‘Los talibanes saben que nos necesitan’: los hospitales afganos dirigidos por mujeres
Zeba Ghorband, que ya es madre de cinco hijos, acuna a su hijo recién nacido –que nació prematuramente, pero está sano a los siete meses– mientras la partera Mariam Mohammedi le realiza chequeos. Foto: Stefanie Glinski/The Guardian

Pocos lugares en Afganistán están dirigidos por mujeres. La vida pública y los negocios están dominados por los hombres y, desde la toma del poder por parte de los talibanes, han desaparecido aún más las mujeres de la vista pública. Mientras algunas comentan que se encuentran atrapadas en estructuras sociales conservadoras que rara vez les permiten tomar el control, otras temen las nuevas y severas normas, la prohibición de viajar y de estudiar.

Sin embargo, detrás de las paredes de varios hospitales gestionados por mujeres en la ciudad de Kabul, existe una realidad diferente: aquí, las mujeres salvan vidas todos los días, ofrecen consejos matrimoniales, cuidan y adoptan niños abandonados. Muchas de las doctoras y enfermeras que trabajan aquí han criado a niños y con frecuencia son el único sustento económico de sus familias. Y todas coinciden: las cosas funcionan mejor cuando las mujeres dirigen la situación.

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La Dra. Mariam Maqsoodi explica que se las arregla para compaginar su trabajo con el cuidado de sus cuatro hijos en su hogar porque le encanta su trabajo.

“En realidad, antes de que los talibanes tomaran el poder, teníamos algunos hombres trabajando aquí, pero como se trata principalmente de un hospital de maternidad, los echaron. Actualmente, las mujeres trabajan para las mujeres”, explica Jagona Faizli, ginecóloga, a The Guardian. Es una madre de “tres hermosas hijas” cuyo esposo se queda en casa y cubre sus turnos nocturnos habituales.

“Él es el hombre más fuerte que he conocido, porque lucha contra las normas de la sociedad aquí”, comenta. “Nos casamos por amor y lo volvería a elegir cualquier día”.

Faizli, de 31 años, dice que su puesto en el hospital le ha brindado la oportunidad de hablar abiertamente y de conocer bien tanto a sus pacientes como al personal.

“No hay ningún hombre al cual atender, por eso me siento libre en este hospital. Muchas de las mujeres que vienen aquí me cuentan sus dificultades matrimoniales. Intento aconsejarlas y asesorarlas; intento ayudar en lo que puedo”.

Eso no es todo lo que hacen las mujeres. Mariam Maqsoodi, una doctora residente de 29 años, comenta que tras el aumento de recién nacidos abandonados en el hospital –probablemente debido a la crisis económica de Afganistán– crearon un “comité de adopción” para garantizar que los bebés sean atendidos.

“Registramos a las familias que no pueden tener hijos y que les gustaría adoptar, y si no podemos encontrar una familia para los bebés, uno de nuestros empleados suele adoptar“, explica, y añade: “Es triste. Hace poco tuvimos un niño cuya madre murió al dar a luz, y su padre huyó sin llevárselo a casa. Nos aseguramos de que cada niño reciba atención”.

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La Dra. Ghazanfar Shaharbanu hace su ronda en un hospital de maternidad en Kabul, donde dirige una sala de cuidados neonatales. Foto: Stefanie Glinski/The Guardian

Hasta 100 niños al día nacen en el hospital donde trabaja Maqsoodi –las doctoras pidieron que se omitiera el nombre de la clínica por motivos de seguridad– y al menos 140 mujeres del personal se encargan de todas las operaciones.

“Yo misma tengo cuatro hijos y los extraño durante el día, pero les digo que tengo que hacer un trabajo importante. Cuando los talibanes tomaron el poder, 12 de los doctores de nuestro hospital abandonaron el país”.

“Todos teníamos miedo y la mayoría de nosotras queríamos irnos”, añade Maqsoodi, “pero todavía estamos aquí salvando vidas”.

Ha sido difícil. Las mujeres comentan que se sienten presionadas por los talibanes. Tras la toma del poder por parte de los islamistas en agosto, muchas de las doctoras se quedaron en casa durante semanas, demasiado asustadas como para ir a trabajar. Poco a poco, la mayoría de ellas regresaron a sus trabajos. “Seguimos presionando”, dice Faizli. “Incluso los talibanes saben que nos necesitan”.

Los lugares dirigidos por mujeres ahora son incluso menos frecuentes en un país dirigido por un gobierno exclusivamente masculino, que ha retirado a las mujeres de los cargos públicos desde agosto y sigue prohibiendo que las niñas mayores reciban educación.

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Un momento de tranquilidad para Negina, de 26 años, y su segundo hijo recién nacido, un niño llamado Yasser.

Mientras los talibanes se esfuerzan por establecer un gobierno que funcione, las críticas contra los nuevos dirigentes afganos son generalizadas. La organización Human Rights Watch los acusa de imponer políticas que violan los derechos y que crean grandes obstáculos para las mujeres.

Durante los meses que han transcurrido desde la toma del poder por parte de los talibanes –y la consiguiente congelación de las reservas del banco central afgano en el extranjero–, los doctores y el resto del personal de salud de todo el país no han recibido sus salarios a pesar de que han estado trabajando a tiempo completo.

Hace poco, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) se encargó del pago de los salarios de miles de miembros del personal de salud –hombres y mujeres– en todo Afganistán.

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Estudiantes de obstetricia aprenden de una profesora de ginecología, Nasina Frutan, durante una clase en Kabul. Foto: Stefanie Glinski/The Guardian

Eloi Fillion, jefe de la delegación del CICR en Afganistán, comenta: “En los últimos meses hemos visto cuán dedicado y valiente ha sido el personal de salud femenino que se presenta y hace todo lo que puede para salvar vidas todos los días, a pesar de no recibir un salario, de tener que viajar largas distancias, de trabajar en instalaciones de salud que tienen dificultades para funcionar”.

“Las mujeres son fundamentales para garantizar que el sistema de salud siga funcionando. Sin ellas, el sistema de salud simplemente no funcionaría”.

No obstante, muchas mujeres que trabajan en el sector salud comentan que su futuro es incierto. “La mayoría de las niñas de Kabul todavía no van a la secundaria, así que ¿qué oportunidades tendrán mis hijas aquí?”, dice Faizli, y añade: “Afganistán ya no es un lugar en el que pueda imaginar un futuro para mis hijos“.

“Estamos dirigiendo las cosas en este hospital, y podríamos hacerlo en cualquier parte. Somos líderes, incluyendo a las futuras líderes de este país”.

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