La fiesta de samba empapada de cerveza estaba llegando a su final y, como de costumbre, la multitud se preparaba para desahogarse.

Mientras los percusionistas de una de las mejores bandas de samba de Río de Janeiro tocaban sus panderos y tantãs, los fiesteros levantaban sus bebidas y lanzaban vítores catárticos y enérgicos para exigir la destitución del presidente que desprecian. “¡Fora Bolsonaro!”, abucheaba la multitud empapada de sudor. “¡Fuera Bolsonaro!”

La explosión de disidencia en la pista de baile no era nada nuevo para el Renascença Clube, una histórica asociación en el norte de Río que ha sido un potente símbolo de orgullo negro y resistencia desde que fue fundada por brasileños negros en 1951. En los últimos años -a medida que se ha intensificado la ira pública contra el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro-, la fiesta semanal de Samba do Trabalhador (Samba de los trabajadores) de Renascença ha albergado muestras metronómicas de ira antigubernamental.

Sin embargo, la protesta de la semana pasada provocó una inusual e incendiaria reacción por parte de la dirección del club que escandalizó al mundo de la samba y reveló la rencorosa grieta política que se ha abierto en la sociedad brasileña durante los tres años que Bolsonaro lleva en el poder.

La mañana siguiente al espectáculo del 24 de enero, apareció en sus redes sociales un comunicado firmado por el presidente del Renascença, Alexandre Luiz Xavier Alves, en el que declaraba que el reglamento del club prohibía “cualquier tipo de manifestación de carácter político-partidista”.

El pronunciamiento consternó a los sambistas y aficionados progresistas, y muchos de ellos lo atribuyeron a las presiones de los miembros de la junta directiva bolsonarista, que intentaban silenciar las críticas contra su asediado líder. “El que acepta el mal sin protestar contra él, en realidad está cooperando con él“, escribió un enfurecido melómano en la página de Facebook del club, citando a Martin Luther King Jr.

Muchos consideraron que la lealtad percibida del club hacia Bolsonaro -que tiene un largo historial de hostilidad contra los pueblos y la cultura afrobrasileña e indígena- era una traición a sus 70 años de historia como centro de resistencia negra.

“Se trata de un club que se creó para recibir a personas excluidas de la sociedad -un club que nació para luchar contra un opresor- que se pone del lado del opresor. Simplemente no tiene sentido”, dijo Gabriel Cavalcante, intérprete de cavaquinho y cantante, que es uno de los nueve miembros de la banda Samba do Trabalhador.

La oposición al régimen de Bolsonaro suena a  samba - gabriel-cavalcante
Gabriel Cavalcante, de 35 años, intérprete de cavaquinho y vocalista de la banda Samba do Trabalhador de Río de Janeiro. Foto: Francisco Proner/Agence Vu’ para The Guardian

Los músicos respondieron al comunicado del club, declarándose “incansables entusiastas de la libertad de expresión”.

“Me sentí muy enojado, todos nos sentimos así”, comentó Cavalcante, describiendo cómo la samba surgió a principios del siglo XX en Río de Janeiro como una forma de expresión profundamente politizada para los brasileños negros marginados que acababan de escapar de la esclavitud. “No existe la samba sin política, la samba es política”.

Cavalcante citó la letra de Candeia, un legendario sambista del siglo XX, para explicar el papel del género como desahogo de la protesta y el dolor: “La samba es dolor, es sufrimiento, es el escape de mis penas”.

El clamor obligó a los directivos de Renascença a retractarse. Eliminaron su controversial comunicado y emitieron un segundo, insistiendo en que el club “políticamente neutral” no era responsable de las protestas políticas de los artistas o del público.

El presidente del club, Alves, aseguró que el primer comunicado se publicó por error tras la presión de los socios conservadores, que lo acusaron de “complicidad” respecto a los ataques dirigidos a Bolsonaro.

Alves comentó que las normas del club le impedían expresar si apoyaba a Bolsonaro o a su rival de la izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, que se perfila como ganador de las elecciones de este año. Sin embargo, insistió en que Renascença estaba abierto a políticos de todos los colores y se oponía a la censura. Si los asistentes querían ridiculizar al presidente en el espectáculo de la siguiente semana, estaban en su derecho democrático: “Estaremos ahí para escuchar la voz del pueblo”.

Cuatro días después, en la tarde del lunes, se intensificó la seguridad mientras la gente inundaba el patio rectangular del club para enviar un mensaje desafiante a Bolsonaro y a la junta directiva.

Su ropa denotaba poco afecto hacia el líder de la derecha brasileña. Un asistente llevaba una playera que tenía las iniciales del Ejército Zapatista de Liberación Nacional de México; otro, una gorra que rendía homenaje al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil. Un tercero llevaba una camiseta roja con el lema “Make Brazil 2002 again“, en referencia al año de la histórica primera elección de Lula.

La oposición al régimen de Bolsonaro suena a  samba - lula
La camiseta de un asistente hace referencia al año de la primera elección de Lula. Foto: Francisco Proner/Agence Vu’ para The Guardian

Los miembros de la banda también se unieron a la manifestación, luciendo playeras con retratos caleidoscópicos de Lula y la frase: “Nunca detendrán la llegada de la primavera”.

Mientras su grupo calentaba, Moacyr Luz, el célebre sambista que lidera la banda Samba do Trabalhador, dijo que se quería librar de un presidente que arruinó la reputación internacional de Brasil y que machacó la cultura negra. “Brasil ya no puede soportar esto”, se quejó Luz mientras bebía un Aperol spritz al final de la tarde. “Bolsonaro está humillando a Brasil”.

La oposición al régimen de Bolsonaro suena a  samba - moacyr
Moacyr Luz, de 63 años, uno de los sambistas más célebres de Brasil, en el Renascença Clube. Foto: Francisco Proner/Agence Vu’ para The Guardian

Dos horas más tarde, después de que la banda tocó una serie de sambas cargadas de política, estallaron los primeros gritos de “¡Fora Bolsonaro!“, seguidos de clamores de apoyo a Lula: “¡Olê, Olê, Olê, Olá, Lula, Lulaaaa!” Un grupo de contramanifestantes bolsonaristas intentó contraatacar, profiriendo insultos contra Lula, pero rápidamente quedaron ahogados.

Cayó la noche, las copas quedaron vacías, los cuerpos se arremolinaron y se extendió una bandera blanca de Fora Bolsonaro antes de que el espectáculo llegara a su clímax: una interpretación llena de emoción de Apesar De Você (A pesar de ti), un himno de la época de la dictadura que augura una explosión de júbilo público tras la caída del régimen militar. “A pesar de ti, mañana será otro día”, coreó el público mientras varios bolsonaristas disgustados miraban al suelo.

Más de 50 años después de que se escribiera esa canción, Luz expresó su optimismo de que Brasil se acercaba a un momento de euforia similar. “No debemos retroceder”, dijo el sambista. “Todo este descontento se debe a que saben que tienen los días contados”.