‘Nos dijeron que nuestros hermanos estaban muertos’: La tribu perdida de Chile reclama su identidad
Tierra del Fuego, la remota isla sudamericana ahora dividida entre Chile y Argentina, fue el hogar de pueblos como los selk'nam durante 10 mil años. Foto: Age Fotostock/Alamy

Uno de los recuerdos más antiguos de la infancia de José Vásquez Chogue es el de su abuelo en la puerta de su casa en la capital chilena, Santiago, observando el cielo nocturno. “Siempre miraba hacia el sur”, recuerda Vásquez. “Me señalaba la Cruz del Sur y me enseñaba las estrellas que representan a nuestros antepasados”.

El anciano creció en una isla helada y remota de la Patagonia y era miembro de la tribu Selk’nam. Sin embargo, los libros de historia chilenos habían declarado a este pueblo como extinto. Cuando José, cautivado por las exposiciones antropológicas del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, intentó explicar su linaje a un miembro del personal, se encontró con la burla. “Le dije que era mi pueblo, pero no me creyó. En la escuela nos enseñaron que todos nuestros hermanos estaban muertos”.

La nueva redacción de la Constitución chilena creó la oportunidad de corregir los libros de historia. Después de que Vásquez realizara una vehemente intervención en la convención constitucional celebrada en agosto, el gobierno liberó fondos para llevar a cabo un estudio antropológico, historiográfico y arqueológico sobre los selk’nam. Los resultados de ese estudio, publicados a principios de este mes, reconocen la existencia del pueblo y piden su reconocimiento legal.

“El pueblo selk’nam no está extinto, se encuentra en un proceso de reapropiación y recreación cultural, y tiene derecho a reconstruir su propia memoria [histórica]”, dijo Karla Rubilar, ministra de Desarrollo Social.

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Personas de la tribu Selk’nam vistiendo pieles, alrededor de 1890-1900. Foto: Hulton Archive/Getty Images

Si, en los próximos meses, el gobierno de Gabriel Boric reconoce legalmente a los selk’nam, ellos podrían ser elegibles para obtener tierras y representación legislativa. Pero lo más importante para Vásquez sería el reconocimiento de los crímenes cometidos contra sus antepasados.

“Es importante que la historia de nuestro pueblo y la verdad salgan a la luz, para que la gente sepa lo que les ocurrió a los selk’nam y a los demás pueblos indígenas de Chile”, comenta.

Cuando Fernando de Magallanes rodeó el extremo sur de Sudamérica en 1520, fueron las hogueras de las tribus indígenas, que ardían en las laderas, las que le otorgaron a la región su nombre: Tierra del Fuego. La isla principal -actualmente dividida entre Chile y Argentina- y el archipiélago circundante estaban habitados desde hacía más de 10 mil años por poblaciones de cazadores-recolectores que se alimentaban de mariscos, bayas y guanacos, una especie emparentada con la llama.

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José Vásquez: ‘Es importante que la historia de nuestro pueblo y la verdad salgan a la luz’. Foto: Alberto Valdés/EPA

La posterior exploración europea dejó un legado de sombríos nombres de lugares -Puerto Hambre, Bahía Inútil, Paso Tortuoso-, sin embargo, los recién llegados tuvieron un contacto limitado con los indígenas.

En noviembre de 1886, Ramón Lista, un explorador argentino, desembarcó en las costas azotadas por el viento y la esterilidad de la bahía de San Sebastián, en Tierra del Fuego. Según su propio relato, al carecer de recursos para hacerlos prisioneros, ordenó a los soldados que lo acompañaban que fusilaran a los 28 selk’nam, incluyendo mujeres y niños, que encontraron en el lugar.

En los 40 años siguientes, los ganaderos y mineros argentinos y chilenos exterminaron a miles de selk’nam, enviaron a otros a zoológicos humanos alemanes y a muchos más a misiones cristianas salesianas, en las que con frecuencia sucumbían a las enfermedades. El último selk’nam de pura sangre conocido murió en 1974.

En el lado argentino de Tierra del Fuego, los selk’nam del linaje materno son reconocidos por ley desde 1994 y se les proporcionan 36 mil hectáreas como tierras ancestrales. El año pasado, el 25 de noviembre -aniversario de la masacre perpetrada por Lista- fue reconocido como el Día del Genocidio Selk’nam y las banderas ondearon a media asta.

“El Estado argentino llegó a exterminar, fue un genocidio y ahora es un día de luto”, explica Vanina Ojeda, una selk’nam que ahora es secretaria de Pueblos Originarios por Tierra del Fuego. “Durante años el Estado intentó invisibilizar los crímenes del pasado, ahora tiene el deber de la reparación histórica”.
En 1993 Chile promulgó su ley indígena, reconociendo a ocho pueblos, entre ellos los mapuches -que constituyen el 12% de la población chilena- y los rapanui de la isla de Pascua. En algunos casos se han ofrecido títulos de propiedad y una limitada representación legislativa, no obstante, la continua expansión de proyectos de explotación de madera, minería y agricultura -combinada con la mano dura de la policía- ha conducido al aumento de las tensiones sociales en el sur del país.

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Una mujer observa un cuadro que representa a miembros del pueblo selk’nam en Santiago, Chile, en febrero. Foto: Alberto Valdés/EPA

Las banderas mapuches fueron un símbolo destacado de los movimientos de protesta de 2019 en Chile, que se concentraron en torno al objetivo de cambiar la Constitución.

En el censo de Chile realizado en 2017, mil 144 encuestados se autoidentificaron como selk’nam, sin embargo, se encontraban dispersos por todo el país. En 2018 Vásquez asistió a un evento cultural para los selk’nam que había visto publicado en Facebook. “Nos abrazamos y lloramos porque era la primera vez que nos reuníamos con gente de nuestra comunidad, con nuestros hermanos y hermanas”, comenta.
Con la ayuda de la comunidad pudo recopilar más detalles de la vida de su abuelo, Carmelo Chogue, que pasó su infancia en la misión salesiana de Isla Dawson, una isla remota tan inhóspita que posteriormente fue utilizada para recluir a los presos políticos durante la dictadura de Pinochet.

En octubre de 2020, Vásquez pudo visitar Tierra del Fuego por primera vez. Cuando cruzó el Estrecho de Magallanes, lo invadió el sentimiento.

“Vi la tierra de dónde venía mi padre, vi la Isla Dawson y cuando bajé de la embarcación lo primero que hice fue tomar un puñado de tierra y agarrarlo fuertemente con la mano. Después empecé a llorar y a llorar”.

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