Periodista español detenido en Polonia como sospechoso de espionaje prorruso
Políticos realizan una concentración en apoyo a Pablo González en Madrid. Foto: Europa Press News/Getty Images

Un periodista independiente de España cumple su décima semana bajo custodia en Polonia, mientras los fiscales de ese país investigan lo que, según afirman, es un caso de espionaje relacionado con la invasión de Rusia contra Ucrania.

En un caso que enciende alarmas sobre la libertad de prensa en Europa en tiempos de guerra, se espera que la próxima semana los fiscales soliciten al juez una nueva prórroga de tres meses del periodo de detención de Pablo González, que ha trabajado como periodista independiente para medios como el canal de televisión español La Sexta, la agencia de noticias estatal española EFE y la emisora Voz de América, financiada por el gobierno estadounidense.

La solicitud de los fiscales debe ser presentada antes del 15 de mayo, dos semanas antes de que expire su actual orden de detención de tres meses. De acuerdo con la legislación polaca, González puede permanecer detenido hasta que sea juzgado, un proceso que, según explican los abogados, podría durar fácilmente más de un año.

Las autoridades polacas sostienen que es un agente del infame servicio de inteligencia militar ruso GRU (Departamento Central de Inteligencia).

“Llevó a cabo operaciones para beneficio de Rusia, obteniendo ganancias de su condición de periodista, que le permitía viajar libremente por todo el mundo y Europa, incluidas las zonas de conflicto militar”, según indicó un vocero del ministro coordinador de los servicios especiales de Polonia.

“Se han obtenido numerosas pruebas, que ahora son objeto de un análisis detallado”, dijo el vocero, añadiendo que González se enfrenta a 10 años de cárcel por participar en “actividades de servicios de inteligencia extranjeros contra la República de Polonia”.

Amigos y familiares aseguran que las acusaciones son absurdas y exigen que González sea juzgado o puesto en libertad de inmediato. “No tengo ninguna duda de que no es un espía“, comentó Juan Teixeira, un periodista español que ha viajado con él a muchos países durante más de 12 años.

González, que nació en Rusia y tiene la doble nacionalidad española y rusa, fue detenido después de que agentes de la Agencia de Seguridad Interior de Polonia (ABW) tocaran la puerta de su hotel en la ciudad fronteriza de Przemyśl poco después de la medianoche del 27 de febrero.

El periodista cubría la crisis de los refugiados y también tenía previsto informar desde el lado ucraniano de la frontera.

El abogado polaco de González, Bartosz Rogała, señaló que el periodista se encontraba bien y que lo había visitado el cónsul español.

Su esposa, Oihana Goiriena, se quejó de que el envío de cartas y paquetes familiares se había retrasado o que no los habían entregado. “Incluyen dibujos de sus hijos”, dijo a The Guardian.

Goiriena comentó que su esposo realizaba visitas periódicas para ver a su padre en Rusia.

Los dos pasaportes de González le otorgan nombres diferentes. Su pasaporte ruso lleva el apellido de su padre, Rubtsov y Pavlov, la versión rusa de Pablo, mientras que su pasaporte español lleva el apellido español de su madre, González. Sus partidarios temen que esto sea considerado como una prueba de que utilizaba un alias.

Esta confusión se debe a que sus padres se divorciaron y a que su madre se mudó a España cuando González era un niño, registrándolo con su apellido. El abuelo materno de González fue uno de los miles de niños españoles evacuados a Rusia durante la guerra civil española de 1936.

González habla ruso, estudió lenguas eslavas en la universidad y está especializado en el mundo postsoviético, reportando principalmente para medios españoles, con frecuencia pasando la mitad o una mayor parte del año fuera de su hogar en el País Vasco de España, donde viven su esposa y sus tres hijos.

En 2016, el nombre de González apareció en una lista, supuestamente elaborada por investigadores académicos, de 49 periodistas, políticos y activistas españoles cuyos comentarios publicados en Twitter eran considerados “prorrusos”.

“Como alguien que trabaja en el terreno en Ucrania… eso es algo preocupante“, dijo en aquel momento.

Comenzó a tener problemas para reportar a principios de febrero, semanas antes de la invasión que comenzó el 24 de febrero, cuando las autoridades ucranianas lo interrogaron mientras esperaba un enlace en vivo con La Sexta con posiciones militares detrás de él.

Le dijeron que se presentara ante el servicio de inteligencia ucraniano en Kiev, donde le aconsejaron que abandonara el país, aunque no lo expulsaron formalmente.

González buscó asesoría en el consulado español y posteriormente se marchó a Polonia. Pocos días después, agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) visitaron la casa de la familia, cerca de la ciudad de Guernica, e interrogaron a su esposa.

“No hubo nada agresivo y no entraron a la casa”, explicó. “Sugirieron que podría ser prorruso. En realidad no sé qué significa eso, después de todo un ciudadano ruso puede ser tanto prorruso como antiPutin”.

Cuando González tuvo conocimiento de la visita, regresó a España. Sin embargo, cuando comenzó la guerra, se marchó inmediatamente a Polonia. “Él es periodista. Así es como se gana la vida”, dijo Goiriena. Sus amigos comentaron que él también creía que Ucrania le permitiría regresar.

La organización de periodistas Reporteros sin Fronteras, con sede en París, vigila con atención el caso.

Las autoridades polacas deben ser más transparentes respecto a las pruebas que tienen contra él, porque hasta ahora la información es escasa y detener a un periodista durante meses sin juzgarlo es algo muy grave”, señaló un vocero.

“Es necesario que se respeten los derechos fundamentales de Pablo González en Polonia, una democracia de la Unión Europea”.

González pasó su cumpleaños número 40 en la cárcel el mes pasado.

Rogała, el abogado de González, indicó que pediría al tribunal la liberación de su cliente sin cargos o, al menos, su libertad bajo fianza la próxima semana. Las audiencias se llevarán a cabo a puerta cerrada.