¿Por qué los habitantes de Tokio le dicen sayonara a la capital de Japón?
Puerta torii gigante cerca del lago Chuzenji en Nikko, en la prefectura de Tochigi. Foto: Leonid Andronov/Alamy

Cuando Kazuya Kobayashi decidió dejar Tokio para perseguir su sueño de dirigir su propio restaurante de ramen, Sano fue una elección obvia. Además de ser el hogar espiritual del cricket japonés, la ciudad ubicada en la prefectura de Tochigi es famosa por sus locales de ramen, de las cuales muchas están luchando por encontrar sucesores.

“Apareció el coronavirus, y mi esposa es vulnerable médicamente, así que me pareció el momento adecuado para mudarme”, dijo Kobayashi, que espera abrir su propio restaurante el próximo año.

Este hombre de 40 años no es el único que desea decirle sayonara a la ciudad más poblada del mundo, una megalópolis de 13.9 millones de personas cuyo PIB es mayor que el de Holanda.

La población de la capital descendió en 2021 por primera vez en más de un cuarto de siglo, con un descenso neto de 48 mil 592 habitantes con respecto al año anterior, según un reciente cálculo del gobierno metropolitano

El número de personas que buscan asesoría para iniciar una nueva vida más allá de la expansión de concreto de Tokio aumentó drásticamente el año pasado, una tendencia que, según los expertos, se vio acelerada por la pandemia de coronavirus y la llegada del trabajo remoto.

Un proyecto gubernamental lanzado en 2015 para revitalizar las regiones de Japón está rindiendo frutos, según Hiroshi Takahashi, presidente del Hometown Return Support Centre, una organización sin fines de lucro que ayuda a las personas a reubicarse desde la región de Tokio a las zonas rurales.

El año pasado, el centro registró casi 50 mil consultas de personas que esperaban mudarse del gran Tokio, más del 70% de ellas de personas menores de 50 años. La alternativa más popular fue Shizuoka -una prefectura ubicada en la costa del Pacífico a la que se puede llegar en tren bala en aproximadamente una hora-, mientras que el segundo lugar lo ocupó la prefectura de Fukuoka, a 885 kilómetros al suroeste de la capital.

Aunque las empresas japonesas acogieron el trabajo remoto con cautela, la pandemia demostró que las personas podían limitar su tiempo en la oficina y seguir siendo productivas.

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Gente en el famoso cruce ”scramble” de Shibuya, en Tokio, en enero de 2022. Foto: Kiichior Sato/AP

No obstante, según Takahashi, los posibles emigrantes de las grandes ciudades mencionan la calidad de vida, los servicios de guardería y el costo de la vida con más frecuencia que el trabajo remoto al explicar su deseo de comenzar una nueva vida en las regiones.

Los cambios en la economía japonesa han alentado a un mayor número de personas a dejar la capital, explicó. “Durante los años de la posguerra, la gente soñaba con vivir en Tokio”, comentó. “Japón logró su transformación económica, pero en los 30 años que han pasado desde que se rompió la burbuja, la vida es más incierta y Tokio ha perdido parte de su atractivo. Ahora hay más personas que sueñan con irse”.

Takahashi cree que la tendencia del “adiós Tokio” continuará mucho después de que la pandemia haya terminado. “En el pasado, el trabajo era lo único que importaba, pero ahora las familias también piensan en su entorno vital. Cambiaron los valores de las personas”.

Una reciente encuesta de la Oficina del Gabinete respalda este punto de vista, ya que reveló que a casi la mitad de los veinteañeros que viven en el centro de Tokio les interesaba mudarse.

Sano ha aprovechado su asociación con la comida reconfortante favorita de Japón para atraer a futuros chefs como Kobayashi. Hace dos años, inició un “proyecto de migración para el ramen” que ofrece capacitación en todos los aspectos, desde la elaboración de los fideos hasta la administración y la contabilidad. El gobierno local también ofrece ayuda financiera y ayuda a emparejar a los chefs recién cualificados con los establecimientos que venden ramen.

“Trabajé en cocinas de restaurantes en Tokio y siempre quise tener mi propio local, así que cuando vi el proyecto del ramen en la televisión decidí postularme”, dijo Kobayashi, de 40 años, cuya esposa está esperando su primer hijo. “Pasé 15 años en Tokio y me gustaba estar ahí, pero el costo de la vida es mucho más bajo aquí y la gente viene de todas partes para comer el ramen de Sano, así que tiene sentido desde el punto de vista económico”.

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El santuario de Nikko en la prefectura de Tochigi, patrimonio mundial de la Unesco, en 2013. Foto: Christian Kober/Alamy

Sano comenzó a ofrecer incentivos a los nuevos residentes en un intento de detener la despoblación, según Mitsuru Ozeki, funcionario del departamento de emigración de la ciudad.

“Queríamos encontrar una forma de diferenciar a Sano de otros lugares y su conexión con el ramen era la forma obvia de hacerlo”, comentó Ozeki. “Ofrecemos incentivos a los jóvenes para que compren casas aquí, y hay otras ventajas económicas. Las rentas son bajas, el aire es limpio y la comida es deliciosa”.

El pasado mes de abril, Gakuto Nishimura, un nativo de Tokio, renunció a su trabajo en el sector de la venta de celulares y se fue al paraíso montañoso de Chichibu, una ciudad de 60 mil habitantes ubicada a dos horas en carro de Tokio.

“Había estado pensando en cambiar de trabajo, y la pandemia me llevó a tomar una decisión”, dijo Nishimura, cuyo interés en Chichibu surgió por sus apariciones en películas de anime.

Los funcionarios de Chichibu señalan que están recibiendo un número cada vez mayor de preguntas de los jóvenes. Para animarlos a dar el paso, la ciudad proporciona dinero para renovar las casas desocupadas o para comprar un carro, y la oportunidad de vivir en una casa local hasta durante una semana para conocer cómo es la vida ahí.

Nishimura, de 24 años, ahora organiza eventos orientados a otros habitantes de Tokio que piensan en hacer lo mismo.

“Les hablo sobre la naturaleza de aquí, y sobre las bajas rentas, pero también sobre lo mucho más sencillo que es mudarse en la actualidad para los jóvenes, ya que muchos de ellos tienen trabajos que pueden realizar a distancia”, comentó Nishimura, cuyo departamento es significativamente más grande, y más económico, que su antiguo hogar en Tokio.

“No me arrepiento de haber dejado Tokio y, aunque es mi ciudad natal, no tengo intención de regresar”.

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