iraní lo entendió claramente. Solo era para fines domésticos”.

Se percibe cierta impaciencia en el tono de Farhadi. Da la impresión de sentirse resignado al hecho de siempre tener que hablar de su condición como cineasta iraní tanto como de su trabajo real. No obstante, tal vez también es consciente de que cualquier cosa que diga puede ser utilizada en su contra en su país. El reconocimiento internacional tiene “un doble filo”, comenta. “En cierto modo te protege, pero hace que [las autoridades iraníes] sean más sensibles. Cualquier cosa que digas, cualquier cosa que hagas, se vuelve más visible”.

Irónicamente, “A Hero” es una película sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación en la construcción y destrucción de héroes. Su protagonista es Rahim, un padre divorciado con una sonrisa ganadora. En su liberación de dos días de prisión, Rahim y su prometida encuentran una bolsa de mano con monedas de oro. Primero intentan venderlas, pero luego Rahim, interpretado por Amir Jadidi, decide encontrar a la dueña de la bolsa y devolverla.

La historia llega a los medios de comunicación y Rahim es aclamado como un héroe. Un equipo de televisión aparece para hacer un reportaje sobre él dentro de la cárcel y una organización benéfica local organiza una recaudación de fondos para ayudarlo a pagar su deuda.

Pero entonces una serie de medias verdades sobre el incidente se convierte en una enmarañada red de engaños en la que todos los implicados se encuentran atrapados. “En realidad”, explica Farhadi, “lo que constituía el núcleo de la película era el ascenso y la caída repentinos de una persona. Y se trata de algo que observamos con frecuencia en nuestra sociedad actual: gente a la que ponen bajo el reflector con mucha rapidez, y que sale de él con la misma rapidez”.

Las películas de Farhadi tienen el don de lograr que la vida ordinaria se sienta como un thriller de suspenso. Son tan realistas que podrían ser docudramas, y al mismo tiempo están llenos de tensión, sorpresa y misterio. Su gran éxito, About Elly, se centra en la inexplicable desaparición de una mujer en unas vacaciones en grupo. The Salesman gira en torno a la agresión sexual que sufre una mujer por parte de un perpetrador no identificado. Asimismo, en A Hero, Rahim debe buscar a la misteriosa mujer que reclamó la bolsa de mano desaparecida con el objetivo de validar su historia (encuentra una solución alternativa que conlleva aún más problemas).

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‘No juzgo a mis personajes’… ‘A Separation’. Foto: Artificial Eye/Sportsphoto/Allstar

“Lo que realmente me interesa, y lo que quiero abordar, es la vida ordinaria y cotidiana”, explica Farhadi. “Esto, para mí, es precioso. Pero también conozco el peligro de que sea aburrido y esté lleno de detalles repetitivos en los que nadie quiere fijarse. Así que tiene que ser realista, pero con un elemento de suspenso que intrigue a la audiencia”.

Como es habitual en la obra de Farhadi, nada es blanco o negro en A Hero. No hay personajes inequívocamente “buenos” o “malos”. Detrás de su carácter tranquilo, Rahim resulta ser una propuesta escurridiza. “Como cineasta, no juzgo a los personajes”, señala Farhadi. “No es que crea que no deben ser juzgados: sino todo lo contrario: es una invitación a juzgar. Pero lo dejo abierto a la audiencia. No quiero imponer mi punto de vista”.

Farhadi reconoce que sus películas son menos políticamente explícitas que el trabajo de algunos de sus homólogos. La reciente There Is No Evil, de Rasoulof, constituyó una crítica a la pena de muerte y al alistamiento obligatorio. Rasoulof, al que le prohibieron realizar películas y lo condenaron a un año de prisión en 2020 (pero que hasta ahora ha evitado la cárcel), tuvo que emplear tácticas de guerrilla, utilizando nombres y guiones falsos, mientras filmaba en lugares rurales remotos. Farhadi, por el contrario, ahora es un director global. También ha filmado películas en Francia (The Past) y España (Everybody Knows), protagonizadas por estrellas como Penélope Cruz y Tahar Rahim. En Irán, explica, depende del tipo de película que estés realizando. “Si tu tema o tu forma de contar historias no es tan directamente social o política, entonces puede resultar menos problemático. Trabajas dentro de las restricciones como puedes. Pero también depende de si quieres que tus películas sean proyectadas en Irán o no. Esa siempre ha sido mi prioridad”.

Sin embargo, tampoco es fácil para él. Además de ser criticado por ser “progubernamental”, constantemente recibe críticas por ser lo contrario. “Siempre es de parte de los partidarios de la línea dura y de sus medios de comunicación: me han criticado por presentar una ‘imagen irreal’ del país. Y realmente no estoy de acuerdo. A pesar de las complejas situaciones que describo en mis películas, siempre existe una imagen muy noble de la gente, de los personajes, de las relaciones. No veo cuál es la ‘imagen irreal’ de la que hablan”.

En la vida pública, Farhadi ha sido muy franco contra los elementos de línea dura de Irán. Fue uno de los numerosos cineastas que acompañaron a Rasoulof en los tribunales para apelar su sentencia de prisión. Y, a través de Instagram, ha expresado claramente su opinión sobre todos los temas, desde el derribo accidental de un avión de pasajeros ucraniano en enero de 2020 hasta “la cruel discriminación contra las mujeres y las niñas” y “la forma en que el país ha permitido que el coronavirus masacre a sus ciudadanos”.

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‘Me interesa la vida ordinaria y cotidiana’… The Salesman. Foto: Arte France Cinema/Kobal/Rex/Shutterstock

Por la misma razón, Farhadi tiene una postura contra el extremismo occidental. Se negó a asistir a los premios de la Academia de 2017 como protesta por la polémica prohibición de viajes formulada por el gobierno de Trump contra siete países de mayoría musulmana, entre ellos Irán. En su lugar, el ingeniero iraní-estadounidense Anousheh Ansari leyó su discurso de aceptación.

“Dividir el mundo en las categorías de ‘nosotros’ y ‘nuestros enemigos’ crea miedo, una justificación engañosa para la agresión y la guerra”, escribió. Pudo haberse referido tanto a Estados Unidos como a Irán.

“Existe un gran parecido en todas las clases de extremismo”, señala. “Todas son más o menos iguales”. Farhadi opina que la cultura puede ser un arma contra esa situación. Independientemente del lugar en el que estén ambientadas sus películas, abordan las características y fragilidades humanas universales: crean, dice, empatía entre el “nosotros” y el “ellos”. Esa siempre ha sido su misión. ¿Considera que la cultura está ganando esa batalla? “No lo sé, pero creo que interviene el factor del tiempo. Creo que el impacto de las artes, la literatura y el cine es de largo plazo”.

Parece que el cineasta ha sobrevivido a esta batalla en particular: A Hero sigue siendo el largometraje iraní candidato al Oscar a mejor película internacional. A diferencia de Rahim, el protagonista de la película, la historia de Farhadi no es ni moralmente ambigua ni un éxito y caída repentinos. ¿Se considera un héroe? “Para nada”, responde. “Siempre he dicho que no soy nada más que un cineasta. No quiero ser otra cosa”.

A Hero está en los cines del Reino Unido.