¿Podemos confiar en que los productos de belleza son seguros?
'La traición resulta tan difícil de entender'… una imagen de Not So Pretty. Foto: HBO

El cabello de Ayesha Malik fue alguna vez muy exuberante -brillante, con rizos dignos de una película de Disney- que tuvo que demostrar en YouTube que no usaba peluca ni rizador. En aquel entonces, Malik era una devota de DevaCurl, una línea de productos diseñados específicamente para el cabello rizado, algo que le resultaba difícil de conseguir en su ciudad natal, Anchorage en Alaska. Malik primero promocionó DevaCurl como fan -le atribuyó a la empresa la transformación de su relación con su cabello- y después como influencer. Sin embargo, en enero de 2019, tras casi seis años de uso de los productos DevaCurl, algo estaba mal. Su cabello lucía quebradizo y quemado. Los rizos se alisaron. Su cuero cabelludo picaba muchísimo y comenzó a perder mechones de cabello al bañarse. Desarrolló tinnitus y ansiedad constantes, luchó contra la pérdida de memoria y el retraso del habla, y se retiró de su trabajo en las redes sociales.

Aunque había recibido varios mensajes directos preocupados de seguidores que experimentaban daños similares en el cabello, no fue hasta que se unió a un grupo de Facebook más tarde ese verano que admitió que el culpable podrían ser sus queridos productos capilares. El grupo, Hair Damage & Hair Loss from DevaCurl – You’re not CRAZY or ALONE, creado por la estilista de Orlando Stephanie Mero, contaba en ese momento con 3 mil miembros que experimentaban daños similares que atribuían a DevaCurl. (El grupo ahora cuenta con casi 60 mil miembros). Malik leyó las publicaciones y lloró con reconocimiento y horror, aunque “todavía me costó unos meses procesarlo, porque todavía estaba en negación”, comentó a The Guardian. Se sintió como si hubiera estado en una relación a largo plazo con la marca. “La traición resulta tan difícil de entender”, dijo. “¿Por qué me harías daño? Se supone que eres todo lo contrario”.

La experiencia de Malik con DevaCurl es uno de los relatos de advertencia de Not So Pretty, una nueva serie documental de HBO Max realizada por los cineastas de investigación Amy Ziering y Kirby Dick, conocidos por los documentales sobre abusos sexuales On the Record y Allen v Farrow, sobre los productos químicos tóxicos utilizados en la industria cosmética y la laxa regulación, la falta de supervisión y los grupos de presión empresariales que permiten la exposición rutinaria de los consumidores estadounidenses a sustancias peligrosas. La serie, narrada por la actriz Keke Palmer, está compuesta por cuatro episodios de media hora, breves pero extensos, sobre diferentes aspectos de la multimillonaria industria de la belleza.

El episodio sobre el cabello incluye a Malik, Mero y otras personas con daños en el cabello que ellas creen están relacionados con DevaCurl, así como un estudio sobre los estándares de belleza eurocéntricos y la discriminación que ha fomentado la comercialización de peligrosos productos relajantes del cabello para las mujeres afroamericanas durante décadas. Nails explora los graves riesgos de salud a los que se enfrentan los empleados de los salones de belleza, que en su mayoría son inmigrantes y personas de color. El capítulo sobre el cuidado de la piel investiga los productos y envases de plástico con compuestos PFAS, también conocidos como “sustancias químicas eternas”, vinculados al cáncer, los defectos de nacimiento, las enfermedades hepáticas, las enfermedades de la tiroides, la disminución de la inmunidad, la alteración hormonal y otros problemas de salud. El episodio de maquillaje abarca problemas similares en los cosméticos, centrándose especialmente en la evidencia de que Johnson & Johnson sabía que sus polvos de talco para bebés contenían asbesto desde mediados de la década de 1970 (la empresa, enfrentándose a miles de demandas, retiró el producto en América del Norte en 2020).

Existe un tema común en los cuatro capítulos: los productos de cuidado personal que consumimos, muchas veces sin pensar y bajo la suposición de que existe una cierta fricción reguladora antes de que algo esté en los estantes de las tiendas, no son tan seguros como se cree. (Esto es válido no solo para los cosméticos, la serie Toxic America de The Guardian ha encontrado sustancias químicas nocivas en todo, desde los alimentos hasta los juguetes de los niños, pasando por las cajas de pizza y el agua de la llave). “Muchas de las cosas que nos ponemos en el cuerpo ni siquiera pensamos en preguntar, o siquiera pensar que nos corresponde cuestionarlas”, dijo Ziering. “Simplemente forma parte de nuestra cultura, el simple hecho de comprar cosas”.

Los productos de cuidado personal -champú y acondicionadores de uso diario, esmalte de uñas, cremas humectantes, perfumes, etc.- tienen una regulación particularmente laxa en Estados Unidos. Mientras que la Unión Europea ha prohibido o restringido más de mil 300 sustancias químicas solo en los cosméticos, Estados Unidos solo ha prohibido 11 ingredientes tóxicos. En la actualidad no existe ningún requisito legal para que los fabricantes de cosméticos prueben sus productos antes de venderlos a los consumidores. Si los consumidores resultan perjudicados, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), el organismo regulador que supuestamente protege a los consumidores, no puede hacer mucho; la debilitada agencia solo puede pedir la empresa que retire los productos del mercado de forma voluntaria.

“Prácticamente todos los productos químicos de cualquier otro sector tienen algún tipo de supervisión, pero en el caso de los cosméticos prácticamente no hay alguna”, señaló Dick. “Nos sorprendió ver que algo que era tan común, tan ubicuo, que todo el mundo utiliza, no tuviera prácticamente ninguna regulación. Y eso significa que los consumidores tienen que ser conscientes”.

Se alega que el cabello y la salud de Malik resultaron dañados por los ingredientes presentes en los productos DevaCurl, los cuales liberaban formaldehído, un conocido carcinógeno humano prohibido en los cosméticos que se venden en la Unión Europea, pero que todavía se encuentra en los relajantes para el cabello y el esmalte de uñas. (La empresa ha sostenido que sus productos son seguros y que la pérdida de cabello y otros daños pueden ser atribuidos a otros factores. De acuerdo con un comunicado dado a los realizadores del documental: “no hemos visto ni un solo historial médico, prueba de laboratorio o diagnóstico por parte de un médico o profesional científico que respalde las afirmaciones hechas en este programa de televisión”). Los directores del documental descubrieron que la FDA había recibido más de mil 500 informes sobre los daños causados por DevaCurl, desde la pérdida de cabello hasta las migrañas y las úlceras, sin embargo, la agencia no pudo ordenar la retirada del producto. Desde entonces, la empresa reformuló sus productos.

No te pierdas:
¿Podemos confiar en que los productos de belleza son seguros? - not-so-pretty-hbo-1280x768
Foto: HBO

Aunque la FDA exige que los cosméticos cuenten con una “declaración de ingredientes”, las sustancias químicas tóxicas pueden seguir acechando en los productos comúnmente utilizados. Las fórmulas de los perfumes, por ejemplo, son consideradas un “secreto comercial” y, por lo tanto, quedan protegidas de la divulgación a los reguladores o a los fabricantes, lo que significa que las 4 mil sustancias químicas utilizadas en la actualidad para perfumar los productos en Estados Unidos -de las cuales algunas causan irritación, alteraciones del sistema endocrino o están vinculadas al cáncer- nunca llegan a figurar en la etiqueta. Un estudio realizado en 2019 por la química industrial Ladan Khandel sobre el esmalte de uñas en gel, realizado cuando era estudiante de maestría en salud ambiental en la Universidad de California, Berkeley, halló ingredientes peligrosos que no son revelados en las fichas técnicas de seguridad exigidas por la ley de California.

Entre esos productos químicos figuraban el formaldehído, el benceno, el tolueno y el metacrilato de metilo, “todos ellos bastante tóxicos y que sin duda deberían ser divulgados en caso de que estuvieran en la fórmula original del producto”, señaló Khandel, que aparece en el segundo episodio y dirige una cuenta de Instagram dedicada a la toxicología de la belleza. “La gente realmente necesita saber a qué está siendo expuesta, y las fichas técnicas de seguridad tienen que mostrarlo“, añadió. “Debería recaer en los fabricantes la responsabilidad de demostrar que sus productos son seguros antes de que salgan al mercado”.

Ziering también hace recaer la responsabilidad en las empresas para garantizar la seguridad de sus productos, algo que no se encuentra en los dos últimos episodios, que exploran décadas de acusaciones contra Johnson & Johnson, las sustancias químicas producidas por Exxon Mobil en productos de belleza y envases, y los esfuerzos de los grupos de presión para debilitar la protección de los consumidores. “Somos un país de corporaciones multinacionales que desfila como una democracia”, dijo Ziering. “Estamos sufriendo por la falta de liderazgo ético al frente de estas corporaciones, y por la falta de una ideología que implique que tengan imperativos éticos”.

“No les interesa [a las empresas], en la mayoría de los casos, lanzarse a solucionar el problema”, añadió Dick. “Normalmente la solución es ignorarlo y esperar que desaparezca”.

Esa parecía ser la estrategia de DevaCurl, sin embargo, el daño no ha desaparecido para Malik. Aunque su salud capilar ha mejorado, todavía tiene problemas de tinnitus, ansiedad e irritación del cuero cabelludo. El daño la llevó a “desintoxicar completamente mi vida porque no confío en ninguna marca estadounidense, independientemente de cuál sea“, comentó.

Not So Pretty termina cada capítulo con una sección didáctica de este tipo: lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer en cada sector, desde las aplicaciones que investigan los ingredientes de tus productos domésticos hasta la aprobación del paquete Safer Beauty Bill, una serie de propuestas de ley para prohibir ciertas sustancias químicas en los cosméticos, como los PFAS, los ftalatos y el formaldehído, y exigir más transparencia respecto a los ingredientes.

Pero por ahora, la responsabilidad sigue recayendo principalmente en el consumidor. “Tienes poder como consumidor”, dijo Ziering. “No somos impotentes, y donde pongas tu dinero es donde las empresas seguirán tu camino. Tienen que hacerlo. Así que compra con sabiduría, y compra de forma reflexiva”.

Not So Pretty ya está disponible en HBO Max, con fecha de estreno en el Reino Unido aún por anunciar.