‘Los bebés de aquí nacen enfermos’: ¿las minas de oro de Bolivia están envenenando a sus indígenas?
Niños de Eyiyo Quibo comen pescado de esa mañana. Las mujeres del pueblo presentaban un nivel de mercurio casi ocho veces superior al aceptado, en promedio. Foto: William Wroblewski/The Guardian

Afuera de una pequeña casa de ladrillo que comparten cuatro familias, Daniela Prada, que se encuentra en etapa avanzada de embarazo, recolecta hojas de guayaba para preparar un té para su hijo de dos años.

“Mi bebé se enferma mucho”, dice, mientras hierve una olla de agua en su cocina exterior. “Siempre tiene diarrea y anoche tuvo fiebre. Casi siempre le doy medicina natural”.

En una casa idéntica que está cerca, el líder de la comunidad, Oscar Lurici, dice que la fiebre forma parte de la vida en la aldea de Eyiyo Quibo, a orillas del río Beni, en el norte de Bolivia. Las personas de todas las edades sufren intensos dolores de cabeza y de cuerpo, ataques de vómitos y diarrea, pérdida de memoria y cansancio. Algunos niños muestran signos de retraso de su desarrollo cognitivo.

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El líder de Esse Ejja, Oscar Lurici, escucha al relator especial de la ONU sobre sustancias tóxicas y derechos humanos en un evento en línea. Foto: William Wroblewski/The Guardian

“No sabemos con certeza qué causa estas enfermedades”, comenta Lurici. “Estamos comenzando a pensar que todo esto se debe a la contaminación del agua por el mercurio que se encuentra en los residuos mineros”.

El hijo de Lurici, de 17 años, que también se llama Oscar, comenzó a sufrir agotamiento, dolores y temblores a principios de 2019. Varios médicos le diagnosticaron padecimientos como la enfermedad de Parkinson y anemia. Uno de ellos indicó que la enfermedad procedía del agua contaminada del río. Antes de que terminara el año, Oscar falleció.

Desde hace mucho tiempo se ha criticado a Bolivia por utilizar mercurio en la minería del oro a pequeña escala, y cada vez existen más pruebas de que la contaminación por mercurio está causando enfermedades en las comunidades pobres. En todo el país se utiliza el mercurio en los proyectos mineros de las cordilleras de los Andes y en las dragas que extraen el oro de los sedimentos del fondo de los canales. El vertido descontrolado de residuos de mercurio crea corrientes tóxicas en los sistemas fluviales de Bolivia.

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Una draga en las afueras de Guanay, Bolivia, abril de 2019. Durante la pandemia, cuando subieron los precios mundiales del oro, incrementó la actividad minera. Foto: William Wroblewski/The Guardian.

Conocidos como la “gente del río”, los Esse Ejjas sobrevivieron como nómadas durante generaciones, cazando y pescando a lo largo de los canales de la región. Después de asentarse en Eyiyo Quibo, los hombres y los niños siguieron pescando, pasando días enteros recorriendo el río, acampando en sus orillas y trabajando en parejas para llenar sus largas y estrechas lanchas de madera con bagres y pirañas.

En casos registrados en todo el mundo, incluido un estudio en el Amazonas brasileño publicado por el International Journal of Environmental Research and Public Health en 2020, los investigadores descubrieron que el pescado estaba fuertemente contaminado con mercurio, y consideran que las dietas basadas en el pescado en las zonas mineras están provocando el aumento de los niveles de mercurio en la población indígena. Esto podría explicar algunas de las enfermedades existentes en Eyiyo Quibo.

En 2019, representantes de la organización boliviana de voluntarios Reacción Climática tomaron muestras de cabello de las mujeres de Eyiyo Quibo, incluida Prada. En total, se tomaron 64 muestras de Eyiyo Quibo y Portachuelo, otra comunidad Esse Ejja que se encuentra a 380 km al norte, para un estudio de la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes (IPEN) para evaluar los niveles de mercurio en las personas que viven cerca de las pequeñas minas en cuatro países latinoamericanos: Brasil, Venezuela, Colombia y Bolivia.

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Un joven Esse Ejja lleva su pesca a un mayorista en las afueras de la ciudad. Foto: William Wroblewski/The Guardian

El estudio, publicado en junio de 2021, descubrió que las mujeres de las comunidades Esse Ejja, las únicas participantes que no vivían cerca de una mina, presentaban con mucha diferencia los niveles más altos de mercurio: en promedio, casi ocho veces más que el límite aceptado de una parte por millón (ppm), con una muestra que alcanzó 32.4ppm. Los resultados sugieren una correlación entre el mercurio en el organismo y el pescado ingerido.

Los resultados provocaron alarmas a nivel internacional. En septiembre, los relatores especiales de la ONU sobre sustancias tóxicas y derechos humanos y sobre los derechos de los pueblos indígenas, el Dr. Marcos Orellana y José Francisco Cali Tzay, presentaron una carta al gobierno boliviano en la que denunciaron la falta de acción de Bolivia en materia de regulación, uso y comercio de mercurio, centrándose en la minería del oro a pequeña escala. Concedieron a Bolivia un plazo de 60 días para responder.

En Eyiyo Quibo, donde las familias comen pescado del río diariamente, crece el temor. “A veces los bebés de aquí nacen desfigurados, o enfermos”, dice Prada, sentada en el suelo de tierra de su cocina. “Ahora me preocupa la salud de mis hijos. Me preocupa que se enfermen, que mueran por el pescado contaminado”.

El 8 de diciembre, en el patio de un hotel ubicado en Rurrenabaque, al norte de Bolivia, un grupo de preocupados miembros de Esse Ejjas se amontonaron alrededor de una laptop para escuchar el discurso de Orellana en un evento en línea organizado por Reacción Climática y el Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB).

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Daniela Prada, de 28 años, participante en el estudio internacional capilar sobre la contaminación por mercurio en la comunidad, prepara un té para su hijo enfermo. Foto: William Wroblewski/The Guardian

“Aquí hay una comunidad que vive su vida de acuerdo a sus tradiciones ancestrales en estrecha relación con sus recursos naturales, incluidos los ríos, y es probable que estos hayan sido contaminados por actividades que se están llevando a cabo en otros lugares y en beneficio de otras personas”, dijo Orellana. “Ese es un claro ejemplo de injusticia ambiental”.

El principal tema de Orellana fue la falta de compromiso del gobierno boliviano con el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, un acuerdo de 128 países para frenar o eliminar casi todos los usos del mercurio, incluso en la minería del oro a pequeña escala, que entró en vigor en 2017. En 2015, Bolivia ratificó el acuerdo y se comprometió a elaborar y aplicar programas para reducir y controlar los mercados de mercurio y proteger a las poblaciones vulnerables de la contaminación.

Sin embargo, mientras países vecinos como Perú han frenado o eliminado las importaciones de mercurio, un informe de CEDIB de septiembre de 2020 mostró que la economía del mercurio en Bolivia era mayor de lo que se necesitaría para la producción de oro del país, sugiriendo que Bolivia actualmente era el centro regional de ventas ilícitas.

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Un buscador de oro mezcla mercurio líquido con sedimentos de río y agua para crear una aleación de partículas de mercurio y oro. Foto: William Wroblewski/The Guardian

Dos días después del evento en línea, Orellana recibió una respuesta del fiscal general de Bolivia. La carta destacó los programas piloto Estatales que trabajan con los mineros para promover nuevas tecnologías que reduzcan el uso del mercurio, y reiteró las leyes y la Constitución boliviana que exigen la protección de los derechos y la salud de los pueblos indígenas. Cabe destacar que el documento se refería a un proyecto de dos años de duración para desarrollar un programa de acción nacional para combatir la contaminación por mercurio en el marco del Convenio de Minamata, y otro para acelerar el cumplimiento de los compromisos del convenio mediante un proyecto regional multimillonario conjuntamente con sus vecinos.

La reciente atención internacional provocó que las cooperativas mineras regionales y nacionales solicitaran al gobierno boliviano soluciones alternativas al mercurio para su uso en la extracción del oro. “No pretendemos provocar más daños. Al contrario, queremos llevar a cabo una minería responsable”, dijo Vicente Choque, presidente de la Federación Regional de Cooperativas Mineras Auríferas del Norte de La Paz, en una conferencia de prensa tras la respuesta del Gobierno. “Solicitamos a las autoridades mineras, al gobierno y a otros que propongan políticas para solucionar estos problemas”.

Por ahora, la importación, venta, uso y reexportación de mercurio en Bolivia continúa de forma descontrolada y el río Beni sigue envenenado por la actividad minera del oro, cuyas aguas llegan a algunas de las regiones que cuentan con mayor biodiversidad del mundo, donde la actividad minera invade los hogares de un número incalculable de indígenas, entre ellos los Esse Ejjas.

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Un pescador Esse Ejja lleva su pesca a su casa en Eyiyo Quibo. Foto: William Wroblewski/The Guardian.

En Eyiyo Quibo, los pescadores siguen llevando su pesca a las familias que dependen de ella para alimentarse y obtener ingresos. Prada sigue recolectando plantas medicinales para aliviar la fiebre y los dolores de su hijo, y se preocupa por las enfermedades que le podría transmitir a su hijo en gestación, que nacerá este mes.

Orellana valora positivamente la declaración de los mineros del oro, pero afirma que el gobierno debe “establecer una política que le permita controlar y reducir con determinación el uso del mercurio en la minería del oro a pequeña escala”.